
Estoy siguiendo la visita del Papa León XIV en medio de una mezcla de admiración y de estupor
Detrás de la organización de los mismos se intuye un fuerte deseo de convertir esta visita pastoral en una exhibición de modernidad, aggiornamiento y cercanía a los problemas diarios con los que se encuentra la sociedad.
La mayor parte de los participantes más destacados han aparentado recibir el Mensaje con interés y cierta dosis de aceptación. Empezando por los miembros del Congreso de los Diputados y demás asistentes, que aplaudieron a rabiar (haciéndome recordar la actuación de un divo de la ópera) al contundente discurso del Papa. Una alocución que me hizo pensar y que suscribo desde el Alfa hasta el Omega.
En las manifestaciones posteriores de los políticos he observado unas dosis de cinismo escalofriantes. Como acertadamente recogen algunos comentaristas, todos han tomado el discurso como si se tratase de un “menú de ideas a la carta”. Han tomado lo “que les gusta” o lo “que les conviene” y han obviado el resto.
Hace mucho tiempo que me dijeron que el Evangelio es como las lentejas, que si quieres las tomas o si no te las dejas. Hay que asumirlo en su totalidad, desde nuestra pequeñez, y con un último deseo explicito: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
Masas enfervorecidas, calor popular, canciones y músicas preciosas, muchos niños y jóvenes (gracias a Dios). Todo ello sin que nos haga perder de vista el mensaje evangélico. Así nos lo ha hecho llegar el Papa con una actitud, una cercanía y unos discursos impecables en el fondo y en la forma.
Lo del idioma es lo menos. El abrazo y la cercanía lo entiende todo el mundo. En lo que a mi respecta, la visita del Papa me ha emocionado a veces, me ha hecho pensar bastante y me ha invitado a mirar hacia un Dios que se ha manifestado, como siempre, en el testimonio de los que sufren y los marginados.
Lo de la Sagrada Familia ha sido grandioso, desbordante, todo un ejemplo de virtuosismo artístico semejante al que derrochó Gaudí hace más de un siglo. El Papa impecable y en su sitio.
Espero que los árboles no nos impidan ver el bosque. León XIV ha venido a hacernos ver el Mensaje, no a su persona. Espero que esta nueva entrada en Jerusalén no acabe en otra pasión. Los medios ya están sacándole punta a todo y especulando. De momento “Dios se lo pague a Dios”.
