
«Extracto del artículo de Jesus Cacho «Aguirre y Monzón, pillados por el ciclón» publicado en vozpópuli el 08.09.2019″
«…Tan confiada estaba Esperanza Aguirre, tan segura de su razón, que a principios de esta semana seguía mostrándose dispuesta a acudir sin abogado a su primera cita con el juez, ante la alarma de quienes le repetían: «Estás loca, esto no es ninguna broma y tienes que tomártelo muy en serio, lo que significa que debes buscarte cuanto antes un buen abogado, el mejor posible, porque esto ya no va de política, Esperanza, esto va de que quieren acabar contigo por lo que has representado en la derecha madrileña y española».
Las fiscales sitúan a Aguirre en una serie de reuniones en las que se habría puesto en marcha esa maquinaria delictiva para financiar al PP, sin que en el auto figure dato o cita concreta que permita deducir semejante aserto, puesto que todo, vuelta la burra al trigo del condicional, se circunscribe al “tendría que”, “es imposible que”, “es fácilmente deducible que”, “estaba obligada en razón de su cargo a…”. Siempre la tercera persona, singular o plural, del condicional.
Es el populismo rampante que se ha hecho carne en parte de una judicatura podemizada y dispuesta a hacer justicia, olvidada la referencia a una ley igual para todos, por su cuenta. Son esas fiscales que, tras el fallo del caso de los trajes del expresidente valenciano Francisco Camps, lloraban sin recato por los pasillos porque la sentencia había sido absolutoria. Es la izquierda mediática que rechaza la absolución del PP en el caso de los ordenadores de Bárcenas (“Una grosera destrucción de pruebas queda impune”, El País).
Será muy difícil demostrar que Aguirre “ideó” la estructura de financiación presuntamente ilegal del PP madrileño y ejerció un “control directo” sobre la misma, como afirma el auto del juez. Será muy complicado dar satisfacción a quienes pretenden meterla en la cárcel (paso previo para dinamitar el PP madrileño, conquistar Madrid para la izquierda, que de eso se trata, de acabar de una vez por todas con un partido que en las peores circunstancias, arrastrándose por el fango de la más artera corrupción, ha sido capaz de retener la Comunidad y recuperar la alcaldía de la capital) … Será muy difícil demostrar su culpabilidad, cierto, aunque de la pena del telediario y del veredicto del tertuliano ilustrado no la salve nadie. Sin que nadie se acuerde de nosotros cuando hayamos muerto en los folios de una eventual sentencia absolutoria.»
