Los agentes sociales son una extraña figura política de la España actual y tanto la UGT, Comisiones o la CEOE son organizaciones subvencionadas.
Los agentes sociales. Por Amando de Miguel

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Los agentes sociales son una extraña figura política de la España actual y tanto la UGT, Comisiones o la CEOE son organizaciones subvencionadas.

No digo que la III Guerra Mundial vaya a empezar esta semana; de venir, esperará hasta la primavera o más allá.

El lenguaje es una moda y la abundancia de prefijos exóticos en el discurso concede al emisor una suerte de aura de persona ilustrada.

Con la crisis de valores, el estudio se considera como una de las penosas obligaciones, mientras se ensalzan todas las posibles formas de entretenimiento.

La revolución agraria ha sido, paradójicamente, el cenit de la llamada revolución industrial. Hoy no padecemos las hambrunas del pasado.

La vía más simple para derrocar al tirano es la de confiar en la derrota del sátrapa en unas elecciones regulares. No es fácil.

Vivimos tiempos de penumbra por la impresión de que se ha ampliado, exageradamente, el espacio público de los secretos de Estado.

España representa una posición media en Europa. No es fácil explicar ese relativo estancamiento español de los últimos lustros.

El pesimismo es la forma de contrarrestar la odiosa propaganda que nos cerca por todas partes. No me refiero, solo, a la política.

Los gobernantes de los varios regímenes españoles han seguido el modelo de los médicos o los maestros y ya es necesario un nuevo estilo.

El relativo éxito de la lucha contra la pandemia se ha visualizado en el uso general de las mascarillas. Se han convertido en un adminículo universal.

Un amigo mío resume, con esta hermosa aliteración, el juicio sobre la conducta de nuestro amado Presidente: Es un tonto importante.

La legitimidad de ejercicio, que puede exhibir el actual Gobierno, no parece demasiado plausible. Simplemente, el espíritu de la Constitución se incumple de manera reiterada.

El eventual triunfo electoral de Yolanda y la ideología yolandista supone la condición negativa de la otra parte del espectro político.