Mientras los demás aullamos a la luna, los guapetones campan por la crisis como Pedro por su casa. Por Vicky Baustista Vidal

Los guapetones Pedro Sánchez y Zapatero
Los guapetones Pedro Sánchez y Zapatero

“Seguimos ladrando a la luna, aunque nunca nos haya respondido, aullemos con más o menos gracia. Debe ser que no somos lo suficientemente guapetones”

Mientras los perros ladramos a la luna, los guapetones y feotes campan por la crisis como Pedro por su casa – valga la redundancia-.

A mi eso de sensibilizarse del lado de los guapetones, sirvan para algo o no, siempre me ha obnubilado. Seguramente esa condición es más de mujeres, pero también los caballeros se dejan influir. Al señor Felipe González, en sus tiempos de pretendiente vestido de pana y con la boca llena de “obrero” y “cambio” – La palabra cambio siempre les ha encantado a los socialistas-, pues, al señor González, se le tenía por guapo, porque, aunque los ojitos eran del tamaño justo para ver algo, contaba el buen hombre con labios carnosos; y las señoras socialistas de entonces lo encontraban guapetón. Y las que no sabían si eran socialistas o no, también.


A lo largo de la historia he observado con el anonadamiento que me caracteriza ante ciertas circunstancias de la historia, como el guapetón de turno, ganaba los concursos, se llevaba siempre las alabanzas y a veces los puestos destacados en la voluntad de los votantes.


Me he horrorizado muchas veces cuando he escuchado por ahí a gente despotricar de Aznar o Rajoy porque no eran guapos y babear oralmente acerca de la fotito, muy inapropiada para un aspirante a gobernar un país, del Señor Rivera, o con el mismo Zapatero, que a alguno y alguna que otro les parecía muy guapetón.


Incluyamos también a alguna mujer en el catálogo de guapetones, por ejemplo, La señora Arrimadas, que es otra guapa en el altar de los que solo usan los ojos para elegir a sus políticos.


Disfruta ahora el personal elector de un nuevo “bello” en el horizonte. Llegó como envuelto en celofán, chulito y espigado sin dejar ni a su esposa que ose competir con su atractivo.


Creerá que no nos hemos dado cuenta de que sabe perfectamente que no está mal y, por lo tanto, para resaltar aún más su valía exterior, se ha rodeado de lo mas florido de la fealdad socialista. Desde la marcial ministra de Defensa hasta la nueva de Sanidad, pasando por el resto del gabinete, ninguno es tan bonito como el jefe, que, además, es el que mejor cara de odio pone cuando se le contradice, lo que, para él, debe resultar un valor añadido.


Y es por eso por lo que nadie se mete mucho con la joya de la Moncloa, que, por otro lado, no se baja de helicópteros ni de aviones, no vaya a ser que algún “encantado” con sus tejemanejes le tire un cantazo al pasar y le haga un chichón que le deje algo menos hermoso de lo que él se considera. 
Y así andamos. Seguimos ladrando a la luna, aunque nunca nos haya respondido, aullemos con más o menos gracia. Debe ser que no somos lo suficientemente guapetones.

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Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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