
«El sábado se produjo un suceso lamentable que a mí me pareció premonitorio»
Tengo la inveterada costumbre de presenciar cada año el desfile de las Fuerzas Armadas de nuestro país. Son siempre parecidas, pero siempre distintas. Lo disfruto. Me hace recordar mis viejos tiempos militares. Desgraciadamente el acto de izar la bandera, ha contado con algunas dificultades en los últimos años.
Esta vez no fue el desvío del paracaidista que la transportaba. Simplemente se ha partido la parte superior del mástil, mientras que se ejercía fuerza sobre el mismo para elevar la Enseña Nacional. Todos vimos la cara de estupor del Rey Felipe VI y, especialmente, la rapidez, la firmeza y la sabiduría de su reacción. Inmediatamente ordenó que se sustituyera por la Bandera de la Compañía de Honores y tema solucionado.
Una anécdota desagradable, ante la cual se puso a elucubrar mi mente calenturienta. Me pareció un paradigma de la situación actual de nuestro país. Diversas fuerzas están tirando de la “cuerda” que sujeta España y, a veces, acaban por romperla. El “mástil” está bastante maltrecho. En nuestro caso aun no se ha partido del todo, pero tenemos todas las papeletas para que eso nos ocurra.
Presumimos de ser un gran país. Posiblemente lo seamos. Pero si se deteriora la convivencia y el “savoir faire”, todo se va al traste. Ya va siendo hora de que revisemos nuestras instituciones y las libremos de adherencias, grietas y defectos varios, de forma que podamos sustentar con firmeza nuestro futuro. Que nos demos cuenta de que nada se soluciona con descalificaciones e insultos.
Lo de la bandera es una seria advertencia. La buena noticia de hoy me la transmite la presencia de un Rey con talento y capacidad de reacción, que ha solucionado el tema con prontitud e inteligencia. Ojala no tenga que tomar determinaciones en el campo político.
Seamos humildes. No tiremos tanto de la “guita” que se puede romper. Dialogo y proyecto común. Es lo único que necesitamos.

