“El problema de los Idus de marzo no es cuando llegan, sino cómo terminan”
Plutarco. Historiador y filósofo griego. (Siglo I d. C.)

«Antes del trágico asesinato de Julio César, los Idus de marzo y días próximos a él, eran solemnes, celebrados con alegría y júbilo»
Hombre de gran personalidad, resolutivo, ambicioso e impulsivo, Cayo Julio César (100 a. C.-44 a. C.) ha pasado a la historia como uno de los personajes más destacados en la historia de Occidente gracias a sus logros militares, el establecimiento de una buena gestión administrativa y política, así como la promoción de la cultura helena en la Roma republicana que abriría las puertas a uno de los periodos más fascinantes de nuestra historia, el Imperio romano.
Nacido en el seno de una rica familia romana, muy interesados en demostrar la procedencia “divina” de su estirpe, desde muy joven demostró un gran interés por las Letras y el conocimiento, cosechando una excelsa cultura que le permitió ser un magnífico orador y escribir obras sobre los pueblos germanos, trabajos sobre filosofía o lingüística e interesantes descripciones geográficas sobre territorios de Europa. Una de sus obras más célebres es De Bello Civili en la que, con una extraordinaria narración describe la Segunda Guerra Civil en Roma con un gran dominio de la lengua, disciplina por la que sentía, junto a la filosofía, gran interés.

Sus buenas dotes en el arte de la oratoria fueron decisivas para el ascenso en su carrera política; supo convencer al pueblo, al que consideraba indispensable para su triunfo, y se convirtió en un hombre influyente que supo presentar perspectivas sugerentes para alcanzar la victoria.
Como cualquier persona con fuerte carácter, ideas claras y firmes convicciones, tenía seguidores y a la vez enemigos, sin embargo, su magnetismo, su magnífica capacidad como estratega y la seguridad y confianza en sí mismo ante cualquier circunstancia con la que no estaba de acuerdo, le llevarían a personificar la transformación de Roma, cuya situación necesitaba un cambio relevante que acabara con la difícil situación que atravesaba.
En este contexto, el poder que habían adquirido algunos militares influyentes debilitó a las instituciones del Estado como el Senado, que veía disminuido su poder; el dominio y la autoridad que habían adquirido figuras con gran ambición personal, como Pompeyo (106 a.C.- 48 a. C.), Mario (157 a. C- 86 a. C), Sila (138 a. C.-78 a. C) y Craso (114 a.C.-53 a. C.) traería importantes desequilibrios. En estas circunstancias se alzó la figura de Julio César como un personaje decisivo para reformar las instituciones y la sociedad romanas. Pronto ocupó cargos importantes, tanto políticos como religiosos, que le proporcionaron gran influencia.

Su habilidad e inteligencia le llevaron a establecer alianzas que serían decisivas para su carrera; en el 60 a. C. se alió con Pompeyo y Craso formando el Primer Triunvirato. En este periodo fue gobernador de La Galia donde demostró su prestigio como militar, sin embargo, existían claras rivalidades, acentuadas con la muerte de Craso, lo que despertó en Pompeyo un serio temor ante la amenaza que para él suponía sus victorias militares y su popularidad.
Por ello, Pompeyo instigó al Senado para exigir a César que volviera a Roma y abandonara su mando, ante tal imposición, César tomó su propia decisión y se atrevió a pasar el río Rubicón con sus legiones.

El río Rubicón, situado al nordeste de Italia, hacía de frontera natural y política con la Galia Cisalpina, ya provincia romana. Existía una norma por la que se establecía la estricta prohibición de cruzarla ya que hacerlo suponía una declaración de guerra abierta al Senado; se consideraba un acto de traición atravesarlo, al dividir un territorio provincial de la soberanía de Roma.
Sin embargo, César, conocedor de todo ello, se atrevió a hacerlo y según cuenta el historiador romano Suetonio (c. 70-128) fue la visión de un ser enviado por los dioses, que, arrebatando una trompeta a un legionario, la hizo sonar, lo que impulsó a César a atravesar el río pronunciando la frase histórica: “Alea iacta est” (La suerte está echada). Esto provocó una nueva guerra civil que acabaría con la derrota de Pompeyo en la Batalla de Farsalia en 48 a. C. Tras la caída del enemigo, que después del fracaso huyó a Egipto donde fue asesinado, César intervino en la política egipcia y mantuvo relaciones con Cleopatra VII (69 a. C. – 30 a. C.) con quien tuvo un hijo al que llamaron Ptolomeo César, al que conocieron como Cesarión.
Será al regresar a Roma cuando fue nombrado dictador durante once años y finalmente en 44 a. C. dictador perpetuo. Esto le otorgaba un poder absoluto que generó un gran rechazo entre los senadores.

No obstante, César llevó a cabo reformas que fueron beneficiosas para los ciudadanos y la organización del Estado, sentando las bases para el futuro; entre ellas la ampliación de la ciudadanía romana, una justa distribución de tierras, una reforma decisiva en la administración del gasto público y recaudación de impuestos y el cambio del calendario romano por el juliano, en vigor hasta el siglo XVII.
El rechazo y temor a acabar con la República y volver de nuevo a una monarquía llevaría a organizar una conspiración contra él que acabaría de manera trágica con su asesinato. El desgraciado suceso tuvo lugar en un día señalado en el calendario romano, los Idus de marzo.
En los meses de marzo, mayo, julio y octubre se celebraban en Roma los Idus el día 15, siendo el 13 para el resto de los meses del año. Era considerado como un día de buena suerte. En esos días, en agradecimiento a los dioses por las buenas cosechas, purificación y bendición de tierras, se sacrificaban ovejas y se celebraba la fiesta Anna Perenna que finalizaba con la llegada del nuevo año, que en el calendario romano comenzaría con el mes de marzo. Las celebraciones consistían en festejos con comida, bebida y bailes, siendo una festividad muy popular. Con el calendario Juliano se siguió con la tradición anterior.
Según narra Plutarco (c. 50-120), César fue advertido por un vidente o arúspice Espurina sobre el peligro que le acechaba en los Idus de marzo, a lo que César no prestó atención. Por otro lado, su esposa Calpurnia (76 a. C-44 a. C.), mujer discreta, virtuosa y amante de su marido según las crónicas, suplicó a César que no acudiera al Senado ese día ya que la noche anterior había tenido un sueño premonitorio en el que veía a su marido en sus brazos tras haber sido apuñalado y cubierto de sangre, lo que junto a los malos augurios de Espurina hicieron dudar a César; sin embargo, su fiel compañero Décimo Bruto (80 a. C.- 43 a. C.) lo animó a acudir para no tener problemas con el Senado. Y acudió.

Los conspiradores habían establecido una señal para comenzar el ataque, esta era la que haría el senador Lucius Tillius Cimber acercándose a César para una consulta tocándole la toga. En ese momento, el resto de conspiradores se acercaron rodeándolo y lo asesinaron, asestándole más de veintitrés puñaladas. Parece ser que antes de morir, tan solo pronunció las palabras «¿Tú también Bruto?», aunque según la narración de Plutarco tan solo se cubrió el rostro al ver a su querido pupilo.
A pesar del planeado asesinato con el objeto de preservar la República, ocurrió todo lo contrario, ya que aceleró la caída de esta. Se desató una nueva guerra civil, los asesinos de César fueron ejecutados y se formó el Segundo Triunvirato con Marco Antonio (143 a. C.-87 a. C.), Lépido (89 a. C.- 13 a. C.) y el heredero de Julio César, Octavio (63 a. C.- 14 d. C.) que tras la famosa Batalla de Actium en 31 a. C. en la que derrotó a Marco Antonio y Cleopatra, se convertiría en el sucesor de César con el título de Augusto. Comenzaba así una nueva etapa en la historia de Roma, el Imperio, que abarcaría siglos y sería esencial para la cultura de Occidente.

El extraordinario escritor inglés William Shakespeare (1564-1616) recreó la tragedia del asesinato de César en su célebre obra La tragedia de Julio César. En ella el personaje principal lo encarna Bruto, centrándose en el dilema que debía afrontar el joven que admiraba y quería a César, pero a su vez, por amor a Roma quería mantener lealtad a la República. Al ser manipulado, Bruto debe afrontar una importante lucha interna, lo que convierte a la obra en un trascendente análisis psicológico.
El hábil escritor supo reflejar en la obra la situación que atravesó Inglaterra en el reinado de Isabel I (1533-1603), que al no tener descendencia y no nombrar a un heredero, crearía un enorme temor ante la posibilidad de una guerra civil.
En definitiva, la obra constituye una interesante reflexión sobre el poder, el honor y la moralidad. De esta obra surge la célebre frase ¡Cuídate de los idus de Marzo! (Beware of the Ides of March).

En cuanto al arte, el trágico suceso del asesinato ha inspirado a pintores, fundamentalmente en los periodos neoclásico, en el que los temas históricos y clásicos eran muy admirados y romántico, etapa en la que los sentimientos se exaltaban y lo trágico se convertiría en una reflexión sobre la existencia humana.

El pintor alemán, Carl Theodor von Piloty (1826-1886), principal representante del Realismo pictórico en Alemania, representa el momento en el que Cimber toca la toga de César para distraerlo. Jean – Léon Gérôme (1824-1904) quiere transmitir en su obra La muerte de César la soledad y la atrocidad al presentar a César tras el asesinato en el suelo del Senado. Otra de las obras más icónica del fatídico día es La muerte de Julio César, del pintor italiano Vincenzo Camuccini (1771-1844) que presenta a César en el momento en el que cae tras ser apuñalado.

George Clooney (1961) dirigió y protagonizó la película Los Idus de Marzo en 2011. La trama se centra en intrigas políticas durante las elecciones presidenciales en Estados Unidos. El jefe de campaña, un joven idealista y competente, al conocer la realidad que rodea al mundo de la política, con traiciones, envidia manipulación y corrupción, ha de cuestionarse sus propios valores y elegir entre el éxito y la moralidad. Clooney revivió el conflicto planteado por Shakespeare.
Antes del trágico asesinato de César, los Idus y días próximos a él, eran solemnes, celebrados con alegría y júbilo; a raíz del trágico suceso y sobre todo a partir de la tragedia de Shakespeare cuando se instaló con fuerza en la cultura popular esta desdichada fecha con la frase antes mencionada, con la que el adivino advierte a César, los Idus de marzo se convirtieron en sinónimo de fatalidad y es cierto que la cultura popular ha creado superstición acerca de este día asociándolo a sucesos y situaciones desafortunadas o adversas.
Sin embargo, aunque no deseemos llevarnos por la superstición, de la que nos aparta la razón, quizás es conveniente estar atentos. Lo digo por propia experiencia.
Málaga, 2026

