La mayor parte de los andaluces prefieren otros candidatos: Otra vez será, Juanma. Por Manuel Vicente

Esto es lo mejor que puede presentar cada partido. Por Linda Galmor
Esto es lo mejor que puede presentar cada partido. Por Linda Galmor

“El desarrollo de la campaña electoral está mostrando a los andaluces un panorama político desolador y deprimente”

El desarrollo de la campaña electoral está mostrando a los andaluces un panorama político desolador y deprimente. En caso de que el recuento de votos del 2-D confirme los pronósticos de la mayoría de las encuestas, podríamos encontrarnos con que el PSOE obtiene el peor resultado de su historia, dado que hasta ahora los sondeos vaticinan una ruptura del suelo socialista, de 45 escaños, establecido allá por 1994 por Manuel Chaves propiciando la ya famosa ‘legislatura de la pinza’. Este evidente deterioro del respaldo social no supondrá, sin embargo, que Andalucía se deshaga del régimen socialista, cuya longevidad se confirmará mayor que la del de Franco, dada la imposibilidad de una alianza a tres entre PP, Ciudadanos y Podemos para desalojar a los socialistas de la administración autonómica. ¿Es, o no, deprimente?

“Ninguno de los cuatro principales candidatos a la Presidencia de la Junta obtiene la mayoría de las preferencias de los andaluces, como ha puesto de manifiesto un reciente sondeo de la empresa GAD3”

El 2-D amenaza con sumir a una parte de la sociedad andaluza en la más absoluta desesperación ante la incapacidad de su clase política de acabar con el régimen socialista, no ya por el buen hacer de éste, sino por la inoperancia del resto de formaciones de generar una alternativa capaz de ganarse la confianza mayoritaria de los ciudadanos. El desengaño de la sociedad andaluza con sus dirigentes políticos ha llegado a tal punto que ninguno de los cuatro principales candidatos a la Presidencia de la Junta obtiene la mayoría de las preferencias de los andaluces, como ha puesto de manifiesto un reciente sondeo de la empresa GAD3 publicado en el periódico Abc, en el que la mayor parte de los encuestados (23,9%) prefiere a “otro” candidato, en lugar de a Susana Díaz (22,8%), Juan Manuel Moreno (13,9%), Teresa Rodríguez (11,8%) o Juan Marín (16,2%).

Las épocas de arrolladoras victorias del PSOE en Andalucía, el granero de votos socialistas, incluso con abultadas mayorías absolutas, han pasado a la historia. Ahora, el PSOE es el mayor partido minoritario, pero con eso le basta para mantenerse en el poder y seguir controlando todos los resortes para dirigir a la sociedad andaluza por la anodina senda de progresivo deterioro de su calidad de vida. Esa mayoría minoritaria es suficiente para conferir total tranquilidad a las huestes socialistas con vistas al 2-D. Cuentan que, al término del debate del pasado lunes en Canal Sur, un destacado dirigente espetó al candidato del PP, Juan Manuel Moreno, al pasar junto a él: “Otra vez será, Juanma”. Sí, otra vez, ¿pero cuándo?

Ésa es la gran incógnita: cuándo conseguirá la sociedad andaluza tener una clase política que no sea responsable por acción u omisión del mantenimiento del régimen socialista porque, según lo visto en el debate del  Canal Sur, parece que tampoco en estas elecciones ninguno de los candidatos que encarnan a los cuatro principales partidos sea fiable ni confiable. En elecciones anteriores, una mera sospecha de obtener los peores resultados de su historia habría provocado un cataclismo interno en el PSOE de proporciones descomunales, mientras que en esta ocasión los dirigentes socialistas campan jocosos por los pasillos de la política andaluza lanzando chascarrillos con el temple de quien se sabe ganador. Por suerte para Susana Díaz en dicho debate no tenía enfrente a ese “otro” candidato que prefieren los andaluces según las encuestas, sino a los segundones Moreno, Rodríguez y Marín, quienes protagonizaban un desesperante enfrentamiento ‘a tres’ para regocijo de la candidata presidenta, quien ni en sus mejores sueños habría vislumbrado un debate, y unas elecciones, tan plácidos. De hecho, la mayoría de las crónicas del debate daban a Díaz como ganadora por incomparecencia “del rival” ya que sus oponentes estaban más preocupados por ver quién queda segundo.

“Con semejantes contrincantes no era extraño que la candidata presidenta se engrandeciera hasta el punto de presumir de tener “un comportamiento ejemplar” en la lucha contra la corrupción”

Con semejantes contrincantes no era extraño que la candidata presidenta se engrandeciera hasta el punto de presumir de tener “un comportamiento ejemplar” en la lucha contra la corrupción y de haber implantado más controles del dinero público que ninguna otra administración. En un alarde de desfachatez producto del exceso de confianza, Díaz obviaba el contenido de los informes anuales en los que la Cámara de Cuentas menciona irregularidades tales como el pago de sobresueldos a altos cargos sin justificación, el desconocimiento del número de empleados contratados en la administración paralela, donde además se realizan adjudicaciones discrecionales, y un sinfín de prácticas de dudosa honestidad. Ni por asomo se le ocurrió a ninguno de sus oponentes recordar el trato vejatorio y humillante que altos cargos de su administración dispensan a aquellos funcionarios que han osado poner de manifiesto alguna práctica con visos de irregularidad, y sólo la candidata podemita refrescó mínimamente la memoria sobre la fallida creación de la Oficina contra la Corrupción, prometida por escrito por PSOE y Ciudadanos en su acuerdo de gobernabilidad al inicio de la legislatura.

El hecho de que Teresa Rodríguez rehuya la confrontación directa con Susana Díaz y, sobre todo, con el PSOE es una muestra más que evidente de que está abonando el terreno para un pacto postelectoral, que volverá a apuntalar al régimen, como ya hicieron con anterioridad el Partido Andalucista, Izquierda Unida y Ciudadanos. Por mucho que la ‘Clinton de Cádiz’, como ha sido bautizada en su tierra, quiera desmarcarse de las tesis pablistas, es más que obvio que toda la organización podemita le forzará a reeditar en Sevilla los acuerdos que sostienen en Madrid al Gobierno de Pedro Sánchez, reforzados además con el denodado interés de sus socios de Izquierda Unida de volver a sentarse en los despachos y coches oficiales de la Junta de Andalucía, como ya hicieran en la legislatura 2012-15. Lo que se presume en esta tierra cuando se tiene acceso a los resortes del poder, lo que viste gozar de la confianza de los señoritos del régimen, lo que se estila poder estar presente en eventos de gente ‘ilustrada’, es una tentación demasiado fuerte de la que no queda al margen ni la izquierda supuestamente revolucionaria; deseosa de entrar con pantalones vaqueros y chanclas en los despachos para hacer lo mismo que los adeptos ‘pata negra’ con carnet del partido desde 1982.

Sabedora de que Rodríguez ya ha gastado toda su munición en los debates parlamentarios de la legislatura, la candidata presidenta apenas se dirige ni a ella ni a Podemos en sus intervenciones más locuaces, las cuales dedica a su hasta ahora socio barato de gobierno Juan Marín, quien en un alarde de desahogo propio de quien pela gambas con una mano se muestra en esta campaña como el azote implacable del socialismo después de cuatro años de compadreo en San Telmo y en las Cinco Llagas. Parapetado tras las figuras deslumbrantes de Albert Rivera y de la jerezano-catalana Inés Arrimadas, el exconcejal sanluqueño que ha cambiado de partido como quien elige fichas en el parchís desbarra con total impunidad, atribuyéndose los éxitos del Gobierno del PSOE y desmarcándose de los desastres. Habilidad sí hay que reconocerle ya que Ciudadanos va a ser el primer partido que saque rédito electoral a su condición de muleta del régimen, en contra de lo ocurrido con sus antecesores PA e IU. Agria victoria en cualquier caso ya que jamás la suma de sus escaños con los del PP alcanzará los 55 votos necesarios en el Parlamento autonómico para nombrar presidente.

En la mejor de las hipótesis, el mayor éxito de Marín sería desbancar al PP en el liderazgo de la oposición, lo cual no supondría más que una premonición de la infinitud del régimen socialista, además de un paso hoy impensable hacia la desaparición del Partido Popular, cuyo ignoto candidato no ha sabido apreciar en cuatro años que sus escaños y los de Ciudadanos son vasos comunicantes de movimiento oscilante, de manera que cuando sube uno baja el otro, y viceversa, pero la suma final siempre estará por debajo de 55. Para los anales de la historia del desconcierto quedará la frase de Moreno en el ya mencionado debate presumiendo de que su partido es “el único que garantiza el fin de la corrupción”, como si el PP valenciano o el madrileño fueran distintos del andaluz, o como si los sobres de Bárcenas no se hubieran repartido también de Despeñaperros para abajo.

Desfachatez elevada a la enésima potencia si somos malvados, o excentricidades de personas encapsuladas en una realidad al margen de lo social si somos benévolos. Sea como fuere, lo mejor que le podría pasar a la sociedad andaluza es que acabara ya la campaña electoral y esperar a que en las próximas elecciones aparecza “otro” candidato.

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Manuel Vicente

Manuel Vicente

Cosecha sevillana del 64. Una treintena de años de ejercicio periodístico (El Correo de Andalucía y RNE, entre otros, y actualmente en Canal Sur Radio) al lado de la clase política me han permitido comprobar la degradación en las capacidades de aquellos a quienes los ciudadanos otorgamos la responsabilidad de resolver nuestros problemas. Analizar en ocasiones lo que se cuenta y lo que no, es una ejercicio generalmente gratificante. Huelga decir que mis opiniones y pensamientos son sólo míos y que sólo yo soy responsable de lo que escribo. Como siempre.

Un comentario sobre “La mayor parte de los andaluces prefieren otros candidatos: Otra vez será, Juanma. Por Manuel Vicente

  • el 25 noviembre 2018 a las 9:17
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    Disiento profundamente. La culpa no es de la “clase política” sino de la “clase ciudadana”, ya que los políticos son el fiel reflejo de sus electores.Si alguien vota a corruptos, a tránsfugas acomodaticios o a inútiles, es porque está de acuerdo con esas aptitudes, evidentemente.

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