
«Aquellas terribles imágenes han vuelto a aparecer en nuestras mentes»
Cuando habían transcurrido pocos días del año 2026, vivimos una noche de pesadilla a consecuencia del terrible accidente ferroviario de Ademuz. En mi caso, incrementado por la secuencia televisiva en la que veía a mis propios hijos saliendo por el techo de uno de aquellos vagones.
Ayer pensaba que las circunstancias de este nuevo accidente, esta vez en la provincia de Toledo, habrían vuelto a reproducir, como una especie del “día de la marmota”, aquellas horas terribles que vivieron los afectados aquel 18 de enero y que, gracias a Dios, pudieron contarlo. Efectivamente, según me confesaron telefónicamente mis hijos, habían vuelto a vivir cada uno de aquellos momentos de una forma inmediata y dolorosa.
Ha vuelto a pasar. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Pero la vida del ser humano depende de un hilo, de unas malas gestiones o de unas malas decisiones. Que más da. De vez en cuando las circunstancias dan fe de nuestra fragilidad humana. Han vuelto a chocar dos trenes y ha llegado la catástrofe.
Vamos a acabar añorando aquellos larguísimos viajes en tren, con una locomotora echando humo por todos lados y las ventanillas de los vagones cerradas para que no nos entrara carbonilla. Viajes llenos de transbordos, con provisiones que se compartían con los vecinos de vagón, cortas amistades que se disolvían al llegar al destino y, sobre todo una incertidumbre total sobre la hora de llegada a nuestro destino. A rememorar aquella tremenda larga media hora pasando por los túneles del chorro, la compra de toda suerte de vituallas locales en las diversas estaciones y el mozo de cuerda que en la estación transportaba tus pertenencias al coche de caballos que te llevaba a tu domicilio.
Sí, se que me he metido por los cerros de Úbeda. Todo ha sido para intentar borrar los sentimientos de horror y de volver inmediatamente a expresar mi solidaridad con los familiares y amigos de los viajeros perdidos, enterrados entre los restos del accidente, o en los hospitales sin ser identificados por el momento.
Las terribles catástrofes ferroviarias se han cebado últimamente sobre el maltrecho pueblo andaluz, que ha pagado con sus vidas la ineficacia de algunos y la ambición descontrolada de los prepotentes seres humanos, que nos creemos controlarlo todo y al final nos tenemos que rendir ante la evidencia.
Descansen en paz los fallecidos, que mejoren los heridos y, aquellos que tengan alguna responsabilidad sobre lo sucedido, consigan superar estos malos momentos. Lo fácil es buscar culpables y señalarlos cobardemente. Al final todos somos seres humanos, con nuestras virtudes y nuestras deficiencias. Dice el dicho popular que entre todos

