(I) El Valle de los Caídos. De las mentiras, los profanadores y el rencor contra los muertos. Por José Crespo

El Valle de los Caídos
El Valle de los Caídos

“No sé si debo de estar equivocado pero desde niño cuando visité el Valle de los Caídos se me enseñó que era un símbolo de reconciliación y que las guerras civiles son lo peor que le puede ocurrir a un pueblo”

He de agradecer a mis padres el hecho de que jamás intentaron plantar en mi corazón o en el de mis hermanos ninguna semilla de odio hacia nadie. No voy a hablar de mis abuelos en estas líneas pero me encantaría hacerlo en un foro donde se hablara de la auténtica reconciliación pues ambos procedían de bandos diferentes en la última guerra civil. No me crié en el odio y sí en el servicio desinteresado a los demás.

No sé si debo de estar equivocado pero desde niño cuando visité el Valle de los Caídos se me enseñó que era un símbolo de reconciliación y que las guerras civiles son lo peor que le puede ocurrir a un pueblo, nada que ver con un mausoleo para autobombo personal.

Un amigo intentando definir lo que se pretende hacer me decía que “ensañarse con los muertos, sean estos quienes fueren, más parece un signo de cobardía suprema más propio de tribus prehistóricas o de miserables patológicos”, yo me atrevo a corregir a mi amigo en el sentido de que los pueblos que llamamos primitivos tienen y demuestran un verdadero respeto hacia los muertos algo que desgraciadamente no tienen algunos y que desde luego no se tuvo con las brutales profanaciones y ensañamientos con los templos durante la guerra civil española de 1936-39 y sus momentos previos.

El actual presidente del gobierno, de nuestro gobierno, de todos los españoles, creyentes incluidos, decidió en su toma de posesión no tener presente ni el crucifijo ni la Biblia, entiendo porque es materia que no le interesa y porque no es creyente, me parece muy bien, en cambio sorprende que quiere entrar mediante un procedimiento de urgencia en un templo religioso y sacar un cuerpo que lleva décadas enterrado.

“El decreto-ley exige el presupuesto de hecho habilitante: la extraordinaria y urgente necesidad que si no concurre, convierte la norma en inconstitucional”

Como sabemos el decreto-ley es una norma con rango y fuerza de ley, y, como ley, es GENERAL, no puede dictarse para un caso concreto. En este supuesto resulta especialmente sangrante porque se quiere evitar justamente el control judicial del acto de la exhumación. El decreto-ley exige el presupuesto de hecho habilitante: la extraordinaria y urgente necesidad que si no concurre, convierte la norma en inconstitucional. A mi modesto entender hacerlo por decreto-ley es una monstruosidad, por dos motivos: El decreto-ley es válido desde que se dicta. Si el Congreso no lo ratifica, queda derogado, pero no anulado. Lo malo del asunto es que solamente el Tribunal Constitucional podría tirarlo abajo y no sería rápido, pero realmente es eso lo que buscan, aunque posteriormente se declare inconstitucional y alguien haya cometido delito como prevaricación o profanación… el caso es conducirnos a lo que llaman “segunda transición” una guerracivilista opción abanderada por los derrotados en la guerra civil que defienden lo que era un gobierno deslegitimado y deseoso de una guerra que estaba convencido de ganar y que ahora pretende acabar con el actual sistema democrático y con la monarquía.

En España existen de verdad problemas realmente urgentes y de primera necesidad pero plantear el hecho de la exhumación de Franco en esos términos e incluso algunos como el tal Esteban, representante del partido separatista PNV, que debería ser ilegal como todos aquellos que pretendan acabar con la unidad de España y la Soberanía Nacional, y que plantean ir más allá dando como solución para el Valle de los Caídos su demolición, olvidando todos ellos, incluidos los de la derecha desmemoriada que el Valle fue expresamente construido como símbolo de reconciliación.

Se siguen repitiendo mantras falsos de toda falsedad que nunca se harán ciertos por muchos que los repitan, uno de ellos consistente en que Franco construyó este monumento como mausoleo y gloria para sí mismo, otro que fue edificado con mano de obra esclava y el último que allí se depositaron cuerpos arrancados a las familias después de la guerra civil.

Es muy importante que nos remitamos a expertos como Alberto Bárcena que desde un punto de vista histórico y científico han estudiado, investigado y desgranado este envenenado asunto hasta el punto de que nuestros representantes políticos ajenos al conocimiento nadan y chapotean alegremente en la piscina de la indigencia intelectual por voluntad propia o simplemente por supina ignorancia.

La basílica Benedictina del Valle de los Caídos fue construida en dieciocho años, entre 1940 y 1958, e inaugurada el 1 de abril de 1959, en el lugar de Cuelgamuros en la madrileña sierra de Guadarrama como homenaje a todos los Caídos por lo que allí se encuentran enterrados actualmente 33.872 combatientes DE AMBOS BANDOS enfrentados en la última guerra civil, provocada precisamente por quienes pretendían convertir España en una república soviética.

Otras estimaciones hablan de más de 50.000, procedentes de toda España, y depositados por detrás de las dos grandes capillas del Santísimo y del Sepulcro, a los lados del crucero, y de las seis capillas también laterales de la Virgen en la nave de entrada. Muchos de los restos están perfectamente identificados de forma personal y otros vinieron de fosas comunes, lo cual dificultó en su momento también su perfecta contabilización. NO HAY SEPARACIÓN POR BANDOS, sino que están unos y otros entremezclados.

En su diseño intervinieron arquitectos de prestigio como Pedro Muguruza y Diego Méndez con estructuras de Juan de Ávalos y su cruz fue ideada y propuesta no por Franco sino por el afamado y avanzado arquitecto y urbanista Casto Fernández-Shaw Iturralde (no Carlos, su padre fallecido en 1911) cuyas obras encontramos desparramadas por la capital de España y el territorio nacional. Lejos de esto encontramos odas al rencor como la de tildar al monumento como “un templo consagrado al maligno” o “una de las grandes obras de la Arquitectura del Mal Gusto” argumentando que “la Historia, la moral y el sentido común exigen: su reconversión en museo de la infamia”.

“La leyenda negra escrita contra el Valle de los Caídos grabó con fines propagandísticos el soniquete infundado de que el lugar fue un mausoleo que Franco se construyó para autobombo y gloria de sí mismo”

La leyenda negra escrita contra el Valle de los Caídos grabó con fines propagandísticos el soniquete infundado de que el lugar fue un mausoleo que Franco se construyó para autobombo y gloria de sí mismo cuando en realidad nunca dio norma ni dispuso que fuera enterrado allí. A esto se añadió que en su maldad Franco empleó para la construcción a presos de la guerra civil como mano de obra esclava. La realidad es bien diferente pues tras la inhumación iba a ser enterrado en el cementerio de El Pardo y fue el gobierno de entonces y el rey Juan Carlos I quienes ordenaron que fuera enterrado en el Valle, en ningún caso Franco dictó disposición alguna para su enterramiento en el Valle.

La resolución de concebir el Valle de los Caídos a la vez como cruz, templo y panteón común fue la fórmula menos improcedente de cuantas era posible arbitrar. Su simbología conectaba con la necesidad de cicatrizar heridas, deponer antagonismos y volver a encontrarse juntos. El carácter sagrado de esos componentes conmemorativos excluye otra idea que no sea la de una nueva armonía y de reconciliación bajo lo que es el signo máximo de la pacificación que es la propia Cruz. En cuanto a los documentos fundacionales el énfasis se pone directamente sobre los fines religiosos, sociales y culturales al servicio de la obra pendiente de la concordia y de la justicia entre los españoles, aparte de servir como memoria y túmulo de TODOS los Caídos.

La presencia del monasterio y de sus monjes subraya también ese significado del lugar no solamente como memorial sino además como centro de actividad espiritual y cultural. La abadía benedictina creada en el Valle recibió la misión de aglutinar y coordinar estas funciones. Sus monjes fundadores son procedentes de Silos y pertenecen a la orden religiosa cuya tradición ha unido más estrechamente ambos aspectos.

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José Crespo

José Crespo

José Crespo. Si Vis Pacem Para Bellum, enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Soldado en la reserva, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por".

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