
«Se asegura que la democracia es la menos mala de los sistemas políticos. Pero tiene un mal muy difícil de subsanar: la corrupción, que desde sus inicios a finales del siglo XIX, es su principal problema»
Se asegura que la democracia es la menos mala de los sistemas políticos. Pero tiene un mal muy difícil de subsanar: la corrupción, que desde sus inicios a finales del siglo XIX, es su principal problema. Hasta el momento, un asunto no resuelto en ningún estado democrático. Y es sencillo de comprender, pues la democracia esta íntimamente ligada a la libertad colectiva e individual. Mientras que en los regímenes dictatoriales la corrupción estaba más controlada, debido al rígido control sobre las personas y entidades.
En efecto, la burguesía, motor de la democracia, liberaba la economía dando con ello rienda suelta a las maniobras delictivas. En el caso de las democracias solo una justicia fuerte, independiente y eficaz pueden solventar ese problema que acucia de manera puntual a España. Una justicia que se honre de su estatus, se hace indispensable. En España, sin embargo, el poder legislativo nombra a los jueces y fiscales, haciendo un flaco servicio al bien común. La Ley del 85 (Ley Orgánica del Poder Judicial), salvó a los políticos de ser tratados igual que al resto de ciudadanos. Los hizo de otra casta , mucho más protegidos, dando un golpe de gracia a la igualdad de todos, una estocada mortal a la democracia, dando alas a la corrupción para volar a su antojo.
Por tanto, no es que haya un par de partidos políticos corruptos, eso está en función del poder acumulado, sino los son todos. Es consustancial al sistema democrático. Repetimos, la única solución es dar autoridad e independencia a la Justicia, única garante de los buenos hábitos, ademas de obligar a los partidos políticos a una absoluta y real transparencia financiera. Solo con un control estricto por parte del aparato judicial podremos salvar el menos malo de los sistemas políticos que es la democracia. Pero también el que más se presta y facilita la tentación del robo. Demostrado está.

La política per sé no es el origen de la corrupcion. Es el hombre quien se corrompe a sí mismo y todo lo que toca desde el momento en que decide que el fin justifica los medios. Es el hombre el que llega corrupto a la escena política.
No quiero con esto decir que sea un hecho generalizado ni mayoritario, pero sí que unos pocos tiñen las aguas de negro.
Salud.