Parece como si la sociedad en la que convivimos estuviera condenada a oír -cualquier cosa- y a no escuchar casi nada, tal es el atropello sonoro que padece.
Elogio del silencio. Por Diego Pardos

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Parece como si la sociedad en la que convivimos estuviera condenada a oír -cualquier cosa- y a no escuchar casi nada, tal es el atropello sonoro que padece.