
«La ministra Celaá, ante de abrir la boca, debería saber algo más acerca de la constitución de la sociedad»
La ministra Celaá, ante de abrir la boca, debería saber algo más acerca de la constitución de la sociedad. Para que exista una sociedad, primero tuvo que haber un individuo con raciocinio propio, Después tuvo que haber una familia. Por supuesto me da absolutamente igual que ese primer ladrillo social fuera una hembra o un macho. Desde luego y según Helen Fisher la antropóloga, la primera que constituyó la familia fue una hembra, por la necesidad de ser atendida en las obligaciones que le generaban su condición de madre de nuevos individuos y para eso se elaboró un contrato, que no está escrito en ningún lado pero que fue tácito por lo menos hasta que llegó la actual mujer, que con todo derecho del mundo, no quiere ser tratada como hembra de la especie si no como individuo mujer.
Y a mi juicio ese concepto ya existe, puede que no en todos los niveles y cocientes intelectuales pero sí en los de la mayoría sobre todo en las sociedades occidentales que algunos desean destruir con oscuras intenciones. Este contrato, al que me he referido, decía más o menos que el macho elegido por una hembra lo sería en exclusividad sexual, para que supiera que sus hijos eran suyos y se comprometiera a ayudar a la hembra electora en el cuidado y manutención de esos hijos. Una vez establecido esto, el siguiente estrato en la sociedad es el grupo primario de individuos, o sea la familia. ¿ Vamos tomando nota señora Ministra Celaá ?, ¡que luego haré examen…!
«El grupo humano de unos veinte individuos, por así decirlo la horda, que de vez en cuando entraba en contacto con otras para ceder machos o hembras con el fin de evitar las taras del incesto»
Desde ese grupo primigenio y dada la imposibilidad de esparcir los genes adecuadamente para no caer en errores genéticos y taras heredadas de padres a hijos, se estableció inconscientemente, el grupo humano de unos veinte individuos, por así decirlo la horda, que de vez en cuando entraba en contacto con otras para ceder machos o hembras con el fin de evitar las taras del incesto. Esto continuó así por mucho tiempo hasta que se empezaron a constituir las primeras sociedades con lo que se llaman jefaturas. Esto no es más que grupos humanos extensos, y ya sedentarios, que se dedican al cultivo y ganadería en los cuales un individuo llamado Mumi aglutinaba a todos, no bajo mandato si no más bien, bajo su influencia y popularidad. Esta se conseguía porque este individuo lograba que todos los integrantes colaboraran en la gran fiesta que él organizaba, una especie de redistribución de bienes de consumo.
Mumi organizaba anualmente una gran fiesta a la que acudían todos gratuitamente y en la que se consumían los productos y animales que, a lo largo del año, le habían suministrado los habitantes. De ahí se pasó a establecer impuestos y jefaturas, primero pequeñas y luego ya las grandes que agruparon extensos grupos humanos en ciudades e imperios alrededor de los ríos Tigris y Eufrates el lugar conocido como Creciente fértil. Aquí las donaciones se convirtieron en impuestos que los dirigentes recogían y acumulaban para las épocas de escasez.
«Todo esto fue evolucionando hasta llegar a ahora mismo en donde al parecer ningún gobernante es responsable de nada de lo que ocurra a su pueblo»
Todo esto fue evolucionando hasta llegar a ahora mismo en donde al parecer ningún gobernante es responsable de nada de lo que ocurra a su pueblo, están parapetados tras una especie de cortina que para las penalizaciones muchas veces merecidas, por sus actos irresponsables o no, pero que no se pensaron previamente con seriedad. Cuando se abre la boca sin tener presente todas estos conceptos, se pueden cometer errores del tamaño de que los “hijos no pertenecen a los padres”, efectivamente no pertenecen a nadie, ni siquiera al estado, porque ellos como individuos libres en sus pensamientos y decisiones conforman el estado.
Todos ellos son los que permiten que esté usted ministra Celaá predicando sus letanías, supuestamente, liberadoras de individuos apresados por su entorno. No señora ministra Celáa los individuos crean su entorno y el suyo mal que le pese. Son la base sobre la cual se alza cualquier estructura de organización y son los que han de tener la sartén por el mango en las democracias. Si esto no es así hablamos de dictaduras, Comunistas y Nazis, crueles donde las haya, que aleccionaba a sus niños acerca de las excelencias de sus dirigentes y formas de gobierno.
«Por eso la ministra Celáa, antes de abrir la boca, debería saber algo más acerca de la constitución de la sociedad y la evolución humana»
Por eso la ministra Celáa, antes de abrir la boca, debería saber algo más acerca de la constitución de la sociedad. Como anécdota quiero añadir una cosa curiosa que ocurrió en Estados Unidos por los noventa en relación a la liberación de la mujer. Éstas empezaron a trabajar fuera del hogar, pero la mayor parte de ellas decidió por propia convicción que sus hijos eran mucho más importantes que sus trabajos y regresaron a sus hogares hasta que llegaba la edad en que los niños ya no las necesitaban. No se daban cuenta pero estaban cumpliendo lo que Helen Fisher identificó como “El contrato sexual”. No hay nada como la terca realidad de la genética señora ministra Celaá.
