Trump, el populismo y la manipulación tanto política como periodística

 

Donald Trump durante su ya famosa rueda de prensa
Donald Trump durante su ya famosa rueda de prensa

Si Dios, o alguien más cercano no lo remedia, Trump será presidente de los EEUU la próxima semana. Este hombre va a tener una triste entrada en la Historia, la de ser el que acabó con el sistema democrático en Norteamérica. Y no exagero. Este hombre será el comandante supremo de las fuerzas armadas, y ello significa que si da orden de atacar un determinado objetivo los demás deberán obedecer. Si decide no respetar un determinado Tratado o romper un compromiso los demás acatarán ¿O no? Ahora se verá la efectividad de la tan cacareada separación de poderes y la tan exaltada valentía individual de los norteamericanos.

 

 

¿Cuántos altos mandos o altos cargos desobedecerán una orden irracional (y de éste espero muchas) ¿Quién se atreverá a negarse a un negociete que le propongan los vástagos Trump, sabiendo que se enfrentan nada menos que al presidente del país más poderoso del mundo occidental, y propietario del negocio en cuestión a más a más, como decimos los catalanes?

 
Alguien ha determinado que la palabra más utilizada en el 2016 fue “populismo”. Pues bien, este hombre es el epítome de esta definición. COmo dijo alguien, “Ni él podía llegar más alto ni Norteamérica caer más bajo”. ¿Y de quién es la “culpa” del ascenso de las ideas más reaccionarias de la Norteamérica profunda? ¿Porqué fracasaron todos los vaticinios sobre el triunfo de una opción más democrática?

 
El fenómeno no es sólo de EEUU. Prácticamente todas las consultas que se han planteado el pasado año dieron resultados “sorprendentes” para los llamados expertos. EL referéndum de Colombia, el de Gran Bretaña, las elecciones en EEUU o en España con el ascenso de un megalómano iluminado como Iglesias, la amenaza del Frente Popular en Francia”… son situaciones y razones distintas pero con el mismo final; un resultado inesperado o al menos distinto al mayoritariamente anticipado. Es solo una pequeña muestra de un fenómeno que ningún experto ni ningún político ha sabido anticipar; la distancia creciente entre los sentimientos de la calle y la clase (que no casta) dirigente, no sólo la política.

 
Cuando la política olvida una de sus obligaciones principales; la didáctica, la de explicar a sus votantes el cómo y el porqué de sus acciones y decisiones. La de contar con los sentimientos y realidades de quienes soportan las decisiones políticas y económicas (en definitiva son lo mismo). La de atender a las realidades y expectativas de sus ciudadanos es cuando se producen estas “sorpresas”.

 
En el caso norteamericano, quienes se han sorprendido del ascenso de un patán como Trump es que no conocen la América profunda. No los exquisitos neoyorquinos ni los altivos funcionarios de Washington ni los bon vivants de California, sino los obreros que reniegan de los coches de importación que les han dejado sin trabajo, o de las comunidades religiosas o sectarias del interior que viven encerradas en su mundo de reglas y privaciones. O de los pensionistas que ven su pensión desaparecer por las especulaciones bursátiles de las grandes corporaciones, etc, etc, etc, Otro tanto podría decirse de Gran Bretaña y su delirio de grandeza que hace que a los británicos de pro les resulte intolerable obedecer mandatos de unos salvajes tan poco refinados como los europeos continentales. A ellos, tan refinados!!!

 
Mientras las clases dirigentes, de todo pelaje, no escuchen a sus ciudadanos, mientras la educación sea objeto de manipulación política constante en búsqueda de votos fáciles en lugar de la búsqueda de la excelencia, mientras la cultura del esfuerzo y el éxito merecido sea objeto de sospecha constante y desprecio (por no decir simplemente envidia), mientras los ciudadanos no aprendan a defender sus derechos en la misma medida que a cumplir con sus obligaciones, mientras no defendamos nuestros logros con la misma determinación con que otros pretenden destruirlos, seremos victimas de estas “sorpresas” políticas que irán mermando la situación privilegiada de la que disfrutamos los países democráticos, para caer en manos del primer iluminado que se cree con derecho a decidir cómo debemos vivir y qué debemos pensar.

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Ana Castells

Ana Castells

Soy Licenciada en Derecho y periodista de profesión. He sido Jefe de Prensa del Ministerio de Cultura y del Tribunal Constitucional. Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la compañía RENFE. Editora y Presentadora de diversos informativos de TVE y corresponsal de RNE en Francia. Profesora en diversos Masters de Liderazgo y Comunicación.

6 comentarios sobre “Trump, el populismo y la manipulación tanto política como periodística

    • Anna Castells
      el 14 enero 2017 a las 15:39
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      En cambio su comentario demuestra su gran inteligencia y finura intelectual.

      Respuesta
      • el 14 enero 2017 a las 16:39
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        No necesito probar que soy fino intelectualmente. Simplemente me sorprende la cantidad de prejuicios que manifiesta usted en torno a Trump. Con toda seguridad nacidos del desconocimiento y muchas veces de la mala intención.

        Respuesta
        • Anna Castells
          el 14 enero 2017 a las 17:41
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          Disculpe, ignoraba que fuese ustef amigo del sr Trump. Yo le juzgo , en uso de mi libertad de pensamiento, por sus palabras y sus actos hasta el momento presente. De mis “intenciones” si que no tiene usted ni idea.

          Respuesta
  • el 13 enero 2017 a las 13:04
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    Lo siento Ana, no estoy de acuerdo con el artículo. Populista en todo caso es Obama, que ha prometido el oro y el moro y no ha hecho nada. Si, en cambio, don Nobel de la Paz ha estado en guerra los 8 años de su mandato destrozando países y sembrando en caos hasta que Rusia le paró los pies en Siria. Lo que Ud., siendo periodista, debería hacer, es confirmar lo dicho por Trump sobre los Miedos de comunicación. Parece más un artículo sobre España, sobre todo lo del populismo y la educación. Trump representa lo poíticamente incorrecto y quizá, viendo la derrota que llevan la gran mayoría de países del mundo, sea la solución o un primer paso. Aunque soy escéptico y no por Trump.

    Respuesta
  • el 13 enero 2017 a las 13:35
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    Desgraciadamente la democracia no es perfecta , pues cualquier imbécil vota.
    Protestan y después, ante cuatro gritos y teatro del político de turno, salen corriendo a votarlo.
    Así estamos…

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