En memoria de mi querido amigo el escultor malagueño Virgilio Galán Sánchez (1962-2024), autor del magnífico busto de Pedro de Mena que realizó para el Museo Revello de Toro, ubicado en la que fue casa-taller del artista granadino durante su estancia en la capital malagueña.
Aunque no pudo ser, tu arte perdura en cada corazón que lo aprecia.

«Mena nos invita con sus Dolorosas a fomentar la fe y el recogimiento; su legado aún perdura, una obra sobria, introspectiva y realista, ejecutada con gran maestría»
Hombre de profunda religiosidad, el escultor granadino y muy unido a la ciudad de Málaga, Pedro de Mena (1628-1688) representa una de las figuras más representativas del barroco español.
Formado en el taller de su padre Alonso de Mena (1587-1646) en Granada, que gozaba de gran prestigio, ya desde niño demostró un gran interés por la escultura, lo que dejó patente ya en sus primeras obras.
Con la llegada de Alonso Cano (1601-1667) a Granada, comenzaría un periodo esencial en su trayectoria artística; fue su discípulo y colaboró con él durante años, lo que le ayudó a perfeccionar y mejorar magistralmente su técnica.
Sin embargo, en 1658 recibió el encargo de terminar la sillería del Coro de la Catedral de Málaga, propuesta que no dudó en aceptar debido a su decisión, ambición e inquietud artística, además de no contar con muchos candidatos para ejecutar un trabajo tan relevante.
A partir de entonces, la dedicación al trabajo en la Catedral y los numerosos encargos que le iban surgiendo, en Málaga y en otras ciudades españolas, le llevaron a instalarse en la capital malagueña donde vivió durante treinta años hasta su muerte.

Aunque existen, además de su colaboración en la sillería del coro de la Catedral, obras muy destacables en su repertorio artístico, como Magdalena penitente, en el Museo nacional de Escultura de Valladolid o algunos crucificados, entre ellos el destruido en Málaga junto a otras obras de gran valor, entre ellas una Dolorosa del mismo autor, por una turba enloquecida en los Sucesos violentos de 1931, entre otras, las representaciones que Pedro de Mena realizó de la Virgen Dolorosa son extraordinarias, considerándose un signo de identidad del artista granadino; por ello, he elegido tres esculturas en madera policromada del autor como expresión del dolor de María ante la pérdida de su hijo Jesús, tras la pasada Semana de Pasión.
Las Dolorosas de Pedro de Mena, talladas con maestría , son un claro ejemplo del espíritu de la Contrarreforma que aún ejercería una clara influencia a lo largo del siglo XVII. Estas esculturas, llenas de dramatismo y una profunda carga emocional, se concibieron como elementos fundamentales para transmitir el mensaje de la doctrina católica a los fieles con el objeto de despertar en ellos sentimientos profundos y provocar una intensa devoción mediante enfáticas expresiones, que, en el caso de Pedro de Mena, evocan la compasión y el dolor por lo ocurrido en la Pasión de Jesús de manera magistral.
Lucas 2, 28-35

DOLOROSA, CONVENTO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA, VALLADOLID. PEDRO DE MENA.
Realizada en 1673, este busto, perteneciente a la tipología de medio cuerpo, está considerado una de los mejores del artista, cuando Mena ya había perfeccionado la técnica en estas figuras, concebidas en su mayoría para oratorios privados, proporcionándoles mayor emocionalidad.
Esta circunstancia hacía que el artista se esmerara con los detalles como los ojos y pestañas de pasta de vidrio o dientes de marfil con el objeto de conseguir mucho mayor realismo y contentar al máximo al comitente.
De tamaño natural, María aparece con las manos entrelazadas con firmeza, en actitud de angustia en su oración; sus labios entreabiertos nos transmiten congoja y lamento con una expresión de profundo dolor y tristeza.
Cabe destacar la maestría a la hora de ejecutar los pliegues del manto azul que cae sobre un velo blanco interior, pero de forma extraordinaria, dejando un espacio entre ambos. Verdaderamente sublime.

MATER DOLOROSA, CONVENTO DE LAS DESCALZAS REALES, MADRID (ESPAÑA). PEDRO DE MENA.
Una de las características de Pedro de Mena es la diferencia en sus esculturas en las que, a pesar de transmitir dolor y gran dramatismo, difieren de la expresión exagerada que se manifiesta en la tradición de la escultura castellana en esa época, como se advierte en las tallas de artistas como Gregorio Fernández (1576-1636).
Mena consigue, de este modo, conmocionar, pero lo hace con quietud, serenidad y elegancia propiciando el acercamiento al espectador.
En este caso encontramos otra tipología, en la que María lleva su mano derecha al pecho mostrándonos una emoción contenida y extiende su brazo izquierdo abriendo su mano esta postura dota a la imagen de una actitud más mística.
De igual modo el busto destaca por su emotividad, el artista utiliza también determinados detalles en los ojos, las mejillas y la boca para aumentar el dramatismo, así como la mirada al vacío
La policromía está muy cuidada y el trabajo en la ejecución del manto, el velo y la túnica, con perfiles muy finos, sorprende por su exquisitez.

MATER DOLOROSA, CAPILLA DE LOS CAÍDOS. CATEDRAL DE MÁLAGA (ESPAÑA).
En esta ocasión la Virgen María aparece con las manos entrelazadas, en una actitud de profundo recogimiento y mostrando el profundo dolor de su alma por la pérdida de su Hijo.
Con rostro sereno y una expresión contenida, pero a la vez angustiada, María eleva su mirada al Cielo con una expresión en la que se mezclan el sufrimiento y a la vez la esperanza, simbolizando la unión entre lo divino y lo humano.
Una obra virtuosa en su ejecución, profunda en su significado y conmovedora, aunque con gran fortaleza espiritual.
La Dolorosa de la Catedral de Málaga invita a la contemplación, a una oración silenciosa que nos fusiona con la Pasión.
Mena nos invita con sus Dolorosas a fomentar la fe y el recogimiento; su legado aún perdura, una obra sobria, introspectiva y realista, ejecutada con gran maestría. El arte y la realidad se funden y conmueven el alma.
Málaga, 2026

