Orgullo y prejuicio. Por Julio Moreno López

Orgullo y prejuicio.

«Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». (Albert Einstein).

Puede parecer difícil, puede parecer mentira, incluso, pero yo, a mis cincuenta y dos años, estoy viviendo, intelectualmente hablando, un renacer que jamás pensé que experimentaría. Esto viene a demostrar que, aunque se trate de un lugar común, nunca es tarde para según qué cosas, sobre todo si estas cosas te conducen a la realización y, por ende, a la felicidad.

 

“Aunque en foto aparentemos más, somos solo tres polillas, que de tanto da contra el cristal, se han colado en la bombilla”. (“El uno, el dos y el tres”. Mecano).

Pues sí, me he colado en la bombilla, y esta experiencia, por lógica, es a su vez luminosa y cálida. Luminosa, porque estoy conociendo gente y viviendo experiencias realmente deslumbrantes que, hace siquiera tres años, ni podía pensar. Y cálida, porque esta gente, estos astros a los que he mirado con la distancia del anónimo y la admiración del espectador durante tanto tiempo, resulta que son una tribu llena de virtudes, gente amable, sencilla y humilde, con virtudes, pero también con defectos, que no tapan ni pretenden tapar; deseosos incluso, diría yo, de explicarle a quien quiera oírles que son gente, como usted y como yo, que también se enamora, sufre, tiene problemas y necesita un abrazo en un momento determinado.

 

“Algunos piensan que eres como ellos te quieren ver. Espejos de feria, retrato de un tipo que no conocen bien”. (“Retrato robot”. Miguel Ríos).

Miren ustedes; desde el mismo momento en que Javier Algarra, con enorme generosidad, me propuso dirigir y presentar un programa, que si bien ya se encontraba en la parrilla, yo he transformado y llevado a mi terreno, decidí que sí, que iba a hacerlo, pero con dos condiciones. Una de ellas era que, a pesar de conservar el nombre, yo impondría el carácter propio que yo consideraba que debía tener. La otra era que iba a huir de cualquier tipo de línea editorial, haciendo de la diversidad de opiniones santo y seña del programa; no en vano Decisión Radio se autodefine como la Radio de las libertades y de los decididos.

 

He de aclarar que estas dos condiciones no se las expuse a Don Javier; me las impuse a mí mismo, con la vehemencia de la inconsciencia y el desconocimiento, pero así fue.

 

La realidad es que, afortunadamente, desde que me muevo en este mundo hermoso del periodismo y la comunicación, casi nadie, casi nunca, ha tratado de decirme que es lo que tengo que hacer, ni tan siquiera como lo tengo que hacer. Y digo casi porque una vez sí me ocurrió, en una publicación que ahora no voy a nombrar. Tomando un café, con el director, este trató de indicarme que no se podía escribir sobre cierto partido político, porque de ello dependía una subvención que se encontraba en trámite, así que pagué los cafés, me levanté de la mesa y, como dice el malogrado Curro Martín en “sufre Mamón”, cogí mi guitarra y me fui con una guarra; En sentido figurado, se entiende.

 

Y es precisamente la diversidad, entendida como parte imprescindible del programa, la que me está llevando a darme cuenta, una vez más, de que no importa el prejuicio, siempre indeseable, que tengamos acerca de una persona, por su ideología, posición social, ocupación, religión, identidad sexual o por lo que sea. Que cuando te sientas en una mesa, a dialogar, a contarte aquello que te preocupa o lo que te ha hecho daño y, por supuesto, lo que te hace feliz, faltaría más, te das cuenta que un porcentaje ingente de las personas con las que cruzamos nuestro camino, aunque solo sea un minuto, y de aquellas con las que no lo cruzaremos, son seres extraordinarios, que si bien pueden tener distintos puntos de vista al propio de cada uno, precisamente por eso pueden aportarte la gran riqueza de ver las cosas desde otro ángulo, desde los ojos de otro. Y, muchas veces podemos, si no cambiar nuestra visión, si al menos empatizar y comprender la visión del de enfrente; Y precisamente eso, puede convertirnos en personas más inteligentes, más valiosas y, por supuesto, más felices.

 

No deberíamos tener la presunción de olvidar que cualquiera puede darnos una lección, en un momento dado, aunque se encuentre en las antípodas de nuestro pensamiento, y convertirnos en una estatua de sal, como medusa a los guerreros griegos, o dejarnos petrificados preguntándonos de donde nos ha venido el guantazo que, probablemente, nos ha sacudido las ideas previas.

 

Así pues, humildad, empatía, visión global. No se dejen apresar por los prejuicios, liberen sus ataduras; y vuelen tan alto y tan lejos como les permita su recién adquirida libertad.

 

“Quiso volar, igual que las gaviotas, libre en el aire, por el aire libre, y los demás dijeron, pobre idiota. No sabe que volar es imposible. Más extendió sus alas hacia el cielo y poco a poco fue ganando altura; y los demás quedaron en el suelo, guardando la cordura”. (“Castillos en el Aire”. Alberto Cortez).

 

@elvillano1970

Julio Moreno Lopez

Nací en Madrid en el año 1970. Aunque mi título universitario indica que soy ingeniero informático por la Universidad Pontificia de Salamanca, nunca ejercí como tal. Enamorado del mundo del periodismo y de la literatura, colaboro en diversos medios escritos y en alguna que otra emisora de radio. Ahora, miembro de este proyecto tan bonito de La Paseata. Además, soy autor del libro “Errores y faltas” Y del blog del mismo nombre. En Twitter @elvillano1970.

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