
«El Mito de Midas y Baco nos hace pensar sobre el incalculable valor de la sabiduría en contraposición con la acumulación de riquezas»
La historia de este mito, recogida en la literatura clásica romana, es quizás una de las enseñanzas más conocidas de la Antigüedad que nos hace reflexionar sobre aspectos fundamentales de la condición humana.
El poeta romano Ovidio (43 a. C.-17 d.C.) lo menciona en Las Metamorfosis (Libro XI), en la que el autor hace hincapié en el arrepentimiento del protagonista ante los hechos que protagoniza. La historia se sitúa en la localidad de Frigia, en la actual Turquía, lugar con gran riqueza en minerales y se divide en dos partes que narran la evolución espiritual del rey Midas.

El primer episodio comienza cuando el tutor del dios Baco, Sileno, se pierde y es encontrado por los campesinos que trabajan para Midas, que, entendiendo el penoso estado en el que se encontraba, lo acoge en su palacio donde recibirá cuidados durante unos días para entregarlo de nuevo a Baco. Muy agradecido, éste ofrece a Midas concederle el deseo que quisiera, el rey pide que todo aquello que tocara se convirtiera en oro.
El deseo fue concedido, sin embargo, se convertiría en tragedia ya que la comida y la bebida se transformarían, al igual que las piedras o los árboles, en oro, por lo que estaba condenado a morir de hambre y sed al tener contacto con cualquier alimento o bebida, por lo que Midas, desesperado, pediría ayuda a Baco para que retirara su deseo que, lejos de otorgarle la felicidad, traería con él una maldición.

Para librarse de ella, Baco le ordenó bañarse en el río Pactolo; este acto simboliza la purificación, lavando la ambición y devolviéndole su esencia, lo que supuso para el rey una lección importante sobre el desapego de lo material como único camino para recuperar una vida verdadera.
Este relato nos invita a reflexionar sobre la creencia de que la posesión material nos da la felicidad, sin embargo, esto no es más que un espejismo puesto que, la obsesión por buscar beneficios económicos, no sólo degasta el valor de las cosas en sí, sino que destruye los vínculos humanos y la propia vida. En definitiva, nos recuerda que no todo lo que “brilla” alimenta el alma porque la verdadera riqueza no está en poseer, sino en la capacidad de entender la esencia de la vida.

En el segundo episodio, el rey Midas debe ser jurado en un certamen musical en el que compiten el dios de la armonía y la razón, Apolo, y Pan que representa la música pastoral e improvisada. Ante la falta de sensibilidad artística, Midas declaró vencedor a Pan, por lo que Apolo, indignado por la incapacidad de reconocer la armonía y belleza musical hace crecer sus orejas como las de un asno, como símbolo de ignorancia. El rey, avergonzado, no quería que nadie supiera de lo ocurrido, pero ya se encargaron otros de divulgarlo, por lo que el rey se sintió aún más ridículo.
La condena impuesta a Midas significa la incapacidad de apreciar la belleza superior, algo que no es físico, es espiritual. La música de Apolo representa la belleza suprema y la armonía cósmica, algo que nada tiene que ver con lo material. Esto nos hace recapacitar sobre el hecho de que, para emitir un juicio estético sobre algo, es necesario el conocimiento y esto es algo interno que la riqueza no puede comprar.

El mito de Midas y Baco ha inspirado a escritores y artistas a lo largo de la historia, que lo han interpretado según la propia estética del momento.
En la Edad Media, el Mito se consideró como algo pecaminoso, sin embargo, el Renacimiento le dio un nuevo significado. En una sociedad en la que el éxito comercial hacía crecer el valor a lo material, algunos pensadores se planteaban si el dinero, la acumulación de riquezas y el poder que esto les otorgaba constituían realmente el fin o la meta del ser humano. Los artistas ilustraron el relato en sus obras no sólo como elementos decorativos, sino que lo planteaban de manera didáctica.
En realidad, la interpretación renacentista del Mito de Midas y Baco nos aporta ciertos valores muy presentes en la cultura occidental. Por una parte, el arrepentimiento, el hombre se equivoca por su ambición, pero su conducta puede ser enmendada; por otra parte, nos hace pensar sobre el incalculable valor de la sabiduría en contraposición con la acumulación de riquezas.

En cuanto a la literatura, además de la versión de Las Metamorfosis de Ovidio, el novelista estadounidense Nathaniel Hawthorne (1804-1864) hace una adaptación del mito en la obra Un libro de maravillas para niños y niñas con el título El toque de oro.
En él, el escritor aporta humanidad a la tragedia siendo la hija del protagonista quien se convierte en oro tras el deseo del rey, de esta forma, pone de manifiesto hasta donde puede llegar la avaricia. Hawthorne resalta que el verdadero valor en la vida no se encuentra en la riqueza material, sino en los auténticos lazos del corazón. Interesante lectura.

El artista británico Walter Crane (1845-1915) realizó sesenta ilustraciones para la edición de lujo del libro de Hawthorne, editado en 1893; una de ellas, quizás la más conocida, es la que representa al rey con su hija en brazos, cuando toma conciencia del error que fue haber pedido el deseo de convertir todo aquello que tocara en oro.

Jacob Jordaens (1593-1678) realizó varias versiones sobre el tema, en su obra Apolo vencedor de Pan sitúa la escena en la competición musical y muestra a Midas con las orejas de asno.

Otra de las obras más significativas es Midas ante Baco del pintor francés Nicolas Poussin (1594-1665), una obra maestra en la que el pintor representa el momento de arrepentimiento del rey cuando es liberado de su deseado “don”.
Se puede hacer una sencilla reflexión sobre como el mito de Midas y Baco está vigente en la sociedad actual, donde el ser humano no encuentra la paz y la tranquilidad interior, tan necesarias para el propio bienestar, seducido por falsas promesas, manipulaciones e intereses de todo tipo que le hacen perder la libertad.

Se ha priorizado el “tener” al “ser”. La avaricia institucionalizada y la pérdida de valores éticos y morales son síntomas claros de cómo, al igual que el rey Midas, rodeados de todo lo material, morimos de hambre y sed y nos vamos alejando del amor al ir perdiendo la humanidad.
El baño purificador de Midas en el río nos exhorta a recuperar la vida, pero sin poseerla, porque sólo podremos sanar todos aquellos desajustes que nos enferman cuando dejemos de vivir en las apariencias y creer que ese “oro falso” es el que nos dará la felicidad, y no es así, simplemente esto nos hace esclavos, nos quita libertad y hace que vivamos en un engaño que ni nos beneficia ni nos hace felices.
Conviene no olvidar que hay algo que nadie nos puede arrebatar, nuestro espíritu libre, el que nos hace distinguir el preciado valor que tiene un momento auténtico, frente a la eternidad de un cofre de oro. Por tanto, no estaría mal que el mito nos despierte y nos haga tomar conciencia antes de estar bañados completamente en oro.
Una reflexión sobre la distinción entre lo aparente y lo esencial, así como sobre los límites de la condición humana.
Málaga, 2026

