Para alguien con un ego del tamaño de la Vía Láctea lo más doloroso sería la repulsa pública, sin docenas de guardaespaldas y en plaza pública.
Los pies y la princesa prometida. Por Pigdemont

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Para alguien con un ego del tamaño de la Vía Láctea lo más doloroso sería la repulsa pública, sin docenas de guardaespaldas y en plaza pública.