(XV) Año 2025. 50 Causas: Historia de una masacre. Por Antonio E.

Historia de una masacre.

«La memoria de todos nuestros mayores, y la de los que con ellos murieron, estarán siempre presentes en nuestras memorias»

A cinco años vista de la pandemia que acabó con la vida de más de 160.000 españoles, el recuerdo que nos queda de aquella masacre es de infinito dolor por la muerte de muchos de nuestros conciudadanos, y como no, la completa seguridad de la pésima gestión que de ella hizo el gobierno del PSOE, la peor con diferencia.  

Decir pésima es decir poco, decir delincuencial se aproxima algo, decir algo peor, no llegaría ni con mucho a lo que diría en otras circunstancias. Lo que quedará para los anales de la historia de la delincuencia criminal organizada, es como el poder aprovechó la ocasión para enriquecerse a costa de la tragedia.  

Nadie, repito, nadie, por mucho poder que tenga en estos momentos, me haría cambiar de opinión, ni podría rebatir, sin faltar a la verdad uno solo de mis argumentos en los que millones de españoles estamos de acuerdo. Los culpables de las muertes de muchos españoles, en aquellos momentos estaban sentados en la mesa del consejo de ministros. La corresponsabilidad en la toma de decisiones, por ley, así lo dice. 

Cuando en nuestras memorias aún tenemos frescos aquellos sucesos, la impudicia de estos sujetos nos recuerda que siguen siendo los mismos que nos condujeron a la mayor matanza que ha sufrido España, desde la Guerra Civil. Culpar a los demás de lo que ellos cometieron, va de suyo, para nuestra desgracia viene siendo lo habitual. 

Decir que lo único digno que existe en RTVE son sus urinarios, constituye una ofensa a los mismos, señalar que son la voz de su amo, induce a decir sin tapujos que son la mayor indecencia que en democracia puede darse. Ficharon a golpe de millonada al payaso que coreaba aquella vomitona de … ¡Coronavirus oeee! Fue el insulto más indecente que podría hacerse a los muertos de aquella masacre, para vergüenza de todos, el mismo payaso ha sido recompensado por su indigna actuación. En este caso el gobierno paga con nuestros impuestos el favor prestado. 

Quedó grabado a muerte en nuestras memorias, las palabras de Pablo Manuel Iglesias Turrión, vicepresidente por entonces del gobierno de España. Este tipo compareció en público para decir que se hacía cargo de todas y cada una de las residencias de España, como máximo responsable político de ellas, el resultado es el que fue.  

¿Para qué compareció el dueño de la coleta? ¿Para exhibir paquete? ¿Para lucirse ante sus acólitas? En cualquier caso, ese sujeto desapareció de escena, ante el primer muerto por COVID. Hoy día sus esbirros lo niegan, y la justicia no le reclama. Muy edificante, como todo lo que está ocurriendo en España.  

Recordamos como si fuese hoy mismo la indecencia del gobierno, cuando se negó a declarar la emergencia nacional por pandemia. Que nadie olvide que el gobierno de Sánchez conocía con bastante anterioridad la grave situación que se nos venía encima, y no hizo nada. Hoy día siguen negándolo, incluso una de sus vicepresidentas lo admitió. Que una pandemia no nos prive de robar, que una masacre no nos impida follar gratis. Esto último empezó a hacerse cuando a diario morían españoles por centenares.  

Recordamos perfectamente que se autorizaron centenares de manifestaciones aquél 8 de marzo maldito, permitiendo que se contagiaran decenas de miles de asistentes, como así sucedió. Lo sabían, lo saben, y siguen negándolo, miles de tumbas les desmienten, más de ciento sesenta mil muertos reclaman justicia, pero su justicia no admite ningún caso. 

Recordamos con repugnancia, a los miserables que estaban al frente de la crisis del Covid-19, un tal Simón cuyo nombre me produce repugnancia y asco con solo nombrarlo.  Y un sieso inútil como ministro de sanidad, apellidado Illa, cuya profesión tendría que haber sido la de «tanatopractor» acaparó compras y decisiones.  

Estos despreciables mamarrachos nos aseguraron que en España a lo sumo habría dos o tres contagios. Hoy día sabemos por varios organismos internacionales que en España hubo entre 165.000 y 175.000 víctimas mortales. Lo saben y lo siguen negando, rasgo característico de los que siempre negaron ser los culpables. 

Sabemos con certeza, está en los tribunales, que al mismo tiempo que en España morían por centenares a diario, miembros del PSOE se enriquecían con la compra de mascarillas y equipo sanitario de la más ínfima calidad. Esto en un país serio se llama asesinato, en la satrapía de Sánchez se llama socialización de la muerte. 

Sabemos por los sumarios que en la actualidad se están incoando, que al tiempo que sucedía la tragedia, destacados socialistas confeccionaban y usaban barajas de putas, o muestrarios, o álbumes, o como quieran llamarlo. Que un buen polvo, o dos o quince, no te distraigan de la masacre que estaba asolando España. Nada de lo anterior salió en el libelo que ha dado TVE. Nada mejor que un sicario para tapar a otros de su mismo pelaje. 

Recordamos como se falsearon las cifras de muertos, aquello sí que era triaje. A miles de muertos no se les practicaron análisis forenses tras su muerte, razón por la cual en las actas de defunción no constaron como fallecidos por COVID. ¡Qué gran labor de maquillaje de números! A fin de cuentas, lo importante era salir rico de la crisis, como así sucedió. 

El cruce de datos con las funerarias nunca coincidió, las estadísticas tampoco, el motivo, en España es necesario certificar la muerte de una persona para enterrarle, es decir, la causa de la muerte deberá figurar en el certificado de defunción. A causa de ello miles de muertos por COVID, no figuraron, ni figuran como tales en ninguna estadística. Se sabe que el gobierno y sus medios afines pasaron de puntillas sobre este tema, no como cuando murió el perro Excalibur, suceso que conmocionó hasta límites grotescos a la izquierda extrema, y adláteres. 

¿Recuerdan cómo el gobierno, sus medios y sus voceros habituales protestaron como energúmenos cuando la prensa libre publicó en portada una foto del palacio de hielo donde se amontonaban ataúdes? ¿Recuerdan? La razón era muy simple, en España bajo la bota del autócrata Sánchez la muerte no debía verse ni tampoco publicarse.  

Sin embargo, sus zahurdas televisivas pasaban una y otra vez enterramientos en masa en Brasil, camiones frigoríficos donde se apilaban bolsas de cadáveres en EEUU, y enterramientos en fosas comunes en otros países. Digámoslo claro y sin tapujos, bajo este gobierno se robaba y se follaba a costa del erario público, y la muerte de decenas de miles de españoles era un daño colateral, el cual carecía de importancia a ojos de aquella turba de miserables. ¿Acaso es incierto? 

¿Recuerdan que nos encerraron por dos veces de forma ilegal en nuestras casas? ¿Alguien pagó por ello? Vivimos en la peor de las dictaduras, bajo la bota de un traidor irresponsable. Decir que a Sánchez le importamos tres cojones, es la forma más suave de decirlo, también dicen que la dignidad es lo último que se pierde, este déspota repugnante nunca la conoció. 

 El ciudadano español es lo que parece ser, un súbdito de Sánchez, un ser amorfo sin vida propia, un ente vegetativo que respira gracias a que su amo le permite seguir respirando. ¿Les jode leerlo? Pues a mí no me echen la culpa por señalarlo, yo también estoy en la manada. ¿Qué hacemos para remediarlo? Absolutamente nada. 

No me extenderé más de lo necesario, la única verdad que existe, es la que todos padecimos y soportamos. Otra medalla en el trasero del tirano, una de tantas en el haber de un sujeto al que lo único que le importa es seguir dictando. 

Entre todos los mataron, y ellos solos, muy solos, completamente solos, murieron. Ni olvido ni perdón. La memoria de todos nuestros mayores, y la de los que con ellos murieron, estarán siempre presentes en nuestras memorias. 

                                                                           DEP 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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