
«Villa d´Este, a apenas treinta kilómetros de Roma, es uno de esos lugares que no sólo se visitan, sino que se graban en la memoria»
Fundada en el siglo VIII a. C. a apenas treinta kilómetros de Roma, la ciudad de Tivoli, antigua Tibur en época romana, fue originalmente poblada por los sabinos. Tras el legendario Rapto de las sabinas, la ciudad se integró dentro de la creciente expansión romana con una alianza sólida, que haría de ella una ciudad próspera.
Su posición estratégica y su belleza natural convirtieron a este magnífico enclave en el lugar favorito de emperadores y nobles romanos. El emperador Adriano (76-138) mandó construir aportando sus propios diseños la magnífica Villa Adriana, un lugar idílico que el intelectual y viajero emperador engalanó con extraordinarias obras de arte, traídas de los lugares más remotos del imperio, que durante su mandato alcanzó su máxima expansión.

Con la llegada de los godos durante los siglos V y VI, Tibur experimentó un notable deterioro; la ciudad se reconstruyó posteriormente adaptando los antiguos templos paganos en iglesias y conventos cristianos.
Fue en el Renacimiento cuando la villa de Tivoli se transformaría gracias a una de las familias más poderosas de Italia, mecenas de las Artes, con una gran fortuna y con gran influencia política, la familia D´Este.
Las villas representan un pilar fundamental en la cultura italiana; van más allá del concepto de estética, constituyen una clara expresión de los valores del Humanismo, tan presentes en la cultura del Renacimiento. No se trata de simples residencias, sino de una combinación armoniosa de naturaleza, arte e ingeniería que crea un lugar placentero donde el espíritu humano encuentra plena realización, siendo además símbolo de prestigio social y poder político.

El cardenal Ippolito II d´Este (1509-1572), nacido del matrimonio de Lucrecia Borgia (1480-1519) y Alfonso I d´Este, III duque de Ferrara (1476-1534), era un hombre apasionado por el arte y con grandes ambiciones. En 1590 fue nombrado gobernador en la ciudad de Tívoli por el papa Julio III (1487-1555). En agradecimiento por su apoyo a la hora de ser elegido pontífice, tras otorgarle el cargo le proporcionó el convento de Santa María Mayor como residencia; fue aquí donde el cardenal decidió construir una magnífica residencia, con una ubicación extraordinaria sobre un barranco con espléndidas vistas.
El cardenal se esmeró en la construcción de un conjunto que pudiera rivalizar con las pertenecientes a los papas con la clara intención de demostrar que, a pesar de no haber conseguido llegar a ser pontífice, su cultura, su refinado gusto y su poder político estaban a la altura. El deseo del cardenal en querer demostrar su poder y la importancia de su familia, se aprecia en toda la villa con motivos mitológicos, símbolos astrológicos y alegorías con ese propósito.

El palacio se encuentra en el centro y se organiza alrededor del antiguo claustro del convento sobre el que se construyó la villa. En la planta superior se sitúan las dependencias privadas con capilla y biblioteca, con unas espléndidas vistas a los jardines. En la planta inferior las salas están decoradas con temas mitológicos y de las Sagradas Escrituras.

Entre las más destacadas, la Sala de Noé, la Sala de Moisés y la Sala de Hércules y las Hespérides; esta última es una de las más emblemáticas y en ella, los frescos exaltan el linaje y las virtudes heroicas de la poderosa e influyente familia D´Este, con la representación de Hércules conquistando el jardín de las manzanas de oro, representado en la Fuente de los dragones.

Los espacios diseñados en todo el conjunto se hicieron con el objeto e impresionar a los invitados que acudían a las numerosas fiestas que organizaba el cardenal; se trataba de un lugar de ocio (otium) en el que se debatía sobre política historia o filosofía y se organizaban conciertos, recitales, opulentos banquetes al aire libre etc… en un entorno extraordinario.
En cuanto a los jardines, en Europa cobraron una importancia decisiva; más que un lugar hermoso en el que disfrutar del ocio, los jardines se convirtieron en espacios en los que las familias acomodadas podían mostrar su estatus y poder ornamentándolos con motivos mitológicos que legitimaban su posición en la sociedad.

El Renacimiento rompe con la tradición medieval dotando a los edificios, incluso públicos, de espacios abiertos. Las nuevas formas y conceptos arquitectónicos responden a la simetría y el orden.
En el jardín renacentista italiano todo el conjunto se ordenaba siguiendo una rigurosa geometría axial; grandes avenidas y parterres que llevaban la mirada hacia puntos focales que podrían ser fuentes o figuras. El jardín se convertía en un museo al aire libre y seguía una historia mitológica que enviaba un mensaje al visitante durante el paseo.

El arquitecto Pirro Ligorio (1513-1583) fue el encargado de dirigir las obras de la villa del cardenal que comenzarían en 1560 Ligorio logró algo extraordinario en cuanto a la ingeniería hidráulica en los jardines; consiguió alimentar las fuentes y cascadas de los jardines de la villa desviando parte de las aguas del rio Aniene y manantiales cercanos tan solo contando con la fuerza de la gravedad, sin bombas mecánicas, algo revolucionario para la época.
Así, Villa Adriana, donde el propio Ligorio realizó excavaciones para estudiar el procedimiento empleado en las conducciones de agua y trasladó esculturas, columnas y mármoles para decorar la villa del cardenal, sería una fuente de inspiración, al igual que los santuarios de la Antigüedad como el conjunto que rodea al Templo de Fortuna Primigenia en Palestrina; en este caso, las laderas del terreno posibilitaban estos diseños que se aprovecharon para la creación de terrazas escalonadas y escalinatas que proporcionan vistas extraordinarias.

El tema principal que recorre el jardín de la Villa D¨Este es el undécimo trabajo de Hércules. Este capítulo forma parte de la serie mítica, Los doce trabajos de Hércules, que simboliza la transformación hacia la purificación, la lucha contra las fuerzas que amenazan a la humanidad y el triunfo del orden sobre la destrucción, así como la demostración de valores como la valentía.

El undécimo trabajo trata de obtener las manzanas de oro en el Jardín de las Hespérides. Todo el conjunto del espectacular jardín posee un simbolismo conectado con la mitología clásica, perfectamente ideado por el cardenal D´Este, que quiere transmitir la idea de que Ippolito II, al igual que Hércules, conquista el paraíso en la Tierra.

El impresionante trabajo realizado por Ligorio en cuanto a la ingeniería hidráulica alimenta a más de mil salidas de agua entre fuentes principales y más pequeñas, caños de agua y chorros.
Es interesante el recorrido en el que se une la ciudad de Tivoli con la Gran Urbe lo que hace de la villa un nexo esencial entre la naturaleza y la ciudad, centro del cristianismo. Se pueden destacar la Fuente Oval que representa a los Montes Tiburtinos y el nacimiento de ríos locales.
El Paseo de las Cien Fuentes que simboliza el curso del río Aniene que conecta con Roma; la Rometta, miniatura de la ciudad de Roma con el Tíber, la Isola Tiberina y otros monumentos romanos.

Existen ejemplos de otras magníficas villas italianas que influirían notablemente en el resto de Europa, transformando la relación del hombre con la naturaleza y estableciendo una relación entre la belleza, el poder, el orden y la armonía. Tan solo algunos ejemplos de las numerosas que existen aún en Italia serían la Villa Farnese en Caparola, Villa Gamberaia en Florencia o la Villa Aldobrandini en Frascati, conocida por su Teatro de las aguas; todas ellas pertenecientes a ilustres familias.
Estas villas no fueron solamente puros espacios de recreo, sino un símbolo de poder en el que la belleza y los conceptos renacentistas en cuanto al orden, la armonía y la búsqueda de la perfección eran esenciales. El legado de estas magníficas villas ha sido esencial para el resto de Europa; Caserta, Versalles etc… todas ellas, tuvieron su referencia en Villa d´Este, un lugar hermoso que al visitarlo nos hace recrearnos en ese periodo excepcional de nuestra cultura occidental. Todo un símbolo de poder y de estética italiana.
Hay lugares que no sólo se visitan, sino que se graban en la memoria, para mí Villa d´Este es uno de esos lugares; el día que la visité por primera vez será para siempre uno de los días más felices de mi vida.
Málaga, 2026

