Se me hiela el alma al escribir sobre el encuentro con la enfermedad. Por Rodolfo Arévalo

A los 62 años, el pintor alemán William Utermohlen fue diagnosticado con Alzheimer
A los 62 años, el pintor alemán William Utermohlen fue diagnosticado con la enfermedad de Alzheimer

«Es tan bonito escribir, que cuando algunos días recuerdas noticias de las que podrías dar opinión, se te atragantan y no consigues liberarlas»

Es tan bonito escribir, que cuando algunos días recuerdas noticias de las que podrías dar opinión, se te atragantan y no consigues liberarlas. Pero tengo que reconocer que este fin de semana me he aislado del mundo y me he sumergido en otro, que no tiene nada que ver con la realidad cotidiana de España. El infierno de la enfermedad del Azheimer que ha atrapado a uno de mis seres queridos.

Mi suegro, un hombre hecho a sí mismo, nacido en un pueblo muy humilde de la Galicia rural, de minifundio, del que salió para estudiar mecánica y hacer su vida en León. Trabajó primero, como todos los que tienen oficios, de aprendiz y luego ya fue oficial de segunda y primera. De nombre Manuel y espíritu emprendedor marchó a Valladolid tras comprarle un taller de automoción a un antiguo jefe. Dado que era un trabajador incansable, y persona muy sociable, llevó su taller a un nivel bastante alto y conocido en su barrio y alrededores, lo que le permitió llevar una vida desahogada.

Pero los años pasaron y llegó la jubilación. Como para todos en general, salvo para los vagos de tomo y lomo, la jubilación es una cruz en la que existen dos opciones o ir a dar de comer a las palomas en el parque, criticar el trabajo de otros en las obras, leer mucho, hacer deporte o tener hobbies, mi suegro optó por seguir, relacionándose con las personas que le conocían. De carácter muy sociable, tenía montones de amigos y conocidos; aparte clientes.

«Todavía hoy veinte años después de haber dejado de trabajar la gente le saluda y muchos preguntan por él»

Todavía hoy veinte años después de haber dejado de trabajar la gente le saluda y muchos preguntan por él. Sí, era algo más que buen trabajador y empresario, era una muy buena persona, jamás hizo mal a nadie. Lamentablemente una enfermedad ladina y perversa que se oculta en los cuerpo de muchos de nosotros, porque nadie está absolutamente a salvo de padecerla, se fue presentando, hace ya unos años. Primero en pequeñas dosis de olvidos, que su familia trato de remediar haciendo que interactuara con otras personas en su misma situación en centros de día para mayores y luego incluso haciendo con él ejercicios caseros de cálculos y juegos de palabras.

Lamentablemente el Alzheimer no perdona a nadie y poco a poco, al principio lentamente, pero más tarde a bastante velocidad se fue alejando del hombre que había sido. Su mujer se esforzó durante casi diez años asumiendo su cuidado y asistencia hasta que llegó un momento hace apenas unos meses en que su cuerpo le dio un aviso en forma de rotura de un hueso. Sabemos que el inconsciente es sabio y este decidió enviar a mi suegra un mensaje bien clarito: “no puedes encargarte tu sola de un enfermo de Alzheimer, por mucho que haya sido el padre de tus hijos y por mucho que le hayas querido y le quieras”.

«Llega un momento en que esta enfermedad es tan brutal que la persona que convive con un enfermo se ve totalmente desbordada por los acontecimientos»

Llega un momento en que esta enfermedad es tan brutal que la persona que convive con un enfermo se ve totalmente desbordada por los acontecimientos y entonces, o incluso mucho antes debería ésta haber renunciado a cuidar de la persona, que ahora está ausente de su propio cerebro. El caso es que la pudimos convencer de que mi suegro estará mucho mejor atendido por los profesionales de la enfermedad en una residencia de mayores, donde además tiene todas la necesidades de atención y cuidados médicos atendidos.

Manuel estuvo un par de meses en una residencia en Madrid, mientras cuidamos a mi suegra para que se recuperase y este fin de semana pasado le hemos llevado a Valladolid, su ciudad de vida, junto a mi suegra. A él lo ingresamos en una buena residencia y allí parece que quedó bastante integrado. Personalmente he vivido momentos muy malos cuando he ido a verlo tanto aquí como en la primera institución de Madrid, porque he presenciado el deterioro de una persona que era una roca, cariñoso, sociable, activo, emprendedor y buen padre de familia para finalmente convertirse en un ser desvalido, que no puede expresar sus pensamiento y al que hay que dirigir en sus acciones más elementales.

«He llorado en ocasiones, por ver lo que ha hecho con mi suegro esta enfermedad»

He llorado en ocasiones, por ver lo que ha hecho con mi suegro esta enfermedad. Quedamos frente a ella desvalidos y casi inútiles para atender a la persona afectada. Es muy triste ver como se escapa su alma del cuerpo, pasando a ser, casi de nuevo un niño necesitado de atención para todo. Solo espero que ya pocas personas más tengan que transitar este camino cuesta arriba y que el tratamiento y curación de la enfermedad sea un realidad dentro de poco. Mi suegro ya no podrá beneficiarse de ello, pero me alegraré por los futuros enfermos y por sus familias: no hay nada peor que ver como la humanidad abandona un cerebro humano. Es bonito escribir, pero cuando se trata de este tema se me hiela el alma y las lágrimas se convierten en témpanos helados en el corazón.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

Artículos recomendados

1 comentario

  1. Esa horrible enfermedad acaba con los recuerdos de quien la padece, por eso sufren los que le rodean. Basta con cogerle las manos y abrazarle. Ánimo

Deja un comentario