
A raíz del reciente ascenso del Málaga, ha venido a mi memoria un inigualable viaje a Bilbao en un “tren botijo”
Los lectores que no pertenezcan al “segmento de plata”, posiblemente desconocerán lo que es un “tren botijo”. Se trata de un servicio extraordinario de la RENFE, que ponía a disposición de los aficionados un transporte con motivo de un evento o una celebración extraordinaria.
En el caso que nos ocupa me refiero a una expedición de malaguistas exacerbados que nos embarcamos en un viaje a Bilbao a bordo de un convoy ferroviario propio de los años 70. Ese día se jugaba el partido que permitiría el ascenso definitivo del Málaga a primera división.
El convoy consistía en una vieja maquina a la que se engancharon un montón de vagones cuya única “comodidad” consistía en unas incomodas literas. Nada de vagón restaurante ni horario fijo. El tren paraba para dejar paso al tráfico ferroviario regular, lo que frenaba la “velocidad” de desplazamiento.
Tras más de 22 horas de viaje llegamos a Bilbao con gran ilusión por ganar aquel partido contra el Bilbao Atlético. Los bulliciosos expedicionarios nos perdimos por el barrio viejo bilbaíno y bebimos y comimos a modo. Mi grupo directo estaba integrado por mi suegro, dos amigotes, que lo siguen siendo, y yo mismo.
El partido fue terrible, a última hora Viberti, el gran Sebastián Humberto Viberti metió el gol de la victoria y… a primera. Corría el 7 de junio de 1970. Yo andaba en capilla para casarme y loco por volver a Málaga. Esta vez el viaje duró 23 horas. Por el camino quedaron aficionados que perdieron el tren, mientras visitaban las cantinas de las estaciones en las que parábamos. Toda una aventura. Llegamos a Málaga en loor y en olor de multitudes.
Hoy en día se viaja de otra manera. Trenes cómodos, aviones charter, o vehículos propios que te acercan a Almería en un par de horas. En mi etapa de viajante me costaba casi cuatro horas de carretera peligrosa llegar a la ciudad almeriense.
Lo que no cambia son los forofos. Los malaguistas llevamos en nuestra sangre el sufrimiento por los ascensos y descensos de nuestro club. La suerte nos ha castigado con bastantes dirigentes poco “diligentes” y, en diversas ocasiones, su gestión acaba como el rosario de la aurora.
Lo importante es que ha vuelto la ilusión por el Málaga de niños, jóvenes y mayores; hombres y mujeres. Eso es bueno. Por lo menos hay algo que nos une. Si el tiempo volviera atrás yo no dudaría en coger aquel tren botijo.

