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Si vis pacem por José Crespo: El cuento chino de los condes reyes de la falsa Cataluña

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El cuento chino de los Condes Reyes

 

 

 

Hay quienes insisten, en la línea de la perversión histórica, en citar a los reyes aragoneses como los “condes reyes” a partir de Alfonso II, cuando lo cierto es que lo que continúa es la secuencia real aragonesa tal como se cita en la Cronica Regum Aragonum et Comitum Barchinone, procedente de San Juan de la Peña y hoy en la Biblioteca Nacional de París.

 

Los condes no van coronados, llevan espada y una palma o un ramo de azucenas. Los condes en vez de pomo y cetro llevan espada y con ella se simbolizaba también la justicia y el poder.

 

 

 “Insisten, en la línea de la perversión histórica, en citar a los reyes aragoneses como los “condes reyes” a partir de Alfonso II. Otra mentira de la falsa Cataluña”

 

 


Los reyes incluida Doña Petronila van coronados y con los atributos reales, cetro o pomo y esfera. Ramiro II el monje va tocado con prendas religiosas y su corte de pelo es monacal, tampoco su capa va forrada de rojo.

 


En el rollo de Poblet aparecen, los que aquí vemos seguidos, los once condes de Barcelona, y los reyes herederos del condados barcelonés y mal llamados “condes reyes aragoneses”, a los que se añaden en el pergamino los cinco reyes privativos de Aragón desde Ramiro I a la reina Petronila, cuyo enlaces sellaría la unión definitiva de la casa condal de Barcelona a la corona real de la dinastía aragonesa.

 


Ello se refleja en el pergamino con la convergencia de las dos líneas en dos círculos secantes que rodean a Ramón Berenguer IV que aparece como conde y a Petronila como regina: el conde ofrece el anillo de su alianza a la reina que aparece en avanzado estado de gestación hecho que se aprecia en su postura y aspecto, aunque hay quienes se empecinan en afirman que la reina “Petronila parece inclinarse con gesto de reverencia hacia el conde de Barcelona”.


El Académico de la RAH Don Faustino Menéndez-Pidal de Navascués fue categórico en el asunto al denunciar que algunos polígrafos nacionalistas: “Encabezan las injusticias históricas respecto a Cataluña con el Conde Ramón Berenguer IV; este al casarse con la reina niña aragonesa hizo demasiadas concesiones, pues debió haberse titulado rey de Cataluña y de Aragón. Pero tal reproche olvida una dificultad: que Cataluña, la unidad diferenciada que pretenden, no tenía una clara existencia ni aún en el nombre, pues catalanus y Catalonia no aparecen en los documentos oficiales hasta treinta o cuarenta años más tarde y olvida también que el tomar el título de rey no dependía entonces y no dependió después del capricho individual. Pero Ramón Berenguer IV sin saber que estaba desagradando al nacionalismo del siglo XX hizo más que el no llamarse rey: se reconoció vasallo del emperador toledano Alfonso VII, hecho bien divulgado por la honradez historial de Zurita, pero callado por historiógrafos nacionalistas catalanes, quienes cuando tienen que hablar del emperador y del conde-príncipe de Aragón envuelven la historia en una terminología anacrónica y enfática: els dos sobirans, el del Estat castellà y el del Estat catalano-aragonès, y llama Confederación catalano-aragonesa a lo que siempre se llamó simplemente REINO DE ARAGÓN”.

 

 

José Crespo

De House of Cards a la expulsión del podemita Fachín y la traición, o como la realidad siempre supera a la ficción

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House of cards

 

 

“Toda una lección en veinte  segundos de qué significan los resortes del poder que cualquier seguidor de la actualidad de la política nacional puede intuir en una mayoría de las noticias que llegan a titular”

 

 

Al final de la segunda temporada de la serie House of cards el Vicepresidente de los Estados Unidos le deja claro a la congresista Jackie Sharp que necesita su ayuda para cargarse a su  Presidente. Esta le contesta :

  • – “Pero… ¿Es casi una traición?” . Y  Underwood, interpretado por Kevin Spacey, le contesta:
  • – “Casi…, Así es. Esto es política”.

 

 

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Underwood, interpretado por Kevin Spacey

 

 

Toda una lección en veinte  segundos de qué significan los resortes del poder que cualquier seguidor de la actualidad de la política nacional puede intuir en una mayoría de las noticias que llegan a titular y protagonizan las polémicas más enrevesadas. Y es que, a la trama de esta adictiva serie otra vez en el candelero por las acusaciones sexuales a su protagonista Kevin Spacey no le falta ningún ingrediente: El poder, el sexo, la ambición, la excitante relación entre el periodismo y la política, las relaciones internacionales, el asesinato, o el sentido del humor. Los recursos clásicos, y en definitiva de siempre, que los guionistas de la trama  utilizan,  “hornean” y miden con la sabiduría y el oficio que solo gastan los más grandes.  Una prueba más del por qué los grandes críticos cinematográficos nos explican, cada día, que las series para televisión han heredado la grandeza, tanto artística como industrial, con la que Hollywood acuñó y definió el término del Séptimo Arte.

 

 

“El principio de la gran obra de Dickens, una de las citas literarias más repetidas en la historia, resuena amplificada en la serie House of cards con un contexto nuevo”

 

 

En otra secuencia inolvidable de la serie, el jefe de gabinete de Frank Underwood (interpretado por Michael Kelly) que  es el personaje que más gusta a la audiencia, le pide a otra protagonista en su coche que le lea algo. Esta le contesta que no tiene ningún libro a mano, y Doug, así se llama en la ficción, le dice que saque del móvil “La historia de dos ciudades” que es el libro que le leía su madre de niño y así, el principio de la gran obra de Dickens, una de las citas literarias más repetidas en la historia, resuena amplificada en la serie con un contexto nuevo, una iluminada interpretación de los guionistas que bien podríamos relacionar con la terrible realidad que sobrecoge nuestra alma cada día con las noticias protagonizadas por los refugiados de la guerra de Siria, los asesinatos de los talibanes, el guerracivilismo que administran algunos políticos españoles, la secesión que en Cataluña proclaman los separatistas o el nepotismo con el que contratan los nuevos ayuntamientos podemitas:

 

 

 

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto…».

 

 

 

Y lo recuerdo hoy en que la realidad, de nuevo, supera a la ficción con el relato de la expulsión del podemita catalán, el argentino Fachín, por los caciques de Podemos. Un hecho que a los guionistas de House of cards, estoy seguro se les habría pasado por su privilegiada mollera. La constatación en definitiva de las palabras de Dickens al revelarnos la existencia de esas dos ciudades que conviven en el tiempo y expresan los dos polos de la ética del ser humano.