
«El Espíritu Santo es el gran desconocido para la mayoría de los cristianos»
A la llegada de la primavera se producen dos acontecimientos que inciden profundamente en la vivencia de las familias católicas. Por una parte reciben la Primera Comunión los niños de unos ocho años. Por otra se administra el Sacramento de la Confirmación a jóvenes que se acercan a la mayoría de edad o adultos que no lo recibieron en su día.
Son dos momentos en la vida del cristiano diferentes, pero ambos son un “lugar de encuentro” con la fe. Las fechas aproximadas de su celebración han fluctuado a lo largo de los años. Personalmente fui confirmado con ocho años en una ceremonia colectiva de mi clase, en San Agustín, a la que no asistieron mis familiares, y de la que guardo un lejano recuerdo.
Posteriormente ha habido intentos de simultanearla con la Primera Comunión, bastante fallidos, y se ha llegado a la fórmula actual que me parece la adecuada. El Sacramento se recibe después de un largo periodo de preparación y con una solemnidad apreciable.
El problema surge por la poca importancia que se le da al compromiso que adquiere el confirmado. Podemos caer en el error de considerarlo un acto social más, al que asistimos todos endomingados. Hace años alguien me lo describió como “el sacramento del escándalo”. Creo que llevaba razón. Con este compromiso confirmamos el Credo que aceptaron los padrinos en nuestro nombre el día de nuestro bautizo.
Yo lo entiendo –a mi manera-, como la incorporación del Espíritu Santo a nuestra vida. En forma de sentimientos positivos que acuden a nuestra mente cuando le invocamos. En una palabra, cuando tiramos de la “buena leche” que anida en nuestros corazones, a la espera de que la pongamos al servicio de nuestros actos y actitudes.
Ante cualquier circunstancia siempre tenemos dos opciones. Hacerlo bien o hacerlo mal. Ahí aparece el Espíritu cuando le invocamos y le dejamos aconsejarnos. La “buena o la mala leche”, el amor o el egoísmo, lo positivo o lo negativo.
La buena noticia de hoy nace de la celebración del Sacramento de la Confirmación de muchos grupos en los templos malagueños. Ayer asistí a uno como padrino de uno de mis nietos. Fue presidido por el Obispo. En su homilía nos habló de la presencia del Espíritu en los momentos más complicados y más sencillos de nuestra vida. Solo basta con Pararse y Pensar. Inmediatamente mana de nuestra conciencia la Buena Leche. Y obramos en consecuencia.

