
«A lo largo de los últimos cincuenta años, con cierta prevención, he asistido a una multitud de manifestaciones de todo tipo»
Los representantes de los movimientos populares que asisten a dichos actos callejeros, llegan a los mismos para manifestar su indignación y sus, casi siempre, justas reivindicaciones. En la mayoría de los pronunciamientos, pese a su comienzo tranquilo, en algunos momentos de los mismos se ha pasado a la crispación, cuando no, a la perdida de papeles y la presencia de actitudes violentas.
A lo largo de este fin de semana estamos asistiendo a los actos en honor de la visita del Papa León XIV a España. No tengo más remedio que celebrar la magnífica organización de los mismos y, sobre todo, el deseo del Papa desde el principio de resaltar su cercanía a los más desfavorecidos, representados por los asistidos por Caritas, dada su situación de pobreza, marginación o condiciones desfavorables de diversa procedencia.
No soy muy amigo de las grandes manifestaciones de la fe. Pero no dejo de reconocer la belleza y el fervor durante la celebración de la Misa y la Procesión del Corpus del domingo en Madrid. Lo importante es que en la misma los espectadores se han convertido en participantes.
La buena noticia de hoy me la ha transmitido la constante sonrisa del Papa y la ausencia por completo de crispación entre el millón largo de asistentes a este largo encuentro. Sin ningún tipo de recriminaciones, sin ninguna alusión a los que piensan de una forma diferente y transmitiendo una llamada a la reconciliación y la búsqueda de un mundo mejor basado en la tolerancia y al amor.
Me quedo con la bella imagen de los mellizos hijos de una emigrante a los que recibió el Papa, la presencia de muchos jóvenes, la aportación de los miles de voluntarios centrados en ayudar y en los niños, esos niños que son nuestro futuro. Esos que recibieron a Jesús en Jerusalén subido en un modesto borriquillo y ahora lo han hecho a su Vicario en la tierra, el Papa León a bordo de un papamóvil.
Ojala que, a partir de estos actos, pongamos en práctica todos los propósitos manifestados por los participantes, religiosos y seglares, creyentes o no. Que sigamos los excelentes dictados de Jesús de Nazaret en su Evangelio. Amaos los unos a los otros. El Papa nos da el ejemplo. Sonriendo e indicándonos el camino de la paz que pasa por la aceptación del otro. Aunque no sea de “los nuestros”.
