
«Entre mis escasas virtudes no se encuentra la de la docencia. Lo cual no me impide sentir una gran admiración por los maestros de todo tipo»
Estoy totalmente rodeado por docentes de las distintos grados, profesores de infancia, primaria, secundaria, bachiller y universitaria. Algunos de mis hijos y nietos han tomado esta opción. Ninguno se ha hecho millonario. Pero los veo satisfechos con su desempeño laboral.
Esta característica refuerza mi opinión de que el magisterio es una opción fuertemente enraizada en la vocación. Sus perspectivas laborales pasan por obtener, como mucho, el grado de funcionarios y, dentro del mismo, superar los años de servicio. Mi madre y mi tía, maestras de la República, cumplieron todos ellos satisfactoriamente.
Hoy me encuentro rodeado de estudiantes de Humanidades cuya salida lógica es la enseñanza. Tanto ellos como los docentes que nos preparan, saben perfectamente lo que les depara el porvenir. Unos sueldos que van de los mil euros netos, de principio, a los 4.500 brutos de los catedráticos universitarios.
Es decir, les espera seguir con la situación de mileuristas durante un montón de años. Sin poder acceder a una vivienda, un vehículo y unas condiciones mínimas para crear una familia. Todo ello les lleva a estar viviendo unas jornadas de huelgas y reivindicaciones a lo largo de estos días. Profesores y maestros se encuentran por las calles, reclamando la equiparación de los sueldos entre la pública y la privada, así como entre unas comunidades y otras, menos horas de trabajo, la disminución de los ratios y mejoras salariales en general. En el fondo, lo que quieren es mejorar las estructuras y un salario más justo y proporcionado con su formación y trabajo.
La buena noticia de hoy es que no han perdido la ilusión ni las ganas de mejorar la cultura, diezmada por los planes de estudio y la politización de la enseñanza, en manos de unos gestores que sacan nuevas alternativas a cual peor.
Los desastrosos resultados del informe PISA demuestran la mala gestión de la enseñanza por parte del ministerio, que tiene acogotados a los docentes, así como la escasa atención de los padres que han dejado el control escolar de sus hijos en manos ajenas.
Espero que estas reclamaciones den su fruto y tengamos unos docentes que sigan disfrutando de su vocación y, como no, recibiendo un justo salario por su trabajo y esfuerzo.

