
El jardín seco por Rick Deckard: De cuando resulta imposible gobernar un pueblo…

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Las kunoichi eran mujeres entrenadas desde su infancia en el asesinato y el espionaje.
El cine y el manga tiende a retratarlas como personajes de acción, muy similares a sus contrapartidas masculinas, los shinobis (ninjas). Si bien es cierto que recibían entrenamiento de combate, sus técnicas de campo eran habitualmente más sutiles: se las instruía para convertir objetos cotidianos en armas mortíferas, y eran expertas en el arte de la seducción y el envenenamiento.
Camufladas como monjas, prostitutas o cortesanas, usaban todas sus artes para granjearse el favor de hombres poderosos y obtener información valiosa para su clan, llegando incluso al matrimonio.




En japonés existen palabras de difícil traducción a otros idiomas. Una de ellas es shokunin, que hace referencia a aquel artesano que ha dedicado su vida a un oficio, perfeccionando su técnica hasta sublimarla y convertir su labor en arte.
Esta forma de proceder en el trabajo está muy arraigada en la mentalidad japonesa y entronca directamente con la filosofía budista zen, según la cual, cualquier persona que se entregue con devoción a una actividad, por más mundana que esta pudiera parecer, está entregándose también al perfeccionamiento del propio espíritu y la búsqueda de la iluminación. Ésta era la razón de que muchos samuráis consideraran que la dedicación al camino de la espada no era una actividad meramente física o militar, sino eminentemente espiritual.



Ve a la batalla solo después de haber creado las condiciones para la victoria




Sentencia de Yamamoto Tsunetomo: Un samurái no piensa en términos de victoria o derrota, simplemente combate hasta la muerte.


Nápoles, 1853. El rey Fernando II de Borbón ordena la construcción de unos túneles bajo la ciudad, que comunicaran el palacio real con los barracones militares para que, en caso de necesidad, el monarca pudiera ser evacuado con toda seguridad.

Fernando murió antes de que el entramado subterráneo fuera completado, de modo que el proyecto se abandonó y cayó lentamente en el olvido.

Durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó como refugio antiaéreo y, entres esos años y los 60, se empleó como almacén de todo tipo de vehículos, que han quedado congelados en el tiempo.

El lugar, a unos 100 metros de profundidad y con cerca de kilómetro y medio de galerías, se construyó bajo los acueductos que proporcionaban suministro de agua a la ciudad.

El nombre de todo esto es «Galería Borbónica». Se accede a ella a través de una escalera en la Piazza del Plebiscito.

Fue recuperada a partir del año 2000 y ofrece visitas guiadas y copas en un pub en sus profundidades.
