
«Parece que, de la “A” de Ábalos a la “Z” de Zapatero, pasando por la “C” de Cerdán y la “K” de Koldo, puede ser que acaben con la “S” de Sánchez»
Circulan muchas cosas estos días por las redes y es que, como digo muchas veces, si el españolito se dedicara a producir con la misma intensidad que a hacer chistes, memes o análisis críticos, España volvería a ocupar ese octavo o noveno lugar en que nos dejó la “terrible” dictadura que vivimos entre los años 1939 y 1975.
Pero como yo ya estoy, no sé si gozosamente como dicen algunos, pero sí jubilado –sólo llegar ya es un éxito– y con mi periodo productivo concluido, voy a emplear un rato de la tarde del domingo postliguero a esta última actividad que tanto gustan en nuestro país, un poquito de crítica con su dosis de ironía, que siempre me gusta combinar en mis desahogos escritos, que otros llaman artículos. Así que vamos a ello sin nada serio pendiente más allá de rematar la declaración del IRPF con que nos saquean desde hace cinco décadas, y con todo el pescado futbolístico vendido, no muy bien por cierto para el madridismo y para los que se despidieron de la primera división –aunque no estoy seguro de que en un país cada día más dividido, sea la “primera”, pero dejémoslo ahí–.
Me llegaba una grabación de una de esas geniales intervenciones ya conocidas de José Luis Rodríguez Zapatero, al que llaman “faro moral” de la izquierda, socialista y más allá, que invita a la crítica y podría explicar el encandilamiento ciego de esa facción casposa de la sociedad que, en su mayoría víctimas de la LOGSE e irredentos recuperados para la causa desde la llegada del faro, con tan honrosas como escasas excepciones, siguen fanáticamente votando al partido más corrupto de la historia, no sólo de España. Lo acabamos de ver hace apenas una semana en las elecciones andaluzas donde la sin par Marisú Montero ha obtenido casi un millón de votos de estómagos agradecidos –947.713, exactamente–, que nunca pensé que fueran tantos y tanto, en ese “que roben los nuestros”, que es su eslogan preferido, parece.
En una de esas geniales intervenciones, decía el ahora investigado que “El infinito es el infinito”, ¿cabe mejor definición? Y descubría en él al universo, aunque, con la humildad propia de tan preclara “mente científica” no se atrevía a asegurarlo, “El universo es infinito, muy probablemente”, dando muestras de su limitación intelectual: “No cabe en nuestra cabeza –ni siquiera en la suya– imaginarnos cómo es el infinito”. No nos privaba de más obviedades concluyentes: “Pues bien, pertenecemos a un planeta, la Tierra, y a una especie que es absolutamente excepcional –sin duda, con bastantes excepciones a esa excepcionalidad, si miramos los diferentes hemicircos parlamentarios– que no la hay en ningún sitio del universo –si lo sabrá él–, que no podemos imaginar ni las distancias, que no podemos advertir”. Y remataba esta parte con un toque romántico: “Somos el único sitio, el único sitio del universo, seguramente del todo, del todo, si es que podemos concebir el todo, donde se puede leer un libro y donde se puede amar”.
Continuaba así en el mitin previo a las elecciones generales de 2023, seguramente más “en olor” como dicen algunos, que en loor de multitud: “Y todo ello en el universo, en lo infinito. Un planeta que no se ve si uno se va a un poco de distancia” –¿esa desde donde contaba las nubes?–. Y mostraba su perplejidad ante “Un planeta que es asombroso, un planeta que ha logrado un sistema en el que la vida emerge –¿cómo, por generación espontánea? ¿del planeta?– y se mantiene –de puro milagro, pero se mantiene–. Con un equilibrio impresionante, que asombra” –si decía que es asombroso, lo natural es que asombre ¿no?. “Que ha traído las mejores mentes de la historia de la humanidad para entenderlo –¿de dónde?– Ese planeta, ese planeta, le estamos poniendo en riesgo –¿con la Agenda 2030?–, lo estamos poniendo en cuestión con nuestra acción depredadora –habla de acción depredadora el embajador de Nicolás Maduro–”. Y termina poniéndose trascendente con otro derroche de reconocimiento: «Siendo poco conscientes de que cada uno de nosotros somos algo, no infinitesimal, lo siguiente, lo siguiente. Si cogemos todas las playas de la Tierra, lo que es el planeta Tierra en el universo es seguramente solo un grano de arena. Y ahí estamos nosotros, oye, fanfarrones, sin mirar a la Tierra, que es algo tan excepcional, el único sitio en el todo donde se puede leer un libro o se puede amar –se ve que esto le gustó y lo repitió–«.

Pero mira por dónde, como a los “faros” se les puede fundir el foco, tras ese derroche filosófico parece que se le viene encima un baño de oscura realidad derivado de su buen hacer y de la declaración de Víctor de Aldama en una entrevista que le hacía en Telecinco Ana Rosa Quintana el pasado mes de marzo: “Este señor es un sinvergüenza y un corrupto y yo creo que debería estar muy preocupado porque va a ir a la cárcel, ¿vale? de lo que traían los aviones de Plus Ultra. Los aviones de Plus Ultra traían una mercancía especial, que él sabe perfectamente cuál es, por eso, tanto él como el presidente quisieron rescatar la compañía, cuando la compañía no se podía rescatar”. Enseñaba entonces el móvil el móvil a la periodista, que decía con asombro. “Esto es tremendo”. A lo que añadía el entrevistado: “Bueno, pues este señor debería estar muy preocupado y no ir al Senado a tantas risitas a decirle al PP que si sus cejas y ganaron las elecciones… No, no ganaron las elecciones tus cejas, ganaron las elecciones un atentado del 11 de marzo (dice septiembre por error, pero es obvio que se refiere a nuestro 11M), fatídico que hubo en este país”. Justo lo que pensamos muchos y que los beneficiados, el PSOE, y los perjudicados, el PP, se han encargado, por acción o por omisión –quiero pensar–, de que prescribiera después de 20 años de lo sucedido. Algo que puede entenderse en los primeros pero que sorprende, casi tanto como el planeta a Rodríguez Zapatero, en los que perdieron aquellas elecciones que nunca se debieron haber celebrado en el estado de shock que se encontraba España aquel 14 de marzo de 2004. Continuaba Ana Rosa sin salir de su asombro: “Señor Aldama, lo que me acaba de enseñar, que yo evidentemente no lo voy a decir, es algo que todavía no está judicializado ni es público, lo tiene usted, es suficientemente grave para que esto se judicialice en algún momento”. Algo que Aldama apostillaba: “O sea, luego dirán que no tengo pruebas. Vuelvo a repetir, este señor tiene que estar muy preocupado, por Plus Ultra y por otra serie de cosas y va a ir a la cárcel”. Y en esto llegaba el lunes el demoledor auto del juez José Luis Calama con la imputación del faro moral y el sábado se conocía el primer informe de la UDEF en dos tomos de 186 y 158 páginas que todavía no pude leer, pero que prometen sustancia.
Al final, parece que, de la “A” de Ábalos a la “Z” de Zapatero, pasando por la “C” de Cerdán y la “K” de Koldo, puede ser que acaben con la “S” de Sánchez y tiren de unas cuantas letras más del abecedario, en este Pasapalabras de la corrupción socialista. De las niñas de los favores de What The Fav, Laura y Alba Rodríguez, habrá tiempo de hablar.

