
«El grito de Munch es un cuadro en el que muchos se pueden ver identificados, en un mundo en el que los acontecimientos nos producen angustia, impotencia y frustración»
Tal y como el propio pintor Edvard Munch (1863-1944) escribió en su diario en 1891, la inspiración que le llevó a pintar este icono del arte en el mundo surgió en el que un paseo con unos amigos por el mirador de Ekeberg con vistas a la ciudad de Oslo. De repente sintió una gran desesperación, y se sintió invadido por un sentimiento de tristeza, angustia y miedo.
Como el propio pintor escribía en dicho diario: …»oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza«. , ésto le inspiró a pintar quizás, el cuadro que más le representa y uno de los más conocidos de la pintura contemporánea: El grito.
La vida del pintor Edvard Munch no fue fácil. Perdió a su madre siendo niño y sufrió en su propio hogar la tristeza, preocupación y angustia por la enfermedad de sus hermanas y la muerte de una de ellas, bajo la autoridad de un padre estricto. Todo esto marcaría su vida e influiría en su trayectoria artística claramente como se puede apreciar en las obras Madre muerta con niña o Niña enferma.

Decidió estudiar en la Escuela de pintura de Christania, la actual Oslo y más tarde conoció París y mantuvo continuo contacto con el ambiente pictórico parisino siendo gran admirador de artistas como Paul Gaugin (1848-1903), Henri de Tolousse-Lautrec (1864-1901) y de Vincent Van Gogh (1853-1890) con el que muchos han comparado por su estilo de vida, su obsesión por las mujeres y su vida atormentada.
Sin embargo, Edvard Munch creó un estilo más personal, más esquemático y que apuntaba las líneas que dieron paso al expresionismo alemán, que se desarrollará en el primer tercio del siglo XX en el que los artistas intentan plasmar las emociones y sentimientos en un contexto político y social muy complicado que vive las consecuencias de la Primera Guerra Mundial.

Su estancia en París y la vida nocturna, bohemia y desordenada, unido a las peculiaridades de su carácter, le llevaron a tener problemas con el alcohol y sufrir dificultades en la relación amorosa que mantuvo con Emilie Thaulow a la que amó profundamente de forma casi obsesiva.
Tras su estancia en París se marchó a Alemania y viajó por otros países europeos. Mantuvo relaciones con muchas mujeres ya que siempre expresó un fuerte deseo sexual hacia ellas, una de sus amantes, Tulla Larsen le causaría graves problemas. La pareja vivió una relación tormentosa ya que ella, completamente obsesionada con Munch, deseaba a toda costa casarse con él a pesar de sus problemas con la bebida, sus dificultades económicas y su carácter complicado. El comportamiento absorbente y posesivo de Tulla Larsen llegó a angustiarle hasta tal punto que el noruego pidió ser ingresado en un hospital psiquiátrico para librarse de ella. Su historia sentimental acabó con una gran pelea en la que el artista acabó con un tiro en su mano. El retrato que realizó de ambos lo partió por la mitad tras la difícil ruptura y ha sido expuesto así.

Antes de realizar EL grito, Munch pintó La desesperación, del que existen varias versiones; es muy similar al famoso cuadro en el que aparece un personaje masculino contemplando el paisaje, vestido con traje y en una de las versiones con sombrero. Ésta es la figura que el pintor pensó para la célebre obra, sin embargo, quedó impresionado por la figura de una momia peruana que contempló en el Museo de l´Homme en uno de sus viajes a París, con motivo de la Exposición Universal, por lo que quiso pintar un personaje andrógino, de tal manera que consiguió plasmar aún con más fuerza lo que pretendía transmitir: la angustia y desesperación del hombre ante la vida.
El cuadro ha generado desde el principio diversas discusiones acerca de si el protagonista grita o escucha un tremendo alarido que le provoca una enorme angustia. La segunda versión es la que finalmente se aceptó al leer las palabras que se mencionan al principio que el pintor escribió en su diario y que también plasmó en una versión en grabado de la obra.
La figura en primer plano llama la atención de la composición, en el fondo aparecen otras dos figuras paseando, los amigos que acompañaban a Munch en el que el pintor experimentó esa sensación plasmada en el cuadro y el cielo en tonalidades rojas y anaranjadas transmite cierta inquietud. En cuanto a las formas ondulantes del paisaje y ese cielo rojizo hacen que el ruido que aterra al personaje curiosamente se extienda por el cuadro.
Munch logra expresar lo que desea en esta obra, ese sentimiento de terror y de amargura que son fruto de su propia experiencia vital. No son necesarias más figuras, ni más precisión. Es interesante destacar cómo con la pintura el autor logra crear la percepción del sonido que causa esa terrible sensación al personaje.
El mensaje llega, la obra transmite, una obra que ha sido universalmente reconocida como la representación de la ansiedad y la angustia que el hombre vive. El propio autor buscaba “…el estudio del alma, es decir, de la mía propia.”.
Existen cuatro versiones del famoso cuadro, uno de ellos pertenece a una colección privada, la original en el Museo Nacional de Oslo y otras dos en el Museo Munch, también ubicado en la capital noruega.

Su obra es una mezcla de la influencia de la pintura impresionista y centroeuropea; la obra El grito se incluiría en un ciclo denominado por el mismo autor “El Friso de la Vida”, a la que también pertenecen otras como partes del cuadro utilizando colores planos. A principios del siglo XX, su arte experimenta un cambio en la técnica, aunque no en la temática. Comienza a utilizar pinceladas más largas y anchas, abandonando los trazos serpenteantes en grandes partes de la composición y utilizando colores planos; un ejemplo de este periodo es la serie sobre La habitación verde o La asesina, en sus distintas versiones, que realiza en el tempestuoso periodo que atraviesa tras la relación con Tulla Larsen.
Cuando se recupera, tras su estancia en el hospital, consigue dar un impulso importante a su obra, como se refleja en su aportación al Aula Magna de la Universidad de Oslo, trabajo reconocido que le da la oportunidad de exponer en Colonia (Alemania) donde su obra se iguala a la de Van Gogh o Paul Cèzanne (1839-1906).
Los últimos veinte años de su vida los pasó retirado en su finca a las afueras de Oslo donde la creatividad se volvió más colorista y en la que el pintor mostraría un mayor interés por la naturaleza. Murió en soledad en enero de 1944 durante la ocupación alemana de Noruega en la Segunda Guerra Mundial.
En este periodo, en Alemania las obras de Munch no fueron apreciadas, al contrario de tantas otras que fueron robadas, y se retiraron por considerarse degeneradas realizadas por un pintor nada apreciado para ellos. Dejó una obra extensa compuesta por casi de quince mil quinientos grabados, cuatro mil quinientos acuarelas y dibujos y más de mil cuadros, también realizaría algunas esculturas.

A pesar de no ser un cuadro bello, El grito tuvo un gran éxito de crítica a finales del siglo XIX, siendo considerado uno de los más conocidos en la historia del arte contemporáneo.
Sin duda, El grito de Munch es un cuadro en el que muchos se pueden ver identificados, en un mundo en el que los acontecimientos nos producen angustia, impotencia y frustración, además de los sentimientos de decepción, el individualismo y la falta de amor, cada vez más frecuentes en la sociedad actual… extenso argumento éste para escribir sobre él.
El grito, un cuadro que al contemplarlo por primera vez en el colegio, si hubiera sabido lo que existía en la cabeza de Edvard Munch, quizá lo hubiera visto con otros ojos.

