
«La teoría de la pinza cobra fuerza, y es que PSOE y Vox podrían unir sus votos otra vez para impedir la investidura de Mañueco, no por afinidad, sino por puro cálculo táctico»
Mañueco no me gusta ni un pelo, punto uno, pero llega a las urnas con la solidez de quien se conoce el cotarro. Aunque las encuestas de chichinabo intenten generar ruido, la realidad es que el PP mantiene un voto fiel que roza el 34%, presentándose como el único dique de contención frente a los líos de los demás. Mientras tanto, el PSOE de Carlos Martínez no arranca; la tendencia a la baja es evidente y el candidato, a pesar de su perfil municipalista, no tira y no moviliza ni a los desganados, ni a los avergonzados, pues solo lidera a una especie de compost apestoso y fragmentado. Entre cortitos de mente y estómagos agradecidos, o gente coherente a su modo, esperemos que sean los últimos los que quedándose en su casa, nos hagan la labor. El lastre de Sánchez y una falta de proyecto claro para el mundo rural, es crucial, mientras que Mañueco parece que será capaz de volver a capitalizar pírricamente al voto cautivo pepero del cual dicen, que hay restos hasta en Atapuerca.
Sin embargo, el peligro no viene por la izquierda, sino por las reses bravas y su anabolizante campaña. Un Vox en plena crisis de identidad, desangrado por las purgas internas con una evidente falta de cuadros, es posible que se vea tentado a jugarse al «todo o nada« su histriónico protagonismo. La teoría de la pinza cobra fuerza, y es que PSOE y Vox podrían unir sus votos otra vez para impedir la investidura de Mañueco, no por afinidad, sino por puro cálculo táctico. A los socialistas les interesa que Castilla y León sea un caos para desgastar a Génova, y a los de Abascal les urge demostrar que pueden ser el jodido perro del hortelano del PP.

Pero…, sin paños calientes: El objetivo real de este enjuague es Andalucía: quieren forzar un pacto traumático o una parálisis total en la Junta justo antes de que se convoquen las andaluzas de este 2026, usando a los castellanos y leoneses como moneda de cambio para el tablero nacional, igual que están haciendo con los extremeños y harán con los aragoneses.
Los plazos legales son tremendos. Tras el recuento del domingo, el PP tendrá que manejar los tiempos con maestría. Si la «pinza» se materializa, Mañueco tiene hasta mayo para desactivar el bloqueo antes de que la sombra de la repetición electoral sea inevitable. El PP se juega demostrar que puede gobernar con solvencia sin dejarse chantajear por un Vox que en su desesperación, parece dispuesto a votar lo mismo que la izquierda con tal de no ser irrelevante pese a vivir momentos gloriosos electoralmente. Con el ruido de escándalos preelectorales ya disipándose y una participación que castigará a los liantes del PSOE pero no a VOX, Castilla y León decidirá este domingo si apuesta por la estabilidad de un PP castellanoleonés más sobado que el cabestrillo de la Santaolalla, o si se entrega al espectáculo del bloqueo orquestado desde fuera por el dúo sacapuntas.
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Feliz día de Santa Cristina.
Españistán a 13 de marzo de 2026.

