
«Ayer conmemoramos a Santa Ana y San Joaquín, la fiesta de los abuelos, gremio al que honrosamente pertenezco»
El ser abuelo es una suerte, un privilegio, una carga y un cargo. Pero creo que no debemos dejar de reconocer que los abuelos son una fuerte base de la actual maltrecha economía española. Desde sus puestos de guardería ambulante, realizadores de chapuzas caseras, expertos en bolsa (del súper), preparadores de menús infantiles y bocadillos varios, suministradores de pañales y biberones, realizadores de gestiones en bancos y oficinas públicas, “banqueros” de préstamos a corto plazo, etc., etc.; los “benditos” abuelos han permitido el trabajo fuera de casa de ambos cónyuges, la atención a los pagos de las hipotecas en más de una ocasión y, a veces, desgraciadamente, la vuelta al hogar primitivo de los hijos casados o solteros que han perdido su vivienda.
Todo este trabajo está suficientemente compensado. Un montón de besos, de balbuceantes expresiones de ternura, de miradas agradecidas y de sensación de sentirse útiles, hacen olvidar los esfuerzos realizados.
El secreto para ser un abuelo “guay” se basa en el espíritu. Se tienen tres edades y tres situaciones: La que dicen los guarismos del carnet de identidad, que son inexorables; la que dicen los médicos después de los chequeos oportunos y, sobre todo, la que tenemos, en lo que es básico lo que los franceses llaman la “joie de vivre”, las ganas o la alegría de estar vivos y VIVIR.
Ayer, me dijo el carnet de identidad que cumplí ochenta y un años. Hoy, escribo estas letras con ilusión. He aprendido algo de las nuevas tecnologías y estoy útil para (casi) todo servicio. Seguimos teniendo a disposición de todos “ca la aguela”. Nos falta por cumplir un deseo. La obtención de la tarjeta “bisa” (de bisabuelos). Pero los jóvenes de hoy parece que no están en la tarea.
Gracias patronos San Joaquín y Santa Ana. Permitidme que hoy sea para todos una buena noticia la existencia de los abuelos.

