Los representantes de la derecha y la social democracia Juncker y Schulz, por la mínima, podrán pactar en el nuevo Parlamento Europeo sus propuestas de Ley. Pero desde la otra mitad de su arco parlamentario van a tener que oír toda clase de discursos en contra y desde todos los flancos, hasta los mas extremos. Lo nunca hasta ahora visto y oído.
Ahí estarán para ello los nuevos cinco parlamentarios de Podemos capitaneados por el profesor universitario, el catódico Iglesias, apoyando a los griegos de Syrizas y exigiendo cada día, el no pagar las diferentes deudas nacionales o reclamando un nuevo estilo de Banco europeo capaz de darle al botón de la impresión de billetes de quinientos euros, mas gasto, mas intervencionismo y mas impuestos y así, acabar con la política de recortes, con la austeridad, y de paso con un déficit extraordinario.
En esa clave nacional que hemos sufrido en esta campaña electoral, esto quiere decir que la solución política sugerida por Felipe González de una coalición entre el PP y el PSOE como herramienta extravagante para salvar a la casta, todavía se puede llevar a cabo pero por los pelos, en una Bruselas , que hoy amanece nueva, porque aquí, paradójicamente han aterrizado una legión de euroescépticos de todo género y condición, como son por ejemplo, los nacionalistas franceses de la señora Marine Le Pen, que desde extrema derecha coinciden en reclamar un fuerte estado social parecido al que exigen los cultivados por la extrema izquierda. En una Bruselas, en definitiva, que en su corazón político da la impresión que olvida su pasado cercano envuelto en llamas de guerra. y, que desde hoy ha convertirá su Parlamento en una jaula de grillos, de ruido e incomprensión por tanto, cuando afloren los grandes temas que a todos en esencia nos afectarán en nuestras vidas privadas y la necesaria posibilidad de un futuro en paz para nuestros hijos: el euro, la deuda, el endeudamiento, la inflación y las fronteras.
Porque en esencia Juncker y Schulz, como Rajoy y Rubalcaba, tienen los días contados para una gran mayoría de ciudadanos que vemos como se reparten la tarta del poder. Por ahora les siguen votando todos aquellos que comen de sus migajas, que es cierto todavía son muchos millones de europeos.
Y el gran dilema es, que unos y otros, todos los miembros de la casta asumen que la tarta se acaba y ellos dejarán de mamonear la pastelería pero los nuevos políticos que ya han llegado, no se sabe si tienen la cultura suficiente para conocer que aquí, en la vieja Europa, el horno está mal construido desde sus orígenes y puede estallar en cualquier momento.


