Cogidos de la mano.. Como si fueran jóvenes otra vez o como si siempre hubieran vivido un noviazgo perpetuo

COGIDOS DE LA MANO.
Cogidos de la mano

 

 

“Son ancianos, entrañables y venerables, que caminan cogidos de la mano como si fueran jóvenes otra vez o como si siempre hubieran vivido un noviazgo perpetuo”

 

 

 

Mientras el paseante camina por las calles en su diario quehacer observa cómo se despliega la vida en ese abanico cotidiano de múltiples y sencillas manifestaciones, que precisamente son las que tienen importancia en este mundo y no otras. Un perro que juguetea con su dueño, unos niños que vuelven de la escuela, los árboles del parque… Lo que sea y quien sea, pues todo tiene su papel en esa maravillosa de la Creación.

En esa sinfonía de personajes, lugares y cosas llama la atención un cuadro que últimamente a este observador le ha hecho reflexionar e incluso le ha alegrado alguna mañana. Son parejas cogidas de la mano, cosa nada sorprendente en principio para estos tiempos; pero la cosa cambia pues no se trata de las parejas habituales en las que todos estamos pensando.

Son ancianos, entrañables y venerables, que unen sus manos como si fueran jóvenes otra vez o como si siempre hubieran vivido un noviazgo perpetuo. No se resisten a proclamar su unión y huyen de ir simplemente cogidos del bracete, gesto más recatado y hasta ahora más frecuente en las personas mayores. El amor se siente en esas manos unidas que desafían el paso el tiempo. Un amor que ha vencido todos los obstáculos de muchos años de convivencia, que ha superado mil discusiones, que ha vencido a la rutina. Ahí es nada.

 

 

Precioso
Un amor que ha vencido todos los obstáculos de muchos años de convivencia, que ha superado mil discusiones, que ha vencido a la rutina. Ahí es nada

 

 

“Cuando uno es adolescente sueña a veces con absurdos que entonces se le antojan románticos como, por ejemplo, eso de que queda bien el morir joven”

 

 

 

Cuando uno es adolescente sueña a veces con absurdos que entonces se le antojan románticos como, por ejemplo, eso de que queda bien el morir joven. Obviamente, esas gansadas se piensan cuando se ve la ancianidad como algo lejano e incluso terrible, pero el tiempo todo lo cura y al final se impone el pragmatismo y la razón. Quizás por eso hoy día proclamo que me gustaría ser como esos novios-abuelos cuando el invierno de la vida llame mi puerta, y poder bailar pasodobles con mi señora en el Hogar del Pensionista para luego marcharnos a casa cogidos de la mano, juntos. Como en los buenos tiempos.

Aunque siempre hubo buenos tiempos. Y así que sigamos.

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Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

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