
El jardín seco por Rick Deckard: De la justicia y la pobreza

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La ira de un hombre apacible es uno de los temores que debe tener el hombre sabio, pues no hay nadie más peligroso que una persona serena….




Reflexión para este comienzo de semana tórrida que nos espera. Si somos capaces de mantener vivos nuestros ideales, y nuestros principios, podremos morir tranquilos.



Las kunoichi eran mujeres entrenadas desde su infancia en el asesinato y el espionaje.
El cine y el manga tiende a retratarlas como personajes de acción, muy similares a sus contrapartidas masculinas, los shinobis (ninjas). Si bien es cierto que recibían entrenamiento de combate, sus técnicas de campo eran habitualmente más sutiles: se las instruía para convertir objetos cotidianos en armas mortíferas, y eran expertas en el arte de la seducción y el envenenamiento.
Camufladas como monjas, prostitutas o cortesanas, usaban todas sus artes para granjearse el favor de hombres poderosos y obtener información valiosa para su clan, llegando incluso al matrimonio.




En japonés existen palabras de difícil traducción a otros idiomas. Una de ellas es shokunin, que hace referencia a aquel artesano que ha dedicado su vida a un oficio, perfeccionando su técnica hasta sublimarla y convertir su labor en arte.
Esta forma de proceder en el trabajo está muy arraigada en la mentalidad japonesa y entronca directamente con la filosofía budista zen, según la cual, cualquier persona que se entregue con devoción a una actividad, por más mundana que esta pudiera parecer, está entregándose también al perfeccionamiento del propio espíritu y la búsqueda de la iluminación. Ésta era la razón de que muchos samuráis consideraran que la dedicación al camino de la espada no era una actividad meramente física o militar, sino eminentemente espiritual.



Ve a la batalla solo después de haber creado las condiciones para la victoria