Brindis por la familia, nuestras raíces y antepasados. Por Rodolfo Arévalo

Brindis por la familia, nuestras raíces y antepasados
Brindis por la familia, nuestras raíces y antepasados

«Recuerdo cuánto le gustaba a mi padre charlar conmigo frente a un café con leche, en la mesa de la cocina de la antigua casa de la familia»

Recuerdo cuánto le gustaba a mi padre charlar conmigo frente a un café con leche, en la mesa de la cocina de la antigua casa de la familia en la calle de Ayala, por las noches. Solía ser a las tantas, ya después de las doce de la noche. Es curioso como tras el paso de los años uno va identificando rasgos parecidos a sus antecesores que creía no existían. Por desgracia mi padre tuvo una operación muy peligrosa, un Bill Rot dos, por los años ochenta y lógicamente perdió gran parte de la fuerza lectora y humana que había tenido antes de aquel incidente. También cayo en una depresión y una manía persecutoria, enfermedades de las que con mucha paciencia pudo salir. Leía ya mucho menos, porque todas estas cosas sumadas a perder parte de la visión del único ojo con que podía leer, así como la jubilación e imagino que el cansancio vital le hizo perder también aficiones como la pintura, que había descubierto ya con mucha edad pero que le entretenía mucho y a la que dedicaba muchas horas.

Esto sumado a que todo aquello se produjo cuando yo tuve que trasladarme a Valladolid para trabajar dio como resultado perder aquella, tan querida por mí, con mi padre en un estado intelectual aparte del propio de padre e hijo. Mi padre decía que no era creyente, pero para mí que siempre tuvo, muy al contrario que yo, una parte de su ser, que no solo creía un poco si no que deseaba fervientemente creer. Una vez me dijo que cuando murió mi abuelo y el tenía veintiséis años, lo pasó muy mal. Acababa de ingresar en la Carrera Diplomática, pero aún así concluyó que su casa, su familia original se había ido deshaciendo como un caramelo en la boca.

Esa fue la misma sensación que fui yo teniendo con respeto a él los últimos diecisiete años de su vida, porque ya no hablábamos. Es cierto que yo le leía a veces algunos libros y que tomábamos cafés en un pequeño bar de Palma de Mallorca, que la relación con mi madre y hermana siguieron siendo las mismas pero ya nunca fue como antes.

«Me daba la impresión de haber perdido mi base, mis referentes vitales y aquella conexión con mis antepasados y eso que hasta los veinte años yo había enfrentado mi forma de ser con la suya»

Me daba la impresión de haber perdido mi base, mis referentes vitales y aquella conexión con mis antepasados y eso que hasta los veinte años yo había enfrentado mi forma de ser con la suya, aunque tras esta época rebelde fui encontrando en su consejo y pensamiento las direcciones, que si no marcaron mi tendencia en la vida y forma de ser, sí me dieron una muy buena base en la que apoyarme de cara a mi propia existencia.

Mi padre al no ser un hombre de acción, era más una persona sentimental y hogareña, no tuvo el empuje suficiente para acabar lo que para él fue un deseo vital, hacer una gran novela, como muchas de las que había leído a lo largo de su vida. Había escrito algunos capítulos y me había contado las ideas de otros que tenía en proyecto. Hace unos meses los descubrí en una carpeta entre otros escritos, algunos de mi abuelo, éstos últimos escritos en árabe sobre asuntos Marroquíes en la época en que él, mi abuelo, estuvo en el consulado de España en Rabat.

Leí algunos párrafos de los capítulos de la novela de mi padre y me resultaron muy interesantes, así que sentí que no lograra acabarla. Aunque es verdad que le quedaban por escribir por lo menos trescientas páginas más. No las escribió por falta de material o de imaginación, y eso que en esto se parecía mucho a mí o viceversa como debe ser, si no porque no tenía ese impulso y esa constancia que son necesarias para ese propósito; constancia que sí tenía para otras cosas, como pintar al óleo o leer.

«Así que ese es el momento en que realmente uno puede sentirse deudor de sus antepasados, más quizás por los defectos que por las cualidades»

Llega un momento en la vida en que uno ya ve a sus padres no como dioses omnipotentes si no como seres humanos con sus cualidades y flaquezas y descubre en ellos sus propios defectos y cualidades. Así que ese es el momento en que realmente uno puede sentirse deudor de sus antepasados, más quizás por los defectos que por las cualidades, son más difíciles de asumir, tanto cercanos como de otros que toman fuerza en tu vida de manera no pedida, a través de los libros, el cine, el teatro, el arte, la ciencia y es cuando uno se da cuenta de que el gran triunfo en cualquier ser humano aparte de ser personal, es el triunfo de la especie y de sus individuos.

Está claro que hay individuos punteros que han tirado del pensamiento, la ciencia y el desarrollo, pero realmente y poco a poco unos y otros han transmitido esos conocimientos y valores entre su descendencia y estos últimos a la suya. Lo que tenemos hoy no es más que la suma de pensamientos y acciones de los hombres como seres libres que son y deben seguir siendo. Con esa libertad para enseñar a sus hijos, o influirles con su propia forma de ser y vivir. Con su travesía vital de cincuenta, sesenta o noventa años, depositando pequeñas dosis de realidad o locura en los demás seres cercanos.

«Hay individuos que son letales para las sociedades, son los que niegan a los individuos su libertad, para acertar o equivocarse y caerse con todo el equipo»

Nada tiene comparación, por eso hay individuos que son letales para las sociedades, son los que niegan a los individuos su libertad, para acertar o equivocarse y caerse con todo el equipo, son los que niegan que la vida humana tiene sentido por sí misma sin dependencia de ningún Dios, ni de ningún estado benefactor. El individuo es, vale y será siempre por si mismo y su libertad con respeto a los demás, si no, no será.

Quiero darle hoy en este escrito las gracias a mi padre por esas charlas nocturnas que tanto me abrieron la mente y me lanzaron a la lectura. Una persona bastante inteligente me dijo, coge la novela de tú padre, que por cierto iba a titular Artajerjes y acábala y publícala a nombre de los dos. Yo no sé realmente si estaré a la altura para contar lo que él quería contar en aquellas hojas olvidadas en una carpeta gris, ajada por los años y por ahora enfrentarme a ese trabajo me asusta, tal vez en el futuro cuando pueda dejar de rezarle a veces a su recuerdo con un “padre mío que estas en los cielos”, porque esa es la esencia del que reza, rezarle a su bagaje biológico y moral. Con los años tal vez pueda cuando mi alma haya recuperado aquella placidez de las charlas con café. Recuerdo cuanto le gustaba a mi padre charlar, y eso es lo importante para mí.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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