Mientras sus vecinos agradecen ante los micrófonos la valentía de los ecologistas de Greenpeace y se manifiestan en contra de las prospecciones petrolíferas en aguas españolas, su presidente, el señor Paulino Rivero declara sin rubor que esta, y se refiere a la búsqueda de petróleo, es la mayor agresión de España a Canarias desde la conquista.
Y es que, tal y como está el patio de Monipodio, resulta casi imposible no indignarse, aunque sea a nivel intelectual, ante la mas de mitad de cuarto de demagogia que protagonizan los titulares de los medios de comunicación. Hemos pasado del soez «a ver quién la tiene mas grande» a sufrir, a cada instante, un progresivo desafío a las entendederas que cualquiera de nuestros políticos en busca de una insensata huida hacia adelante suelta por la boca. Los catalanes independentistas se salen con sus barbaridades. El señor Homs, por ejemplo, se dejó caer esta semana con que sus hijos no hablan español y, que por ello, en su casa están prohibidas las televisiones generalistas.
Pero lo peor en esta angustia que procura la incomprensión del absurdo, y del cinismo, no son los politicastros, ya que nunca espera uno de su parte, algo de razón, sensatez o verdad. Lo rematadamente incongruente es tener que oír en público, ya sea en la barra del bar, la esquina del barrio o las redes sociales, a los amigos o simplemente conocidos, alardear de barato progresismo, para me imagino caer bien, simplemente, ante la parroquia. Es la imagen del fachilla del PSOE con El País en el sobaco, del funcionario de Educación que dicta en sus clases sobre la leyenda negra del expolio español en América o ese inefable sindicalista liberado que confunde el estado del bienestar con el bienestar de su estado.
Esta ilustración, por ejemplo, que compara el muro de Berlín con el muro de Palestina ha sido compartida la Red durante los últimos días con fiebre viral. Cómo si en la vieja Europa no supiéramos que el de Berlín no tiene parangón por ser el único Muro de la historia de la humanidad levantado mas que por el miedo a los «bárbaros» del exterior, por la terrible consumación de la política totalitaria de aislar a los tuyos de lo que llega desde fuera.
Y es que es terrible la consumación de de la demagogia. Hoy mismo mas de cuatrocientos emigrantes ilegales han vuelto a intentar saltar la frontera de Melilla. El tercer mundo, la miseria y la injusticia de nuevo en el tapete, del que por supuesto nadie quiere recoger las migajas y mucho menos esa caterva de abogados de fortuna y «oenegés» subvencionadas por el país contra el que se querellan.
Por cierto ¿Cuántos canarios saben de los intereses de Greenpeace con las petroleras norteamericanas? y Por qué el Petróleo que Marruecos va a extraer colindando con las aguas españolas es ecologista y el que busca Repsol matará la economía canaria?





La demagogia, la desinformación y la manipulación juntas forman un conjunto explosivo ante ese sentido común al que, incomprensiblemente, aludía hoy el manipulador canario Rivero. «Cosas veredes, Sancho…» Un abrazo