El universo canario, sus gentes, se cicatrizaron en mi corazón hace mas de veinte años y este verano he vuelto a supurar con el cariño que se tiene a la mera evocación de la felicidad. Paisajes, amigos, música, esquinas, recuerdos… La silueta azul del Teide vista desde el Atlántico, las playas rosas del Hierro en el pueblo más occidental de Europa, los rubios de Tamargada en la Gomera, o la playa a babor de Gúi Gúi en la Gran Canaria que allí conocen como «Lo seco», todo un ejemplo de precisión y filosofía para la nomenclatura de los lugares.
Vivimos con la esperanza de convertirnos en recuerdo, aunque tan solo sea en el fragmento de una pequeña anécdota. En la terraza del Hotel Madrid, junto al Gabinete literario de Las Palmas se produce uno de los encuentros, Allí están mis amigos de aventuras, la veterana tripulación. Juan el patrón, su vicealmirante Marcos y los especialistas Michel y Cristian. La conversación alegre ejemplifica la frase «el recuerdo es la esperanza invertida» de Flaubert y en mi dicha afloran las imágenes olvidadas, casi muertas. El bar de Sánchez, las historias de Fina la gorda, las horas de precalentamiento antes de bajar a Mogán, la punta del «Descojonado» y ese perdido estadio insular en el que el fútbol era el mejor pretexto para la expresión oral y el desahogo emocional. Es el patrón quien recuerda el bolero de Casanova. Risas y risas. Y de aquí a los grandes temas de la actualidad que lo impregna todo con la ortodoxa corrección. Qué lástima.
Juan dice: «Qué barbaridad de bolero. Mientras se cepilla a una le dice a la otra: Tranquila, esto es solo una «demora de amor». Es el puto amo. No creo que haya sobrevivido a las feministas. Me imagino que lo fusilarían al amanecer bajo la bandera violeta.» Y acaba sus reflexiones con un viejo lema que a todos nos hace brindar: «Otra ronde de Tropical, por favor». A continuación viene el estribillo, momento musical que tarareamos: Espera turno, que todavía no te toca, mi corazón le pertenece a otra, que está primero que tu.

