
«Una ballena había muerto en Tailandia después de tragarse ochenta bolsas de plástico»
Hace pocos días pude ver por la tele una noticia que me produjo una profunda tristeza, y también indignación: Una ballena había muerto en Tailandia después de tragarse ochenta bolsas de plástico. El cetáceo fue encontrado un lunes, flotando inerte sobre el agua, incapaz de moverse. Tras cuatro días de agonía, la ballena falleció a causa de una obstrucción intestinal. Convulsionándose y vomitando plástico hasta morir de una manera cruel e injusta. Y también absurda.
Todavía, cuando veo la foto de aquel noble animal, varado en la orilla del mar, sin vida, me invade una pena enorme, acompañada de otros sentimientos como la rabia y la frustración. Ocho kilos pesaban las bolsas de plástico que fueron encontradas en su interior y que le provocaron la muerte. Una nimiedad, en comparación con los ocho millones de toneladas de basura que van a parar todos años a los océanos, según denuncia Greenpeace. Eso me hizo pensar en cuántos otros de cientos de criaturas inocentes morirán a diario en nuestros mares por ese mismo motivo, y que no vemos en televisión ni en periódicos.

«Y todo ello a causa del uso desmedido y caprichoso de un material, cuya nocividad, a estas alturas, ha quedado sobradamente demostrada; el plástico»
Y todo ello a causa del uso desmedido y caprichoso de un material, cuya nocividad, a estas alturas, ha quedado sobradamente demostrada; el plástico. A partir del uno de Julio, será obligatorio que todos los comercios cobren las bolsas de plástico. Me pregunto, ¿qué se pretende con esa medida? ¿No sería mejor prohibirlo directamente? ¿Sustituirlo por papel u otros materiales biodegradables? Porque a estas alturas la concienciación es una posibilidad en la que me cuesta mucho creer. Y sin embargo es tan sencillo. Vas a una farmacia y te endosan una bolsita de plástico por un medicamento que cabe en el bolsillo. Compras una barra de pan y te la meten en una bolsa… ¿tanto cuesta llevar uno o dos artículos en la mano? ¿Es tan trabajoso portar un bolsito de tela doblado y meter en él la compra? Y si es una compra grande, existen unos carritos que además son muy cómodos y evitan de paso que nos hagamos daño en la espalda.
Cualquier cosa, si con eso reducimos las posibilidades de que otro animal en cualquier rincón del mundo pueda sufrir las fatales consecuencias del uso del plástico. Ya sé que en estos días todo el mundo habla de la moción y el cambio de gobierno y de las consecuencias que puedan tener en un futuro inmediato. Sé que esa es una de las preocupaciones principales de la gente, así como la marcha de Zidane, o cómo quedará España en el mundial, o si llegará el verano de una vez y podremos por fin disfrutar del buen tiempo. Sin embargo, yo tengo clavada en la retina la imagen de esa pobre ballena y no puedo evitar sentirme en parte culpable, por todas las bolsas de plástico que he usado alguna vez. Soy consciente de que si dejo de usar bolsas, probablemente seguirán muriendo animales y los océanos se seguirán contaminando. Pero ¿y si no soy solo yo? ¿Y si millones de personas nos ponemos de acuerdo? Un pequeño gesto puede no servir para nada, pero millones de pequeños gestos pueden cambiar el mundo.
