Conversaciones en el andamio. Mermaos irrelevantes. Por Francisco Gómez Valencia

Mermaos irrelevantes.

«Mire usted, cuando alguien defienda que las mociones de censura deben ser constructivas está claro: ese humano está mermao»

Entre el lunes y el martes del tirón y sin esforzarme demasiado al menos vi aberronchados al rocaje vivo a cuatro de estos anacrónicos  vestigios del pasado y lo más importante, sin necesidad de ir disfrazados.

La primera es la periodista Lucía Méndez. La individua defiende la tesis de que el PP debe presentar una moción de censura aunque los números no den, y de paso se atreve a pensar que en el mundo de las ideas y los gestos, el gallego saldrá reforzado de cara a la opinión pública. Obviamente Lucía —que siempre rema a favor del régimen—, desde lo de ZP pareciere intentar postularse para volver al redil viendo la que está cayendo. Aunque aquí arriba no nos chupamos el dedo y siempre la tendremos presente por su reconocida y apestosa línea argumental al calorcito del sanchismo. Lucía (al igual que Sánchez), pretende que Feijóo de oxígeno al autócrata quedando a la altura del barro gracias a las descalificaciones barriobajeras de todos y cada uno de los restos mortales del Frankenstein que en avanzado estado descomposición, graznarían o ulularían (dependiendo de la subespecie) en defensa del patrón, el cual supongo que ejercería de número 1 y ni se molestaría en tomar la palabra en la cámara baja de las Cortes de las diferentes Españas, pues para estas lides ya tiene al mamerto de  Patxi.

María Rey

La siguiente individua de la lista de “mermaos” es otra periodista, María Rey (la mítica reportera del Congreso), mientras entrevistaba a la anterior —como si de una voz autorizada se tratara—, asentía con la cabeza como esos muñecos que se colocan en el salpicadero de los coches y que con el ajetreo se menean al son de las vibras y desde su programa mañanero en Telemadrid (120 minutos), le contaba a su audiencia —y a la otra— que estaba muy de acuerdo pues Feijóo según ella, está poco menos que obligado al menos a ponernos en orden las ideas a los (pobres y analfabetos) españoles —que debe ser que no nos llega— haciendo una especie de inventario basado en recortes de prensa sobre la corrupción sanchista.  Supongo que para María debe ser importante que Feijóo despida el curso subido sobre una imaginaria cresta de una soberbia ola del Cantábrico. Imagino que sería la caña de España salir a hombros del Congreso ya que la moción constructiva aunque no salga adelante, se realizaría después de que el felón no diera explicaciones los días 17 y 18 en el mismo escenario, y como no las va a dar sino que se dedicará a insultar y difamar al PP, a Feijóo, y a mi Isabelita, la última palabra antes de cerrar el chiringuito por vacaciones la tendrían los buenos. O sea que a esta se ve que también la ponen fina filipina  eso de acabar primeros en la liga de invierno (que en política debe ser la de verano).

El siguiente ovíparo que defendió la cosa es García Margallo. Semejante momia en el ocaso de sí mismo se atrevió a ofrecernos otra vez y sin que nadie se lo haya pedido su jodido punto de vista (en esto es clavado al bocachancla de Revilla). El perfecto burócrata de los cojones soltó una especie de mini conferencia para explicarnos al resto de los estúpidos mortales la conveniencia de la soplapollez reforzando su merma indicando, que además sería recomendable buscar  a alguien que tenga el talante y la enjundia precisa para defender el sentido común, algo así como un pavo o una pava que represente la plurinacionalidad. Entre ustedes y yo y conociendo el percal, don Margallo piensa en sí mismo pues esta gentuza se cree que su mierda no huele.

Desde aquí arriba creemos que la persona idónea para presentar la moción de censura es el padre de Lamine Yamal. 

María Jesús Montero

Y en último lugar como la corresponde por méritos propios está la gran perdedora o sea María Jesús Montero. La que ha obtenido el peor resultado de la PSOE en Andalucía durante toda la historia criminal del partido, considera que las mociones de censura están de más y sobre todo si estas no son constructivas. Para la secretaria general del partido de los ERES todo lo que vaya contra la Mafia es destructivo. Obviamente la que compartía maromo presuntamente con Leire ya es historia, una especie de Di Stéfano en el Madrid de Florentino pero en la PSOE, una digna sucesora de Pilar Narbona (otra grande, la presunta corruptora  señora de Borrell por cierto). La fracasada con acento de momento mantiene al carguito en la organización criminal hasta que al otro le de un chispazo y la fulmine para siempre.

En fin Serafín que cualquier cosa que gentecilla como esta nos suelte por la cara se merece nuestro rechazo. No los vamos a mandar a tomar por el mismísimo culo porque aquí arriba somos muy educados y antes de llegar a tomar medidas drásticas y desesperadas somos más de reírnos de ellos, agradeciendo de antemano su absoluta incapacidad para cualquier cosa que no sea provocar risa y pena.

Feliz día de Santa Clotilde. 

Españazuela a 3 de junio de 2026

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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