
«He podido comprobar experimentalmente que los sabios también se caracterizan por su humildad»
A lo largo de la vida te vas encontrado con personas que como dice la RAE: “Tienen profundos conocimientos en una materia, ciencia o arte”. No son demasiados, pero sí lo son en un número suficiente para no pasar inadvertidos.
Nada que ver con los “enterados”, suficientes, autodenominados maestros, detentadores de títulos adquiridos con malas artes, influencers y demás zarandajas.
En la etapa que estoy viviendo en estos años como alumno universitario, me estoy encontrando con muchos de ellos. Profesores curtidos por años de docencia, mal pagados, sometidos a tensiones por sus superiores y los propios alumnos y, sobre todo, poseedores de una vocación docente indiscutible.
Hay un rasgo que les hace ser más prestigiosos a mi modesto entender. Su ansia por investigar y aprender. Nunca están satisfechos por sus conocimientos, a los que ponen en duda pensando que todas los “verdades” son relativas. Su humildad se sublima cuando reconocen su desconocimiento sobre algún tema. En ese momento se engrandecen como personas.
Cuando “sea mayor” me gustaría ser por lo menos humilde, ya que sabio nunca voy a ser. Pero algo se nos va pegando cuando nos acercamos a la ciencia impartida por esos profesores, curtidos en mil batallas, que disfrutan transmitiendo su ciencia y dedicando su vida a la búsqueda de nuevos conocimientos que puedan aportar a la sociedad.
Termino con una frase de Chris Waugh que me ha impactado: “Toda persona que conoces y cada situación con la que te encuentras, tienen algo que enseñarte. Presta atención”.

