Prevaricación en los juzgados españoles en los pleitos de divorcio y por la custodia de los menores. Por Carlos Aurelius

Prevaricación en los juzgados españoles en los pleitos de divorcio y por la custodia de los menores
Prevaricación en los juzgados españoles en los pleitos de divorcio y por la custodia de los menores

“El matrimonio es la principal causa de divorcio”, Julius Marx, más conocido como Groucho.

 

En los últimos días los medios de información nos han contado que el número de divorcios en España ha disminuido enormemente, hasta tal punto que en el año 2018 ha habido alrededor de 22.000 divorcios, frente a más de 100.000 que era lo habitual desde hace una década. Algunos pensarán que tenemos que estar de enhorabuena y de celebraciones. Pero lo que se esconde detrás de estas cifras no es que los españoles tiendan cada día más a mantener relaciones estables, duraderas, perdurables, sino que en España la gente se casa cada vez menos. Y una de las razones, si no la principal, es que la política anti-padres de los Juzgados de Familia está fomentando una especie de huelga general de hombres contra el matrimonio.

 

¿Por qué y para qué debería yo casarme y tener hijos cuando puedo perder a esos hijos, y la mayor parte de todo lo que he conseguido trabajado, cuando menos me lo espere?

 

 “Yo he visto lo que les ha ocurrido a muchos de mis amigos. Conozco a muchos que han vuelto a casa un día, y se la han encontrado vacía, la esposa y los hijos se habían marchado. Ellos nunca volverán, e incluso es posible que nunca vuelva a verlos…” Frases de este tipo son cada día más frecuentes entre los varones españoles.

Las parejas se casan menos que antes y a edades más tardías. Los jóvenes se mantienen solteros más tiempo, los matrimonios apenas duran tres lustros, y cuando se produce un divorcio, por lo general son las madres quienes se quedan con la custodia exclusiva de los hijos y con el que hasta entonces era el hogar familiar, aparte de excluir a los papás de la educación y crianza de los hijos…

“En España los divorcios se han convertido en una plaga en los últimos años y la nupcialidad ha disminuido de forma increíble”

En España los divorcios se han convertido en una plaga en los últimos años y la nupcialidad ha disminuido de forma increíble, tal es así que cuando se produjo la muerte del General Franco, la llamada tasa de nupcialidad -que recoge un dato estadístico por cada 1.000 habitantes- era de 15 (año 1975) y ahora es escasamente el 7.

Hay muchas explicaciones para todo ello, pero una de las menos mencionadas es que los hombres, debido a que el sistema judicial familiar que está incomprensiblemente en su contra y garantiza un total éxito a las mujeres que deciden desahuciar y repudiar a sus esposos, han iniciado de forma más o menos consciente una huelga contra el matrimonio.

Todo ello no tiene nada de extraño, pues por cada 10 matrimonios que se celebran en España, cada año, suele haber alrededor de 7 divorcios. No importa que el hombre sea un esposo decente, los estudios muestran que pocos divorcios se inician por abusos o por alguna forma de maltrato, o porque el hombre haya abandonado a la familia. Tampoco suele ser la infidelidad una causa citada por las mujeres que se divorcian. Lo normal, lo corriente es que los juzgados apliquen la máxima de “lo mejor que se queden con mamá”, lo cual implica que un padre que esté acostumbrado a ver a sus hijos todos los días y acostumbre a implicarse en sus vidas, se convertirá en un padre de fines de semanas alternos y la mitad de las vacaciones escolares, y que no podrá nunca pedir que se le explique a qué se destina el dinero que pagará todos los meses para –supuestamente- la manutención de sus hijos…

“Tres cuartas partes de los hombres suelen afirmar que sus ex esposas boicotean el tiempo de estancias con sus hijos”

Una vez divorciado, también existen muchas probabilidades de que la ex esposa interfiera en sus comunicaciones y estancias con los hijos, las boicotee, e incluso logre impedirlas por completo. Tres cuartas partes de los hombres suelen afirmar que sus ex esposas boicotean el tiempo de estancias con sus hijos, y casi la mitad de las madres admiten haberlo hecho y que han actuado generalmente por hacer daño, o para castigar a sus ex esposos.

Cuando se produce un divorcio, la mujer se quedará con la casa, con los muebles, y la mayoría de las propiedades de la pareja. El hombre necesitará buscar una nueva residencia y pagar al menos un tercio de su salario a la madre de sus hijos, como pensión “por alimentos”, cuando no más.

A pesar de todo, hay hombres que tienen contacto asiduo con sus hijos y pueden sentirse afortunados; pero hay otros (muchos, demasiados) que no ven a sus hijos nunca porque su ex esposa, ha hecho una falsa acusación de violencia doméstica, maltrato infantil o, incluso, abuso sexual.

También hay padres que solo pueden ver a sus hijos en visitas supervisadas, en los llamados “puntos de encuentro familiar”, donde a los padres se les trata como a criminales.

También hay otro tipo de padres, cuyas esposas se han trasladado con sus hijos a cientos de kilómetros de distancia, desobedeciendo las sentencias judiciales que, muy a menudo los juzgados no hacen respetar. También los hay que destruyen su vida y su carrera profesional, una vez y otra para poder seguir a sus hijos, solamente porque su ex esposa cambia de domicilio constantemente.

“Son muchos los padres que pierden su empleo, disminuyen sus ingresos, o sufren accidentes laborales, solo por retrasarse en el pago de la pensión de manutención de sus hijos”

Son muchos los padres que pierden su empleo, disminuyen sus ingresos, o sufren accidentes laborales, solo por retrasarse en el pago de la pensión de manutención de sus hijos, acumulan deudas que posiblemente nunca podrán pagar. También están los que viven en la absoluta miseria, debido a que se les embarga su subsidio por estar desempleado, o incluso la llamada “renta de inserción” para hacer frente a la pensión de manutención de sus hijos… algunos son encarcelados porque no puede hacer frente a los pagos.

Ni que decir tiene que cualquiera que piense un poco, puede llegar a la conclusión de que es posible que un hombre llegue arruinado a la vejez, o casi, habiendo perdido sus ahorros y sin haber tenido apenas oportunidad de ahorrar, y que acabe aguardándole un panorama bastante oscuro, nada halagüeño.

Cada vez serán más los hombres que acaben diciendo algo así como: “Yo siempre he soñado con ser padre y tener una familia. Pero al menos que las leyes cambien y les otorguen a los padres los mismos derechos y obligaciones que poseen las madres, de ser parte de las vidas de sus hijos, participar en su educación y crianza en igualdad de condiciones… no seré yo quien corra tales riesgos”.

Tal vez, a alguno le parezca exagerado lo hasta ahora narrado, pero nada está muchísimo más cerca de la realidad de lo que muchos pueden imaginar; prueba de ello es la sentencia de la presente semana que ha privado a un padre de la custodia compartida de sus hijos, porque la madre lo ha denunciado por “fumar demasiado”; también, algunos medios de información nos hablaban de un caso similar al de la tristemente famosa Juana Rivas; éste en la provincia de Palencia, en el que la juez de familia se niega a ejecutar las sentencias de instancias superiores (audiencia provincial y tribunal supremo) que otorga la custodia compartida a un padre, y la mujer impide que los hijos tengan contacto con él.

“Gente que tiene la triste desgracia de pasar por los juzgados ordinarios y de familia, mucha gente que hasta hace poco creía en la justicia”

Desde hace más de tres lustros, tengo relación muy cercana, día tras día, con gente que se divorcia (mejor dicho, que se divorcia muy mal) con gente que tiene la triste desgracia de pasar por los juzgados ordinarios y de familia, mucha gente que hasta hace poco “creía en la justicia” y que salvo raras excepciones despotrica contra jueces, fiscales, abogados, psicólogos de los Equipos Técnicos Psicosociales, Puntos de Encuentro Familiar, y cuanto forma parte de la gran industria del divorcio y del “maltrato”.

 Yo fundé y presidí durante muchos años la Asociación de Padres y Madres Separados de Extremadura, y por supuesto, he sido una víctima más (como también mi hija) de la infame legislación existente en España sobre el divorcio y la guarda y custodia de los hijos menores habidos durante la convivencia, así como lo concerniente a la liquidación del régimen económico de gananciales; también, como el común de los mortales varones españoles, soy víctima de la perversa ley integral contra la “violencia de género”…

Advierto de todo ello para que se sepa que no hablo en teoría, ni hago conjeturas de clase alguna, que sé de qué hablo y del terreno que piso. Por supuesto, no voy a ocultar que denuncio todo lo que vengo narrando, para que se sepa y, de paso, para que quienes tuvieron la desvergüenza, la crueldad, la maldad de aprobar semejantes normas, a sabiendas de sus terribles consecuencias, queden desenmascarados y, permítaseme, ¡eso sí!, que formule un deseo: que sus cómplices en la aplicación entusiasta de esas terribles normas, como poco “duerman mal por las noches”…

Me viene a la memoria que, hace no muchos años, me encontré con una amiga de la adolescencia que iba acompañada por su hermano, de esas amistades que perduran y que cada reencuentro es como si la última vez que nos hubiéramos visto fuera antes de ayer. Nos preguntamos y nos contamos, e inevitablemente la conversación nos condujo a los tintes trágicos (aparte de la estupefacción) que había tenido recientemente en su familia la separación de su hermano, que en aquel momento estaba junto a nosotros dos. Ambos me acabaron contando, “con pelos y señales”, las barbaridades que habían vivido al tener que comparecer ante la juez de “familia” de Badajoz.

Seguían estupefactos, groguis aún, ante la actitud de la juez, apoyada entusiásticamente por el fiscal “de menores”, cuando el abogado que representaba al papá en cuestión tuvo la feliz ocurrencia de hablar de que lo mejor para la menor era establecer un régimen de “guarda y custodia compartida” tras la disolución del vínculo matrimonial. La juez, según me contaron, se despachó con un “¿aún no se ha enterado usted, Sr. letrado, de que en esta sala está prohibido hablar de custodia compartida?, ¿hasta cuándo he de seguir repitiéndolo…?” Según parece, al fiscal “de menores” presente en el juicio, solo le faltó aplaudir. El resultado final del paripé de juicio, en el que como es costumbre al papá no se le dio la más mínima oportunidad de hablar, supongo que no es necesario que se los cuente.

También me contaron, mi amiga y su hermano (y esto es lo que más les indignaba) que el abogado de la mamá, uno de los días previos al juicio, tuvo la osadía de decirle al abogado del padre que si no aceptaba la “generosa oferta de su clienta” se vería en la necesidad de recurrir a presentar una denuncia por maltrato.

Tras proferir improperios de toda clase contra la juez, el fiscal, el abogado de la otra parte, etc. nos despedimos, yéndose con una sensación de terrible impotencia, y más cuando les advertí de que la cosa no estaba resuelta, que podía convertirse en la “historia interminable”, teniendo en cuenta la actitud post-divorcio de la madre, y que no descartaran el enorme riesgo que corren de que la mamá acabe alejando a la niña de su padre, y la convierta en huérfana.

En el encabezamiento de este texto hablo de “prevaricación”, pues sí, de ese ilícito penal estamos hablando. ¿Cómo, si no, se denomina a la acción en la que incurren los jueces, fiscales, y funcionarios diversos cuando dictan una resolución injusta a sabiendas, o por negligencia o ignorancia inexcusable?

Me dirán que la prevaricación judicial es propia de los jueces, que cuando no son ellos los autores se denomina “prevaricación administrativa”, efectivamente, así se llama en los otros casos.

“El Tribunal Supremo afirma abiertamente que, ha de concederse un régimen de custodia compartida siempre que no haya un motivo de peso que lo desaconseje, es decir, en casos de desamparo, abandono, maltrato a los menores”

Desde el año 2012, si la memoria no me falla, el Tribunal Supremo ha dictado enésimas sentencias –vinculantes-, con rango de ley, en las que reitera que la mejor expresión del “favor filli” tras el divorcio, es el régimen de guarda y custodia compartida. En todas ellas, el Tribunal Supremo afirma abiertamente que, ha de concederse un régimen de custodia compartida siempre que no haya un motivo de peso que lo desaconseje, es decir, en casos de desamparo, abandono, maltrato a los menores; pues lo que se ha de pretender es aproximar el régimen de comunicación y estancias de ambos padres con los menores, al modelo de convivencia existente antes de la ruptura matrimonial y garantizar al tiempo a sus padres la posibilidad de seguir ejerciendo los derechos y obligaciones inherentes a la potestad o responsabilidad parental y de participar en igualdad de condiciones en el desarrollo y crecimiento de sus hijos, lo que parece también lo más beneficioso para ellos.

El Tribunal Supremo ha insistido en múltiples ocasiones en que la guarda y custodia compartida ha de ser la norma general y no algo excepcional pues con la custodia compartida:

a) Se fomenta la integración del menor con ambos padres, evitando desequilibrios en los tiempos de presencia.

b) Se evita el sentimiento de pérdida.

c) No se cuestiona la idoneidad de los progenitores.

d) Se estimula la cooperación de los padres, en beneficio del menor, que ya se ha venido desarrollando con eficiencia.

Después de esta digresión imprescindible, permítaseme que insista:

Son muchos los jueces y fiscales, que tal como la anécdota de la que les he hecho partícipes, ocurrida en “las carnes de la familia de mi amiga” incurren un día sí, y el otro también, en prevaricación pura y dura, pues se están pasando por la entrepierna la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, aparte de estar dictando resoluciones injustas a sabiendas.

Y,… ¿por qué lo hacen?, se preguntará más de uno que me esté leyendo.

Sin lugar a dudas, son muchos los jueces, fiscales y demás miembros del tinglado prevaricador en que se han convertido los juzgados de familia y ordinarios que abordan pleitos relacionados con las custodias de menores que, se han acabado convirtiendo en psicópatas o sociópatas en lo que respecta al asunto.

El poder de los juzgados de familia es casi ilimitado, la Constitución Española de 1978 no existe en los procesos por disputas domésticas

Y ya para terminar, ¿a qué está esperando el servicio de inspección del Consejo General del Poder Judicial para sancionar a los jueces prevaricadores de los que vengo hablando?

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Carolus Aurelius Calidus Unionis

Carolus Aurelius Calidus Unionis

Profesor jubilado, jubilosamente jubilado, debido a mi profunda sordera, lo cual me hace ser capaz de diferenciar entre "oír" y "escuchar", cosa poco corriente en la oclocracia (el gobierno de los que más fuerte gritan, más ruido son capaces de hacer) que padecemos.

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