
«Los jóvenes de los setenta esperábamos “el cambio” con ilusión»
Nos habían prometido que con la transición, se pondrían en marcha una serie de medidas, que traerían consigo la ansiada “alternativa”. Un paso a la democracia plena, que nos permitiría ponernos al nivel del resto de los países “avanzados”.
Yo había leído en los libros, cual era el procedimiento para llevar la gestión de un país, mediante la constitución de un Parlamento, integrado por los representantes de los diversos partidos y coaliciones. Posteriormente la mecánica es bastante sencilla. Gobierna el partido, o la coalición de partidos, que han obtenido más votos y, consiguientemente, más representantes. Estos votos los han obtenido de los ciudadanos que han considerado idóneo su programa de gobierno. El presidente y sus ministros lo ponen en marcha. El trabajo de la oposición, es velar porque dicho programa sea cumplido. Si no lo hacen, moción de censura y nuevas elecciones.
Ni caso. Una legislatura tras otra, un gobierno tras otro, hacen de su capa un sayo, no cumplen sus promesas y se aferran al sillón como si no hubiera un mañana. Mientras, se produce a diario el espectáculo bochornoso de los insultos, el más tú, las denuncias, los procesos judiciales y el circo que nos aleja –por aburrimiento y vergüenza ajena- de los telediarios.
¡Qué bochorno! Mejor dicho: ¡Qué poca vergüenza! Desgraciadamente a lo largo de estos años en los que me estoy acercando a la historia de España y de todo el mundo, descubro que los actuales regentes no han inventado nada. Que así ha sido desde siempre.
Espero que algún día nos dirija un gobierno que se dedique a intentar solucionar los problemas de la comunidad y no los suyos propios, o los de su clientela. Lo malo es que les pasa como al Málaga. Empieza muy bien pero les cuesta terminar el partido sin venirse abajo. Pero el Málaga “progresa adecuadamente”. Estos ni eso.
¡Qué decepción!
