
«En este acoso sufrido por Pastrana quedan por confirmar algunas esencias todavía oscuras. La primera es la del posible delito cometido al menos contra la Ley de Protección de Datos»
La secuencia de los hechos es tan terrible como documentada en la historia del fascismo en la vieja Europa, el mismo dogmatismo de las checas comunistas que el del exterminio de los nazis a los judíos.

Ayer el diputado en Coartes por ERC, Gabriel Rufián amenaza en Twitter a Pastrana con desvelar su identidad. Pastrana es un tuitero azote de la izquierda totalitaria y de supremacistas varios, de sutil y fina ironía, que cuenta con miles de seguidores al que hoy otro famoso tuitero podemita desvela la identidad de nuestro héroe (nombre, profesión y domicilio) y la horda anónima de la caverna de trolls de la izquierda española, Al mas puro estilo KGB, STASI, NKVD o SECURITATE, comienzan un acoso contra el personaje, al que se suman para su difusión famosos como el del coletas Pablo Iglesias. Pablo Echenique o las periodista Ana Pastor y Julia Otero. Los llaman políticos y periodistas, ero son algo más. Una cacería repugnante.

«¿Cómo se puede permitir esto en España La caverna izquierdista cree que está por encima de la ley?»

Queda una vez mas claro que el mundo del pajarito es el paraíso para la caverna podemita, también la bajeza moral de esa izquierda española, que solo tiene como objetivo destruir España y para ello está dispuesta a todas las infamias que se le pasen por su blando cerebelo. Por el contrario en este acoso sufrido por Pastrana quedan por confirmar algunas esencias todavía oscuras. La primera es la del posible delito cometido al menos contra la Ley de Protección de Datos por, presuntamente formaciones políticas, que han utilizado sus recursos para encontrar la identidad de un tuitero que les criticaba. ¿Cómo se puede permitir esto en España. La caverna izquierdista cree que está por encima de la ley?

Y sabemos bien en España que los acosos empiezan en la red, y terminan en lo físico. Y sabemos también que muchos y poderosos, convierten la fundamental libertad de expresión en un auténtico chicle con el unos hacen globos y otros se atragantan porque depende de quien se lo meta en la boca.
