Nuevo capítulo en el gran esperpento de la política nacional. Por Antonio Ibarra

Nuevo capítulo en el gran esperpento de la política nacional.

«Cuando el poder convierte cada movimiento electoral en un ejercicio de supervivencia y cálculo sufrimos el gran esperpento de la política nacional»

Asistimos a un nuevo esperpento: la última idea absurda del presidente Sánchez. Nada más y nada menos que poner delante de los caballos del circo a su fiel consejera, sin armadura, espada ni escudo, a lo peor de su equipo ministerial. Este IaioQuePiensa ha perdido la cuenta de las veces que ha visto a unos y otros “poner la mano en el fuego” por colegas pillados con las manos en la masa, convencido de que esta vez también acierta pensando mal, sabiendo que todo acabará estrellándose en el circo que se va a montar con las elecciones andaluzas, en esa AutonoSuya que tanto dicen amar.

Ya sé que al inquilino de la Moncloa no le gusta que pensemos. Nos prefiere como lo que, para él, somos: el votante dócil que mete la papeleta de sus ListasDeListos en las urnas, creyendo que su forma de gobernar es nuestra democracia. Esa gran parodia que han construido los de La Casta para vivir del sudor ajeno, y que tan bien les funciona: ellos se enriquecen al mismo ritmo frenético con el que nosotros —y nuestra amada España— nos empobrecemos.

Pero vayamos al asunto. Nuestra vicepresidenta de Hacienda se presenta como candidata en eso que llaman elecciones autonómicas para presidir la que ella denomina su querida AutonoSuya, Andalucía. Pero todos sabemos que no es amor lo que la mueve: es el deseo de seguir disfrutando del cargo, del sillón que ocupe y de lo que ese sillón representa. Lo único que realmente importa es lo que se gana, no el puesto que se ostente.

Lo que percibe como vicepresidenta es, en teoría, conocido; en la práctica, otro de los secretos de La Casta. Nadie sabe cuánto ganan realmente. Lo único cierto es que todos ellos obtienen más beneficios que la mayoría de los españoles, y que muchos acaban enriquecidos mientras el país se empobrece. Pensando mal —que es como mejor se acierta—, uno se pregunta: ¿qué hará si pierde las elecciones en su, según ella, amada Andalucía? ¿Se conformará con presidir la oposición autonómica ganando menos? ¿O pedirá volver a un sillón acorde a su “alta capacitación”, uno de esos con título rimbombante, buenos emolumentos y agenda ligera, tan propios del estatus de la política profesional?

Y este IaioQuePiensa, pensando mal —como siempre—, se pregunta también qué pasará si, en el improbable caso, gana las elecciones y se convierte en presidenta. ¿Cuánto le costará a los andaluces? Aquí entra el consabido ABC, porque puede pasar que…

A) Andalucía reciba un trozo del pastel mayor que el de otras comunidades. Difícil. Eso pondría en riesgo apoyos parlamentarios demasiado valiosos.

B) Se asigne un sueldo mayor que el que cobraba como vicepresidenta. Eso sí entra dentro de la lógica más absoluta: la pela es la pela.

C) Que el reparto de la tarta se haga como tantas veces: una parte pública y otra discreta. Nada nuevo bajo el sol de La Casta.

Y pensando mal —sí, ya sé que soy muy mal pensado—, uno no puede evitar preguntarse si esta candidatura no será una forma de asegurar cuatro años más de cargo, sea en un puesto o en otro, ante la posibilidad de que el ciclo político cambie. Quizá no sea ella quien está siendo sacrificada, sino quien abandona el barco a tiempo, dejándole al presidente el papel de quedarse “a los pies de los caballos”.

En resumen: en este sinsentido, pensar mal de la política profesional es casi la única forma de acertar. Y un IaioQuePiensa, dentro de esta sinrazón, suele acabar teniendo razón. Y lo sabes.

@lamoscacojondra

Antonio Ibarra P.

Un Autónomo Jodido por LaCastaPoliticaProfesional que nos GoMierda. UnIaioQuéPiensa,y opina con LaMalaFollá qué tenemos de LosIaios que no saben, ni quieren callarse. Un Español Engañado Por LaCasta, sabiendo que ni Al GoMierdo, ni a LaOpoFicción, les gusta que pensemos, y menos aún que opinemos, si es Ellos de quién lo hacemos. Se que debo escribir YAYO, pero a mi gusta más escribirlo así, IAIO. Lo breve mejor, si lo breve es bueno.

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