Conversaciones en el andamio. Hispanchidad o narcocracia. Por Francisco Gómez Valencia

Hispanchidad o narcocracia.

«Sánchez está en liderar la segunda división progresista del mundo por orden y con conocimiento del chino, pues para eso fue a recibir bendiciones»

Mire usted, este finde servidor lo vio preclaro. En el lado oscuro, asistimos a una  performance infame en Barcelona donde el último moñeco de chichinabo de la izquierda globalista intentó con muy poco éxito (las cosas como son), animar a gentes variopintas todas del tercer mundo contra el primero acusando a este de ultraderechista. Algunos de los del Grupo de Puebla acompañaron a nuestro felón en la agreste travesía hacia el ridículo más que nada porque en su Europa, Su Sanchidad es la única anomalía democrática que queda en pie una vez que el bueno de Orbán, aceptó como nadie (excepto por ellos que lo ponían en duda) las reglas de la democracia en su país tras perder con rotundidad las elecciones de allí mismo. El elenco de malignos lo capitaneaba el marido de Begoña obviamente, pertrechado por la mejicana Sheinbaum, el colombiano Petro, el brasileiro Lula, el hijo de Soros, ZParo, el chileno Boric, y un porrón de morralla multicultural y poliamorosa tanto foránea es decir pedristas por la gloria de su suegro, como extracorpórea ya que atisbé hasta algún africano.

Las arengas prodemocráticas sonaron bien si no fuera porque siempre derrapaban hacia la extrema izquierda sin disimular. Evidentemente estaban mal equilibrados de serie y su desparpajo habitual al concentrarse solamente alrededor de una idea (la democracia) les hacía patinar una y otra vez, resultando el guateque, en eso mismo, un guateque. 

La cosa tuvo tan poca repercusión, que hasta los habituales de lo ajeno en la ciudad de la cultura inversa española por antonomasia, no se pusieron ni en alerta y desarrollaron su actividad con la impunidad habitual, siendo conscientes que el turrón no estaba en los alrededores del sarao, sino como de costumbre en los alrededores de la Sagrada Familia (como debe ser) ya que no había fútbol. 

Algunos muy alarmados decían que qué vergüenza, que menudo papelón el de España teniendo a un lacayo de China de parranda toda la semana pasada para culminar su tournée en la ciudad condal rodeado de narcoestadistas y demás delincuentes de sobra por todos conocidos y anteriormente mencionados. Pues sí, así es, el nuestro, Sánchez, está en eso mismo, en liderar la segunda división progresista del mundo por orden y con conocimiento del chino, pues para eso fue (entre otros menesteres), para recibir las bendiciones y las instrucciones precisas para tratar de reventar lo que aún queda en pie de la UE, más los pintas de la Gran Bretaña (últimamente más casi adentro que fuera, más por miedo que por convicciones).

“Mi Isabelita»

En el otro lado de la balanza (el lado de los buenistas), estaba Mi Isabelita«. De blanco roto toda ella, marchaba custodiando a María Corína Machado, la opositora venezolana, la ignorada de momento por Donald Trump, la Premio Nobel de la Paz sin permiso de todo el mundo corrupto, la felicitada en secreto por el rey Felipón, y la ninguneada por Zapatero y Pérez Castejón. De fondo, el reconocimiento de la Ciudad de Madrid ajeno al tema porque fue otra filfa más, otro ejemplo del costumbrismo del buen político de la Corte que otra cosa, pues es más que indiscutible, que la capital española rezuma hispanchidad

Decía la presidenta el pasado jueves en la Asamblea de Madrid que ella prefería vivir rodeada de acentos como el del colombiano García Márquez que de inmigración ilegal y descontrolada. A la par, un tuitero la contestaba con cierta sorna (y no fui yo aunque ganas no me faltaron), que la línea 6 del metro va llena de literatos como García Márquez, y es verdad, no hay más que atreverse, pues el metro madrileño ya es otro parque temático. A la vez y menuda contrariedad, se hicieron públicas y virales unas fotos del alcalde Almeida en un colegio público del barrio de San Blas donde el único rostro pálido era él, en serio se lo digo y claro, entregas las llaves de la ciudad o las medallas al mérito del tipo que sea una y otra vez a indianos de postín (pues el anterior fue el colombiano Petro), y después te giñas patas abajo dando un paseo con la señora por tu barrio. 

En el barrio de San Blas.

Y es que resulta que unos andan regularizando de mala gana a 500.000 mil abisinios para pasar a la posteridad, mientras los otros (los buenos), pretenden hacer lo mismo chapoteando entre hispanoamericanos con tal de alampar sus votos como si no hubiera un mañana. Triste destino el de los gatos madrileños mientras asisten con asombro como los de la mayoría absoluta indiscutible, compite en estas lides con los pijoprogrecomunistas de Más Madrid, pues estos pretenden hacerse con la simpatía innata de los otros; los moros y los flacuchos de Lavapiés. 

Da lo mismo, en serio se lo cuento. Todos son pobres de solemnidad y la mayoría, indocumentados de nacimiento con o sin papeles, así que estamos bien jodidos.

Feliz día de Santa Inés (de Montepulciano).

Españistán a 20 de abril de 2026.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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