El Misterioso Maletín de David Niven y los inquisitivos butifarras. Por Félix Fernández de Castro

El preguntar sin venir a cuento es siempre indiscreto; la gracia, a veces, está en facilitar demasiada información al contestar” (del Manual de la CIA, pero de ANTES del Funesto Jimmy Carter)

Ser indiscreto es de mala educación” (Joao Camoens do Amonal, rapsoda poco convencional)

Silly questions, silly answers” (popular, anglo; a preguntas tontas, respuestas estúpidas)

No Questions, no Lies” (No preguntes, y no oirás mentiras; el amero-brexitánico proverbio favorito de mi padre)

Butifarra o Botifarra” (Mallorca; perteneciente a la aristocracia local, inaugurada por el Rey Jaime al echar a los moros de la Isla; ya no importa porque ahora han vuelto; los moros, no los butifarras, que nunca se han ido, ni se van aunque les des agua caliente)

 

El Misterioso Maletín (de David Niven)
El Misterioso Maletín (de David Niven)

«Una faceta poco conocida del actor de cine David Niven, 1910-1983, fue la de escritor; y no un escritor cualquiera, sino uno bueno de verdad»

 

Una faceta poco conocida del actor de cine David Niven, 1910-1983, fue la de escritor; y no un escritor cualquiera, sino uno bueno de verdad, que debe de leerse preferiblemente en inglés, idioma en el que escribía, para mejor apreciar la fluidez de su calidad literaria; lectura amena, interesante, y bien hilvanada,  y aunque la crítica considere autobiográfico sólo a un libro, lo cierto es que toda su obra se basa en experiencias personales o cercanas.  

En una ocasión el director de cine Michael Curtiz, húngaro nacionalizado americano, pidió cien caballos sin jinete para filmar una manada de equinos desbocados, pero con su peculiar inglés le salió “Bring on the Empty Horses“, “traerme los caballos vacíos”, que en español suena tan disparatado como en brexitánico; Niven y compañía se rieron tanto que la frase pasó a la posteridad, y no sólo por darle título a uno de sus libros.

Pero fue otro episodio relatado en alguna novela o autobiografía suya, no me acuerdo cual porque fue hace mucho tiempo que lo leí, el que también me llamó la atención por jocoso, lo bastante para que hace pocos días días me sirviera de inspiración para resolver, con la graciosa donosura (¡ejem!) que me caracteriza, una semi-irritante situación. 

«Cuenta David Niven que durante su servicio en el Ejército de Su Chistosa Majestad, fue destinado a un regimiento en el que, desde tiempo inmemorial,  se observaba una rara tradición»

Cuenta David Niven que durante su servicio en el Ejército de Su Chistosa Majestad, la Reina de Ginebras y Pamelas, fue destinado a un regimiento en el que, desde tiempo inmemorial, esta unidad en concreto observaba una rara tradición. Era costumbre diaria que el regimiento formara para revista ante el Coronel, mientras este pasaba delante del personal para dirigirse a la oficina acompañado por su oficial más joven, que le llevaba el Misterioso Maletín; en esos días aquel oficial era Niven. Pero nadie en el regimiento, excepto el Coronel y el ayudante que le llevaba el maletín, conocía el contenido del mismo; claro está, no tardaron los compañeros del “maletero” David Niven, en darle la tabarra preguntado qué demonios llevaban en el Puñetero maletín, lo que colocó al futuro actor de Hollywood en un aprieto, no tanto por tener que cometer una indiscreción, si quería complacer su curiosidad, sino por el hecho de que el maletín IBA VACÍO, NUNCA LLEVABA NADA, probablemente desde hacía bastantes décadas, coroneles, y ayudantes.

Ya se sabe que los Brexitánicos son bichos raros que en sus tradiciones incluyen el beber té, cerveza casi tan caliente como el té, y conducir por la izquierda, pero lo del Regimental y Misterioso Maletín Vacío era demasiado hasta para aquella Nueva Generación de Militares de la Gran Brexitania, así que para no DECEPCIONARLOS, Niven llenó en secreto “su” maletín con lo primero que pilló a mano; según recuerdo mencionó un sandwich, periódico del día, papel higiénico, preservativos, y no me acuerdo de qué más; planos de bombas nucleares seguro que no, pues de ESO sí me acordaría. Al día siguiente enseñó el “cargamento” a sus compañeros de armas, y asunto arreglado; lo de para quien eran los condones, prefirió dejarlo a la imaginación de cada cual, a sabiendas de que los caballeros NO preguntan NI cuentan estas cosas.

Y hablando de caballeros y “caballeros”, es aquí donde pudo serme útil recordar la lectura de la anécdota del Maletín Misterioso, relatada por David Niven; y es que leer cualquier cosa que no sea un Panfleto Podemita, o un Plagio del Falconeti oKupa Moncloas, puede ser, además de un placer, una lección provechosa que puede venir bien tener a mano en un momento dado.

 

portadas de The Moon’s a Balloon (La Luna es un Globo) y Bring on the Empty Horses (Traed los Caballos Vacíos) que son los libros más significados del autor
Portadas de The Moon’s a Balloon (La Luna es un Globo) y Bring on the Empty Horses (Traed los Caballos Vacíos) que son los libros más significados del autor

«Resulta que un Inquisitivo Pero Limitado Butifarra, que frecuenta los mismos cafés y calles del barrio que yo mismo, por puro cotilla se interesó por mi humilde persona»

Resulta que un Inquisitivo Pero Limitado Butifarra, que frecuenta los mismos cafés y calles del barrio que yo mismo, por puro cotilla se interesó por mi humilde persona, bajo pretexto de que era (es) hermano de un conocido mío; ya se sabe, gustos de cotillas, gustos de mentes pequeñas en sitios pequeños. Y hábilmente, según él creía, se dispuso a intentar sonsacarle información al exótico puto forasté que esto les cuenta. Para que se den una idea, este Inquisitivo Butifarra tiene querencia a las mesas de terraza, mientras que yo mismo soy un tío de barra, y para satisfacer su curiosidad por asuntos irrelevantes que no son de su incumbencia, se molestaba en llegarse a la barra con la excusa de pagar, pero con intenciones de informarse, por mí, de cualquier cosa que no fuera o fuese asunto suyo. Y era “sutil”, ya que a veces hacía “astutos, banales, e inocentes comentarios” que no parecían preguntas, para sus hábiles pesquisas y averiguaciones. Por ejemplo, “qué bien planchado vas”, esperando averiguar cosas tan estúpidas como la organización de mi vida doméstica, y de si en casa plancha la cónyuge, una empleada, una jornalera, o a lo mejor yo mismo. Por supuesto que mi lacónica respuesta de “bien plantado, bien planchado” no satisfacía su curiosidad, pero casi no se le notaba la frustración.

Pero un buen día, el mismo en el que me había hecho pelar al cero el poco pelo que tengo, me tropecé otra vez con el Indiscreto Butifarra,  que hizo la “diplomática observación” de que lo llevaba muy corto; y por la expectación reflejada en su semblante, que él cree saber disimular tan bien, me di cuenta de que esperaba una respuesta, o algún comentario revelador por mi parte. Y gracias a David Niven y su pedagógico episodio del maletín, obtuvo lo que sin decirlo me pedía, y mucho más: “es que de vez en cuando pierdo mechones de pelo, y sólo cortando al cero puedo igualarlo para que parezca normal; los mechones los pierdo por unas VENÉREAS que pillé de muy joven, de niño prácticamente”. 

El horror, y reconozco que alguna incredulidad, en su faz, me confirmaron que había dado en el blanco con esta respuesta, mucho mejor que “lo llevo muy corto por el calor, para que dure más, y me lo corta en casa la mujer con una maquinilla especial, para ahorrar en peluquería”. Sin necesidad física de Misteriosos Maletines, me lo quité de encima totalmente casi diez días o medio mes, que supongo empleó para especular SOBRE la naturaleza de mis “VENÉREAS INFANTILES”, no especifiqué cual para darle de que hablar con los suyos, y si tiene medio cerebro, dudando de la veracidad de todo lo que dije sobre VENÉREAS QUE PUEDEN HACERLE PERDER EL PELO A UNO SI LAS COGE DE JOVEN (*). En todo caso, a estas alturas, verdad o mentira, sospechará ligeramente que ME IMPORTA UN BLEDO la opinión que de mí tengan él y otros chismosos.

Al cabo de esos días de tregua, volvió a las andadas, pero con mucha menor frecuencia y virulencia; el otro día me peguntó por el apellido de un conocido mío, pero no suyo; este dato de mi conocido lo desconozco, ni me lo ha dicho, ni se lo pregunté, ni pienso preguntárselo: no es asunto del Inquisitivo Butifarra…ni tampoco mío. Hablando de “caballeros” y caballeros.

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(*) ¿De verdad existen Venéreas Infantiles Alopécicas o como se diga? (no tengo ni idea, pregunto por si alguno lo sabe)

Felix Fernandez de Castro

Felix Fernandez de Castro

Nacido en Manila el año de las dos primeras Bombas Atómicas, hijo de padres españoles, en 1963 bachillerato con dos reválidas en colegio de jesuítas, y de joven, durante breve tiempo piloto de Franco en la 15 Promoción de Complemento, llamada "El Parvulario" por los guasones de 21 años, la mayoría de edad en aquellos tiempos de Orden; (ex)empleado de banca, ya felizmente jubilado, actualmente blogger por libre y ahora mismo colaborador en la Paseata. Y hola, por cierto.

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