Inteligente y gladiadora contra la enfermedad mental: Isabel Caparrós Martínez. Una entrevista de Paco Linares

Isabel Caparrós Martínez
Isabel Caparrós Martínez

«Licenciada en Derecho la señora Caparrós tiene cinco hijos y una de sus hijas, Isabel, padece de esquizofrenia. Nadie se puede imaginar lo que es tener un enfermo mental 24 horas en casa…»

Isabel Caparrós Martínez es una Gran Mujer, una Dama que cohíbe por su sencillez, cultura, elegancia y valentía. En la actualidad está pendiente de finalizar su tesis sobre “ El proceso Penal y Política Criminal”, que posiblemente titule “El proceso penal del inimputable por el Trastorno Mental grave”. Isabel está jubilada de su plaza como Auxiliar Administrativo por oposición en la Subdirección de Recaudación de Impuestos. Licenciada en Derecho la señora Caparrós tiene cinco hijos y una de sus hijas, Isabel, padece de esquizofrenia. Nadie se puede imaginar lo que es tener un enfermo mental 24 horas en casa… En la época de Felipe González se rompieron todos los convenios con los hospitales privados y en los públicos se minimizó, de forma cruel, el tiempo de estancia.

– ¿Cuándo empieza a interesarse por la Salud Mental?

Me imagino que como otras mujeres (esposas, madres …), cuando la enfermedad ofrece, “descarada”, los signos positivos en el comportamiento del familiar afectado (en mi caso un ser exquisito, mi maravillosa hija Isabel). Fue, de alguna manera, otro detonante que impulsara a mi mente incluir en ella un espacio para estar más con las personas con discapacidad psíquica, como ahora debemos llamarles (nada de incapaces, disminuidos, enajenados, locos, etc.), de acuerdo con la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, hecha en Nueva York en diciembre de 2006, y que es derecho interno en el Ordenamiento español desde 2008, al haber sido aprobada y ratificada por el Estado el 23 de noviembre de 2007. Aunque, lógicamente, la Convención se ocupa de mucho más que la denominación de “persona con discapacidad” …

– ¿Cuál es en la actualidad la situación de su hija?

– Pese a que mi hija está diagnosticada, desde hace muchos años, de esquizofrenia simple, y conllevar ésta una sintomatología “aparatosa”, especialmente dolorosa para ella, en primer lugar, y para el resto de la familia, sus cuatro hermanos y sus padres, no es el suyo de los casos más difíciles de llevar; con ella hay una dificultad añadida al padecer, desde su nacimiento, de hipoacusia, debido a que nació gran prematura a los seis meses y medio de gestación. Pero ella, pese a estar desde siempre, y como suele ocurrir, en desacuerdo con tomar la medicación, una de las características de la sintomatología de algunas patologías graves en la psicosis, siempre ha sido ejemplar en asentir con lo que le hemos enseñado que es bueno para ella y hace lo mismo con los consejos de su Psiquiatra y su Psicólogo. Reniega, pero la toma sin más problemas; es una suerte porque, estamos seguros que, ello, le ha librado de ingresos involuntarios en la Unidad de Agudos con todo lo que conlleva.

– ¿Cree usted que la Salud Mental está infravalorada?

– Claro, y personalmente, en más de una ocasión, he llegado a pensar y, felizmente, convencida estoy de que es así, y que “sufro” una patología mental al sentirme atraída por conocer y defender, desde una posición tan humilde porque, tanto sufrimiento, en tantas personas, en tantas familias, que, por más inri, llevan, en demasiados casos, “la compaña” de sufrir, digamos, la agresión de derechos fundamentales, que son infranqueables para cualquier ciudadano, pero que, al no contar con la capacidad natural suficiente para demandar los servicios sanitarios y sociales adecuados, sufren precariedad respecto a otras discapacidades. Sin duda, la atención a la Salud Mental que la sociedad actual necesita, es más de lo que nos puede parecer.

A mi juicio, no es otra cosa que ésa situación carencial la que alimenta y mantiene el estigma en la comunidad, y el auto-estigma del paciente psíquico y de sus cuidadores, incluyendo el concepto tan discutido, y discutible, de la “peligrosidad” que supone dicho paciente para la comunidad, pues debemos de preguntarnos si no es ésta la que no le ofrece a la persona con discapacidad psíquica la seguridad que, como ciudadano, en igualdad de derechos que el resto, merece.

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Inteligente y gladiadora contra la enfermedad mental: Isabel Caparrós Martínez

«A mi parecer, una manifestación más del estigma, del nuestro propio como padres, que sufren otros muchos y que es necesario desterrar»

– Yo recuerdo cómo, cuándo nos vimos ante aquel caos de dolor y ver saltar por los aires el ritmo diario de cada miembro de la familia, con sólo las visitas al Psiquiatra y la toma de la medicación; sin la información adecuada ni suficiente, ni de la enfermedad, ni de los recursos existentes en aquellos momentos, todo nuestro interés se centró en sufrir todo aquello llenos de amor y paciencia, esperando que fuese “una mala racha de adolescente”, como nos decía el Psiquiatra, y que, superada, podría, aún teniendo ella que cambiar de proyecto de vida futura, llevar una vida normal en el aspecto laboral y personal; creyendo que la ayudábamos, ocultábamos, en las visitas a la Psicóloga del Centro Base de Valoración de la Discapacidad, parte de su sintomatología y de la medicación que tomaba, hasta tal punto que, cuando, inevitable y tristemente, tuvimos que presentarle la realidad verdadera, la propia Psicóloga nos dijo que había sabido desde el primer momento lo que hacíamos y que con ello la habíamos perjudicado pues durante todo el tiempo que duró el seguimiento (varios años) había podido percibir una pensión que habría tenido mi hija en su haber para el futuro. A mi parecer, una manifestación más del estigma, del nuestro propio como padres, que sufren otros muchos y que es necesario desterrar.

– ¿Qué opina de la resolución que suprimió, en época de Felipe González, gran parte de la atención hospitalaria a enfermos mentales y obliga a los familiares a cuidarlos, atenderlos y proporcionarles medicamentos? Exceptuando los que pagan seguros privados o tienen medios económicos para que puedan ser atendidos en centros especializados.

– Como bien sabe, en 1986 se ponía en marcha la Reforma Psiquiátrica en Andalucía; se pasa del modelo de atención asilar, en los Psiquiátricos dependientes de las Diputaciones provinciales, al modelo de atención en la Comunidad; se trata de incorporar la especialidad de la Psiquiatría, como una más, en el Sistema de Salud. Fue, sin duda, un paso muy importante.

Nuestro modelo de Psiquiatría Comunitaria se implantó acorde con otras reformas realizadas en países de nuestro entorno; está basado en principios como el de integración, en la creación de una red de asistencia diversificada, con unidades que, atendidas por equipos multidisciplinares, promocionen, fomenten y alcancen la integración o inclusión social de las personas con discapacidad psíquica en la Comunidad. Así de sencillo.

El cambio era tan inevitable como necesario ya que el deterioro, tanto de las estructuras de los Manicomios, como en la asistencia a los enfermos mentales, que se justificaba por la escasísima dotación presupuestaria que se destinaba al cuidado de la Salud Mental, premisa que, como digo, goza de vigencia en la actualidad, llegando a producir, entonces, una situación de hacinamiento indiferenciado, francamente, intolerable, desde el punto de vista de la ética, del Derecho y la Justicia Social; y no digamos, desde los valores jurídicos que tal situación pone en juego, ya que, claro está, revientan los más elementales principios fundamentales de nuestro modelo de Estado Social del Bienestar, pues atenta a la dignidad de la persona humana, a los valores de libertad –que debe ser entendida, más adecuadamente, por todos los sectores, incluso por quienes desarrollan labores legislativas- y de la propia vida de un grupo de personas, especialmente vulnerables, dentro del colectivo humano. (1)

Sin embargo la Reforma Psiquiátrica de Andalucía entró, prácticamente desde su inicio, en un estado de estancamiento e indefinición por las dificultades, lógicas, por otra parte, que puede encontrar un gran proyecto de bienestar social, en éste caso, para toda la ciudadanía, que, desde su nacimiento, como digo, carece de la Memoria Económica correspondiente, algo, que, desgraciadamente, volvió a suceder con la Ley de Dependencia.

Por ello, y dadas las circunstancias reales, opino que fue una declaración de buenas intenciones en toda regla. Sin duda, desde el punto de vista histórico en la atención y tratamiento de la Salud Mental, un paso valiente; teóricamente, bien diseñado, pero, a mi juicio, con un trasfondo de superficialidad con resultados, previsibles por otra parte, de cierta crueldad que recayó en primera persona, en las personas afectadas y, en segundo lugar, en los cuidadores informales como eran, y son, también hoy, las familias, al no considerar, debidamente, qué consecuencias podría traernos si no se contaba, desde el primer momento de ésa puesta en marcha, o con el progresismo normal, con los dispositivos intermedios contemplados en dicha reforma y, racionalmente, necesarios.

Por otra parte, la Reforma Psiquiátrica, en cierto modo, había comenzado ya, de alguna manera, entre las décadas 60 y 70, cuando, profesionales de la Psiquiatría inician la desinstitucionalización; profesionales que sabían que la situación de los hospitales psiquiátricos había que afrontarla de manera que se lograse convertir la asistencia al enfermo mental en el instrumento adecuado; se pretendía salvaguardar su dignidad personal y humanizar más la asistencia; este matiz es de gran importancia.

Tenían claro que había que dejar muy lejos los últimos reductos que, en otra época, sirvieron, en toda Europa, para tratar la lepra y más tarde la tuberculosis.

Al hablar de una patología, como la enfermedad mental, podemos encontrar referencias a ella por parte de instituciones internacionales como, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud, que hace muchos años, creo que en 2000, –recordemos que ya estamos en el año 20 del siglo XXI- nos informó que supondría la “pandemia del siglo XXI”. Pues bien, nos encontramos que, nuevamente, nos sorprende sin estar preparados, siquiera, para ser capaces de atender problemas pendientes, lo que indica que, todos los sectores que conforman nuestra sociedad, debemos ponernos las pilas para dar respuesta, de una vez, con “cuerda” contundencia.

– ¿Podríamos decir por tanto que nos encontramos ante una buena voluntad que se lleva mal a la práctica?

– Y es lógico, fíjese que los propios promotores y ejecutores de la Reforma Psiquiátrica Andaluza consideraban que el proceso de cambio, necesariamente, necesitaba superar 3 fases: una primera de crítica y de sensibilización institucional -que sigue pendiente; una segunda, de actuaciones administrativas entre las cuales primen las medidas normativas adecuadas y, en tercer lugar la de concretar el proceso, expresado, inexcusable, mediante el esfuerzo económico o financiero que venga reforzado, en su materialización, por una mayoría social. (2) Todo ello pendiente.

El tratamiento asilar indefinido de los siglos XII y XIII, se aplicó en toda Europa; en él la ideología asistencial pasaba por la característica de internamiento masivo en los antiguos lazaretos en donde se internaban –como aquí ocurrió con la tan traída y llevada Ley de Vagos y Maleantes de la II República- a mendigos, vagabundos, prostitutas, locos, con la pretensión de “restablecer el orden” castigando la inactividad; cuando se produce lo que Foucault denominara “El Gran Encierro” (3) ; aquel tratamiento que, tras la II Guerra Mundial, estaba basado en terapias de disciplina, actividad productiva, orden, aislamiento, tratamiento moral, estaba condenado a desaparecer.

Entrevista con Isabel Caparrós
Entrevista con Isabel Caparrós

«Al carecer de Memoria Económica, insisto en ello, dejaba en el aire, y a cielo raso, el porvenir de gran parte de pacientes crónicos graves y, convertidos en manicomios unifamiliares el hogar familiar»

– Dicho lo cual, sintiendo ser reiterativa y contundente, me reafirmo en la “declaración de buenas intenciones”, por parte de Felipe González. Quienes desde las instituciones competentes, promovieron y pusieron en marcha la Reforma Psiquiátrica en nuestra Comunidad, ya sabían de antemano que, pese a estar perfectamente diseñada; con recursos de media y larga estancia, respiro familiar para los cuidadores; Unidades de Agudos o de urgencias psiquiátricas, Comunidades Terapéutica, etc., al no estar provistos en la medida necesaria, en el momento de materializarse la desinstitucionalización, y carecer de Memoria Económica, insisto en ello, dejaba en el aire, y a cielo raso, el porvenir de gran parte de pacientes crónicos graves y, convertidos en manicomios unifamiliares el hogar familiar de aquellos (4) , así como las nuevas Unidades de Agudos, y en perpetuo giro su puerta de entrada y salida, camino sin freno hacia el deterioro cognitivo y volutivo, es decir, a una mayor dependencia de recursos.

Lo anterior lleva, en demasiados casos, lógicamente, a convertir el hogar familiar en lugar de cultivo de patologías mentales, con la consiguiente merma o negación, a cada individuo de la familia cuidadora, del bienestar mínimo que es necesario para mantener su capacidad natural y poder disponer de su libertad para dirigir, y evolucionar en lo personal, acerca de su vida. Situación que, por otra parte, al familiar “acogido” para ser tratado y cuidado, más le perjudica que otra cosa, al carecer, como digo, de plazas suficientes en recursos intermedios.

Es importante que, al hablar de una persona con discapacidad psíquica, o enferma mental, la sociedad sepa que, como afirma el profesor Bercovitz: “en primer lugar, es un ciudadano; en segundo lugar, un ciudadano enfermo; en tercer lugar, un ciudadano aquejado de un tipo de enfermedad peculiar”. (5)

Peculiaridad que, además, en la literatura vulgar hace que predomine en la opinión pública la idea de enfermo mental como sujeto peligroso y violento. Opinión que, para los técnicos, está alejada, totalmente, de lo real. Para éstos, no existen enfermedades, sino enfermos; cada uno con su forma singular de expresar su dolencia.

Es un hecho que la investigación ha venido reiterando, y puesto de manifiesto, que las conductas violentas y peligrosas, pueden ser modificadas, eficazmente, con los tratamientos que ya existen; lo que no existe, además de lo expuesto y acorde con lo avanzado científicamente, es una legislación que permita su aplicación, sin traumas para el paciente y de modo habitual y regular. (6) De legislación, podríamos hablar mucho.

– Está claro que nos encontramos en una sociedad que da de espaldas a la enfermedad.

– La opinión pública, ante la “peculiaridad” de patologías mentales como las psicosis, esquizofrenias, necesita, y debe, ser informada. Es importante aquí reseñar y valorar la gran aportación que pueden hacer periodistas como usted y medios de comunicación como éste, y por las instituciones correspondientes, mediante campañas bien programadas, desde el colegio, las AMPAs, Universidad, centros de trabajo, respecto del riesgo de padecerla al que todos estamos expuestos, para poder contrastar su opinión, con la de los técnicos que, tras el estudio “metodológicamente correcto” y los datos obtenidos, una vez verificados y replicados, han venido s demostrar que la opinión negativa se debe a casos clínicos muy concretos, en periodos limitados, cuando han sido dejados a su evolución espontánea, pero que, en modo alguno, la actividad delictiva es el síntoma psicopatológico de la enfermedad.

Como todos estamos expuestos a padecer una patología así, también debe de tener conocimiento de la situación de Cenicienta a la que se abocó la atención a la Salud Mental –esencialmente, por la deficiencia de recursos económicos-, y que pervive, en las circunstancias que rodean a las personas que, un día, sufren en sus mentes el cataclismo de lo que, hasta ése momento, había sido una vida de normalidad, en todos los aspectos, y pasan a vivir, como realidad, una situación de miedos, inseguridad, incomprensión y de rechazo.

Lo que digo, o diga, respecto a las deficiencias –en muchos aspectos- de la atención a la Salud Mental, no es cosa que invente o haya percibido, únicamente, desde mi experiencia personal y social. Basta con ver los Informes que, el Defensor del Pueblo de Andalucía, el encomiable y digno de toda admiración y consideración, don José Chamizo, ha venido ofreciéndonos, y lo digo en plural, porque –y esto es muy importante- la atención y asistencia a la Salud Mental es, sin duda, materia que concierne a toda la Comunidad, y a cada individuo que la conforma, desde el sector al que pertenezca, inclusive en el de las comunicaciones, el Periodismo, que tanto puede hacer por éste sector de la discapacidad, por lo que, puede imaginar, cuánto valoro y le agradezco su invitación a hablar de la atención que se dispensa actualmente, en España, y en Andalucía, en particular, a la Salud Mental.

– ¿Hay relación entre la Salud Mental y el fenómeno social de la migración?

– Las migraciones es una causa que puede desembocar en una patología mental. Es un hecho que, en España, cuando gran parte de andaluces, extremeños, gallegos, murcianos, manchegos, etc., tuvimos que dejar nuestros pueblos y ciudades y marchar a Cataluña, Suiza, Alemania, América, el desarraigo que ello supuso, produjo en muchas personas la aparición de patologías mentales, llegándose, incluso a ampliar Psiquiátricos, como ocurrió en Huelva, etc.

Hoy, tenemos, vivo, el desafío de la migración masiva mirándonos de frente con total descaro. Quienes vienen en pateras traen algo más que la hipotermia y el hambre; muchos vienen con el pánico en sus mochilas huyendo de la guerra y, por otra parte, el desarraigo que, de por sí, ya es, para cualquier ser humano, una circunstancia que lo marca emocional y psíquicamente.

Isabel Caparrós durante unas jornadas de AFESOL con la presencia del Defensor del Pueblo de Andalucía entonces, D. José Chamizo, y una compañera.
Isabel Caparrós durante unas jornadas de AFESOL con la presencia del Defensor del Pueblo de Andalucía entonces, D. José Chamizo, y una compañera.

«Es significativo que en 1990 se vieron afectadas de depresión y ansiedad 416 millones personas a nivel mundial y, en 2013, 613 millones»

Es significativo que en 1990 se vieron afectadas de depresión y ansiedad 416 millones personas a nivel mundial y, en 2013, 613 millones (7). Como lo es, también, que el Consejo Ejecutivo de la OMS, en 2016, decidiera pedir a la Asamblea Mundial de Salud la elaboración de un proyecto de plan de acción mundial sobre la respuesta de salud pública a la demencia -2017, 2025-. Pero es que, hoy, en Europa, los trastornos mentales suponen el “mayor reto de salud” (8). De hecho, por algo, el Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, tras el estudio correspondiente previo, nos ofreció unos datos que debieran estar en la mesa de trabajo de los responsables de Salud, a todos los niveles: nacional, autonómico y local, para, coordinadamente, tomar decisiones y medidas con clara voluntad de mejorar la situación.

Ése informe se hizo con datos obtenidos de 30 países de la Unión, y otros como Suiza, Noruega e Islandia, durante 3 años, en el que se contemplaron los trastornos mentales y algunas enfermedades neurológicas; datos obtenidos de analizar a una población de unos 514 millones de personas, entre las que se había analizado lo infantil y adolescente de entre 2 a 17 años; adultos, entre 18 a 65 años y a ancianos a partir de los 65 años.

Por tanto, cuando me refiero a ésas campañas desde dentro mismo de los colegios, las Ampas, centros de trabajo, etc., hablo de la prevención, no sólo de las carencias en las plazas de centros de media y larga estancia, respiro familiar, etc., porque, estoy segura –y creo que es de fácil comprensión- que la prevención en sí, bien hecha, ya iría, poco a poco, aliviando ésas carencias, y, obviamente, mejorando la realidad y expectativas de vida de las personas que se ven inmersas en unas circunstancias difíciles que, ni por ellas mismas, ni por las propias familias, pueden solventar.

– La relación que existe entre la desaparición de los manicomios y el encerremaiento de muchos enfermos en las cárceles es terrible ¿no?

– Es otra consecuencia de la falta de dotación adecuada de recursos que comento, ha producido una diáspora, de personas tan especialmente vulnerables, hacia las prisiones, en las cuales, la situación que padecen, merece ser tema exclusivo en otra ocasión, y de la que también nos ha informado don José Chamizo y, entre otros autores, en su día y en su libro “Penas y personas”, Mercedes Gallizo.

Pero no sólo sucedió, sucede; la situación del enfermo mental sigue ubicada, en un punto gris en el que se ha visto relegado por la división de competencias entre las distintas administraciones y, repito, al no ser contemplada dicha situación en la adjudicación de presupuestos y de recursos sanitarios para su atención especializada. (9)

No me cansaré de ensalzar a la persona que, directamente, sufre la discapacidad psíquica, que merece, como usted y como yo, como cualquier otro ciudadano, que le sean aliviados los obstáculos, o eliminación de barreras, para acceder, primero, a los servicios de atención y asistencia y mantenerse en el seguimiento de la patología asegurando, así, su mayor grado posible de capacidad natural. Y a la familia que la cuida.

Ahora bien, el método de materializar el cambio para pasar al tratamiento de la Salud Mental en la Comunidad, creo que, al igual que en Derecho nos referimos, para manifestar qué trato merecía, ésta o aquella causa, o caso, “al de un buen Padre de Familia”, aquí no se tuvo en cuenta; la precaución y minuciosidad que la situación contextual del colectivo requería una planificación y puesta en funcionamiento más racional para resultar más eficaz y justa.

El nuevo enfoque requiere que sus implicaciones vayan más allá del sistema anterior, y de lo que supone la farmacología y el sofá de casa; requiere que los servicios de atención a la Salud Mental traigan también implicaciones en lo referente a un cambio de perspectiva. Es decir, el sinsentido de la existencia del Hospital Psiquiátrico debe ser suplido por el desarrollo de una red tanto de servicios sanitarios como sociales que, por otra parte, deben de estar garantizados por estar recogidos y reconocidos, mediante la legislación específica o mixta, de manera que asegure la inclusión social del colectivo, insisto, incluyendo las partidas económicas correspondientes de acuerdo con las necesidades reales actuales. De no ser así puede llegar el día en que alguien, experto en la materia, y usuarios, podamos decir lo que dijo Shortes al referirse al tratamiento en los Manicomios: “es la historia de las buenas intenciones que acaba mal” …

Y es que, tras Reforma Psiquiátrica en España como en otros países que la llevaron a cabo con anterioridad, la valoración en cuanto a la prestación de asistencia a los enfermos mentales que han venido realizando distintas instituciones (10) y han reflejado en los correspondientes Informes, manifiestan que las personas que eran tratadas de una enfermedad mental en la institución manicomial de los años 80, “han ido engrosando las estadísticas penitenciarias convirtiéndose las cárceles en nuevos almacenes de enfermos mentales”, con la diferencia de que en éstas “ni se les trata, ni se les ofrece alternativa, ni se les ayuda a reintegrarse en la sociedad”. Los enfermos mentales sufren la pena y encarcelación “como única forma de asegurar la seguridad colectiva”. (11)

Diría más: “La diáspora de los enfermos mentales hacia las prisiones representa un hecho social lleno de significación y contenido indiciario sobre la articulación de la ética, el derecho y la justicia social. Desde el punto de vista de los valores jurídicos en juego, su nutrida presencia en las prisiones revienta los más elementales principios fundamentales de nuestro modelo de Estado social del bienestar; atenta a la dignidad humana, a los valores de la libertad y de la propia vida, de un grupo de personas especialmente, repito, vulnerables dentro del colectivo humano”(12).

El Informe de Prevalencia de trastornos mentales en centros penitenciarios españoles13 tras los estudios realizados desde 1990 acerca de la población penitenciaria en el mundo, refleja que la probabilidad de padecer trastornos psicóticos o de depresión grave, respecto a la población en general es de 4 a 6 veces mayor, y 10 veces la de ser diagnosticados de personalidad antisocial. Los riesgos que ésta realidad podría aportar vienen siendo advertidos desde sectores de la Psiquiatría y de la Justicia, y también desde la Dirección General de Asuntos Penitenciarios.

– Está claro señora Caparros que nos encontramos ante un problema que tiene varias e importantes aristas y una de ellas es la política ¿Es así?

Hay quien afirma que al sector político no le resulta “rentable” en votos poner en el justo nivel de prioridad la atención a la Salud Mental. Sin embargo es de suponer que, la prevención y el tratamiento multidisciplinar, ahorraría en bajas laborales, pensiones prematuras, dispositivos de los expuestos, al tiempo que se verían aumentadas las ofertas de empleo especializado en la atención a la Salud Mental.

Respecto a los centros especializados privados, está más que claro que son, absolutamente, necesarios, como ocurre con los colegios privados concertados. Digo más: son imprescindibles; siempre hay un porcentaje de pacientes que, por distintas circunstancias, necesitan de ese recurso, en algún momento de sus vidas, o como residencia definitiva. Prueba de ello es que existe conciertos del SAS con alguno, concretamente en Málaga, y no puedo callar que con muy pocas plazas y, además, para atender a la población afectada de toda nuestra Comunidad Autónoma.

Como siempre, usted sabe, los ricos no tienen estos problemas; el dolor por la presencia de la enfermedad mental, sí, claro, pero “muy aliviado”.

– ¿En cuántas asociaciones ha estado y a cuál recomienda más usted?

Cuando empezaron, con más virulencia, el miedo y el remordimiento de no haber sabido hacer por mi hija lo que ella, verdaderamente, necesitaba. El especialista en logopedia que la llevaba de niña, en Sevilla, nos recomendó que no la llevásemos al Colegio de Sordos, porque ella podía hablar, que Isabel es “dura de oído” y, si aprendía la lengua de signos, dejaría de interesarse por el lenguaje oral y ello la excluiría socialmente. Fue un error …

Después de unos pocos años nadando contra corriente toda la familia, pero, lógicamente, mi marido y yo en particular, como los responsables de ella, buscando mantenernos con fuerzas suficientes para librar la empresa que el destino nos había asignado, y que estuviésemos ante algo pasajero, con más o menos duración, lo primero que pensé es eso, que se nos había pasado algo por alto en la formación de nuestra hija, desde su nacimiento.

Así que, localizamos la Asociación de Padres y Amigos del Sordo (ASPANSOR), convencida de que contactar con aquellas familias y sus experiencias respecto a sus hijos, nos serviría a nuestra hija y a todos, sobre todo a comprenderla. Tuvimos un trato excelente; Isabel llegó a realizar tareas de auxiliar administrativo con mucha eficacia –es muy perfeccionista- y así era reconocido por la Trabajadora Social, que era “su jefa” pero, por falta de subvención posterior la dejó olvidada el Sistema Social Andaluz.

Seguía siendo necesaria su colaboración en aquella tarea, y la realizó durante más de un año sin contrato, y sin cobrar, pues ésa ocupación resultaba una terapia rehabilitadora para ella, pero la falta de subvención y, lo deprimente de trabajar sin compensación económica, hizo que Isabel desistiera, como hubiese ocurrido a cualquier persona. Por nuestra parte, acudíamos a reuniones en distintos puntos de Andalucía, como representantes de ASPANSOR, en la Federación Autonómica, a través de la cual se obtenían subvenciones para nuevos proyectos.

Mas, pasado pocos años, vimos que no era la única puerta que necesitaba; la seguía viendo el mismo Psiquiatra y no sabíamos, con más de 8 años vividos así, ni el diagnóstico exacto ni que aquel centro donde nos indicaba el médico de familia, para obtener las recetas de la medicación, se denominaban Centro de Salud Mental de Distrito. Parece increíble, y no era por el no querer saber por nuestra parte. Desde los dos años de padecer la enfermedad mental de la esquizofrenia, yo sabía que la patología de mi hija era grave y que era persistente en el tiempo, no sabía si para siempre.

Ya, sin hacer actividad alguna, sólo con la medicación, la esquizofrenia imponía, con más fuerza, su “libertad” de imponer su “voluntad” a todos en casa. Necesitaba mucho más, y que, nosotros, la familia, no podíamos darle. Todos los miembros necesitábamos ayuda médica-psicológica, y mucha información. Pero, con todo lo que a ella, a cuidarla, nos dedicábamos cada miembro familiar, no conseguíamos que evolucionara, sino que se viera ralentizado el camino de la evolución formativa y personal del resto de hermanos. La familia, no podíamos darle más, y lo necesitaba, por ella, y por nosotros.

Ante aquella espiral de empeoramiento, visita al Psiquiatra, cambio de tratamiento, de nuevo en casa, mejoría, y … vuelta a empezar; ante el tormento y tanta barrera inescrutable, me vi, de nuevo, con la guía de teléfonos en la mano y localizamos a AFENES –Asociación de Familiares de Enfermos de Esquizofrenia-; vuelvo a decir que el recibimiento fue de cariño, comprensión …, de paciencia y “conformidad cristiana”.

Las necesidades eran mayores tanto por las características de la discapacidad como por la ya referida falta de recursos intermedios, y no quiero dejar sin referir en ellos, la carencia de plazas de “respiro familiar”, respiro que, por otra parte, está dirigido también a la persona que la padece, pues supondría para ella una “puesta al día” de su reeducación para vivir en la familia, en la comunidad de vecinos, con los amigos –si todavía no han desaparecido-, y por otra, la más que necesarias, por ser también terapéuticas, vacaciones del cuidador informal que, en muchos casos, demasiados, por éstas carencias, se encuentran siendo tratados por el Psiquiatra correspondiente para poder desempeñar la labor que, la Administración Pública, en éste caso la de Andalucía, ha volcado de lleno en las espaldas, de cada miembro de la unidad familiar, o pequeño psiquiátrico.

Observamos, cómo, algunos padres, cuyos trabajos ofrecían a la Asociación, viendo posibilidades de traslado a otra ciudad, miraron, y marcharon allí donde el futuro de su hijo, con discapacidad psíquica, contaba con mejores expectativas de tratamiento, incluido la recuperación e inserción socio laboral. Otros, la mayoría, nos ofrecíamos a trabajar por apoyarles y lograr mejorar las cosas. Un matrimonio, amigo común, vino un día invitado a casa acompañado del actual Presidente y fue una gran suerte su incorporación, pues se le debe todo lo avanzado desde entonces.

Hoy AFENES y AFESOL, son un gran referente de trabajo. Tanto quienes la crearon como los sucesivos Presidentes, y el actual, han avanzado en logros que son buenos para el colectivo, pero ni eran ni son suficientes para que el índice de cobertura real sea el que corresponde a los que aconseja y dispone la OMS y NNUU, entre las normas internacionales que, ratificadas por España, forman parte de nuestro Ordenamiento Jurídico.

Un ejemplo de ello es que una tarde acudieron a AFENES, varias personas que venían de la costa Oeste, que no contaban con asociación alguna, para las que la soledad y necesidades eran más cruentas, con la esperanza de obtener mayor conocimiento para adherirse como delegación, o bien crear una nueva asociación.

La persona que habló por todos ellos, me llamó la atención, pues se expresaba con dominio del lenguaje político, exponía, perfectamente, la situación que cada uno traía, con total realismo y claridad y, por supuesto la de su propio hermano enfermo y su familia. Vi que AFENES sólo necesitaba tiempo para realizar todo lo que quería proyectar, y lo que había experimentado, y conocía, pero con aquellas personas hacían falta más brazos –comenzar es muy duro- y tuve claro desde el primero momento que iban a ser capaces de hacer mucho, mucho.

Así, apoyamos la creación de la Asociación de Familias y Afectados de Esquizofrenia de la Costa del Sol (AFESOL), cuya sede social están en Benalmádena, contando, hoy con centros de empleo y de formación para afectados, así como Centros Sociales en Marbella, Mijas, etc. Ambas, AFENES y AFESOL realizan grandes actividades, formativas, deportivas, culturales en la búsqueda de la tan necesaria atención multidisciplinar que el tratamiento comprende, aunque las Instituciones Públicas responsables siguen primando el farmacológico y, si la persona afectada quiere.

Las Asociaciones de Familiares y de Usuarios de Salud Mental han sido siempre grandes protagonistas en la reivindicación y en el trabajo constante. Ofrecen servicios de intermediarias, entre instituciones y personas afectadas, y sus familias; Ayuda Mutua; y propician la realización de programas de socialización e integración que, aunque pueden resultar insuficientes en su contenido, duración y extensión, merecen, sin duda alguna, la total consideración y valoración, pues, no nos olvidemos, que el esfuerzo que han requerido por quienes tienen, además, que cuidar de su familiar enfermo, ha sido, y es, arduo.

Fueron familias, a través de las asociaciones que fueron creándose una vez cerrados los psiquiátricos, las que presionaron para que surgiera un organismo, de carácter administrativo, que sirviera de instrumento para que la atención a la salud mental se incardinara, de forma paulatina, en el menor tiempo posible, dentro del Sistema General de Salud. Prueba de ello fue la creación del Instituto Andaluz de Salud Mental (IASAM, Ley 9/84, de 3 de julio; 1984-1991); FAISEM, surgido 2 años después a instancias del Parlamento Andaluz (1993), y que nos sigue acompañando en la tarea, tan difícil como hermosa, de atender a las personas con discapacidad psíquica, en el aspecto residencial, ocupacional, de inserción laboral, etc.

Pero no podemos, tampoco, dejarlas -por decirlo de alguna manera- solas. La atención a la Salud Mental concierne a todos los Sectores que conforman nuestra Sociedad. Y es una realidad. El médico, el enfermero, el trabajador social, los jueces, abogados, el legislador; los sindicatos, empresarios, entidades financieras, y, por supuesto ¡los políticos! Ya que éstos ejercen el Poder Ejecutivo; proponen y dictan leyes que elabora el Poder Legislativo que, más tarde, son el instrumento del Poder Judicial a la hora de impartir la Justicia.

Así que, TODOS, cuando podemos observar en nuestro quehacer diario, la injusticia de que son víctimas los usuarios de Salud Mental, en especial los casos más graves, como las psicosis, la depresión mayor que lleva al suicidio –tan de actualidad, desgraciadamente-, somos “AGENTES REIVINDICADORES”. Eso sí, lo primero que debemos de reivindicar, exigir, a los responsables e instituciones públicas, la información veraz y suficiente. Estamos ante un panorama social real que está clamando por ello.

Y debemos hacerlo con más contundencia; no sólo escribiendo sobre, publicando sobre, investigando sobre, estudiando sobre … Si, al mismo tiempo, no se reivindica -por nuestra propia dignidad, como ciudadanos libres en una sociedad democrática-, estaremos viviendo de todo eso: del enfermo mental, su dolor y el de sus familias! no para reivindicar su bienestar, un servicio y trato adecuado a cada caso, y justo.

Mientras existan, ignorados por todos, recluidos en sus hogares, en las calles, sin tratamiento, sin capacidad para acceder, por ellos mismos, o con la ayuda del asistente correspondiente, a los servicios de atención; mientras haya uno, siquiera, en una cárcel ordinaria, o en un “hospital psiquiátrico penitenciario” … ¡tendremos mucho por lo que avergonzarnos, y por lo que reivindicar!

– ¿Qué le gustaría preguntar a este respecto a los partidos políticos?

Uy, muchas cosas!! No podemos seguir teniendo la sensación, y comprobación, en tantos casos, tantas veces, de que nos tienen anclados en el olvido. Incluso de que algo pasa en el cerebro humano cuando ostenta poder político, como si le desubica de la realidad social que ha prometido mejorar. Perder la conexión con “la calle”, con las realidades que sufren, el individuo y los colectivos que se asocian para defender y reivindicar sus necesidades y derechos, ya puede estar denotando “algún síntoma” –es broma-.

Que no se puede ignorar que en la Sociedad, casa familiar de todos, hay tareas ineludibles que deben tenerse presentes; en la Economia: necesitamos comer, vestirnos, vivir en una casa, poder llevar a nuestros hijos al colegio que queramos, políticas de empleo que incluyan a éste colectivo, con sus particulares necesidades de apoyo, como propugna la Convención de Nueva York de 2006; en la Educación, una educación inclusiva para todos, fácil acceso a los recursos de asistencia en todos los aspectos. También en materia de Justicia, hay mucho que hablar y, entre los distintos sectores con especialidad, promover y proponer proyectos, protocolos, nuevos recursos que alejen, al máximo, a los enfermos mentales de sufrir procesos penales cuando los efectos de su enfermedad a ellos los aboca.

Usted sabe que existen Hospitales Psiquiátricos privados, en los cuales se les ofrece el tratamiento multidisciplinar, incluido el humano y de cariño. Los resultados son magníficos, y lo vienen hablando los profesionales de la Neuropsiquiatría, con unos resultados extraordinarios. Muchos de los pacientes jóvenes, mejoran considerablemente, por la “puesta a punto” tan eficaz que supone su paso por el centro, pero, luego vuelven a sus hogares, al cuidado de sus padres mayores –generalmente es lo que sucede-, algo que, -conscientes de que no es la situación normal que necesita cualquier individuo para su evolución personal- les angustia, pues ni es el camino que necesitan, merecen y quieren, como no quieren sentirse “carga” de unos padres mayores que, posiblemente, necesiten vivir con una humilde tranquilidad, viendo despejado el futuro de su ser querido afectado, los últimos años de sus vidas, lejos, por otro lado, de cargar en sus mochilas, hasta entonces, con la parte de responsabilidad que corresponde a los estamentos públicos responsables, como si no fuese suficiente la carga emocional, de dolor y de impotencia que llevan.

En el tema que nos ocupa, el cambio del sistema asilar al sistema de cuidado y atención en la Comunidad, se tenían las respuestas para el logro de la dignidad personal de las personas con discapacidad psíquica en la RP, pero la no idoneidad del abordaje, como digo, propicio que surgieran nuevas preguntas que expertos resumen en que el político considera “no rentable” invertir en salud mental; para el político cuenta el rédito en votos. Así que, como Mario Benedetti dijo: “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron las preguntas”.

Sin embargo, la OMS y el Banco Mundial difieren de ello; al respecto organizaron, conjuntamente, -13 y 14 de abril de 2016, en Washington-, un panel de alto nivel con el título: “Salir de la penumbra: Hacer que la salud mental sea una prioridad de desarrollo a nivel mundial”, con el objetivo de lograr “que la salud mental ocupe un lugar prominente en el programa mundial de desarrollo y promover una mayor inversión en servicios de salud mental”. Las Instituciones, inclusive éstas, las pagamos entre todos, y hay que hacerles más caso. Un caso serio. Y cada uno poner su granito de arena en su entorno, en su parcela: El Estado, Comunidad Autónoma, Ayuntamientos, Diputaciones…

El interés que muestra tal acontecimiento, se debe a los retos y desafíos que en la materia van apareciendo, como son la emigración masiva, que he referido, y los conflictos que se producen, así como la realidad social de grandes índices de desempleo y sus consecuencias en el entorno del individuo que lo padece. Todo ello requiere, la puesta al día de la inversión en Salud Mental. No como gasto, sino como inversión; pero yendo más lejos debido a ésos retos.

Es un hecho que el número de personas que sufren ansiedad y depresión va en aumento. Si, como ésos dos organismos internacionales afirman, en 1990 el número de personas afectadas estaba en 416 millones a nivel mundial y en 2013 en 615 millones, algo debe de decirnos.

Así que, decirles, pues, lo que saben, pero, hasta ahora, han venido dejando en el limbo del entrelineas de las partidas presupuestarias, punto esencial cuando se trata de hacer realidad el compromiso y responsabilidad que tienen respecto a la Salud Mental -la Cenicienta-, en todo lo que concierne a su prevención, abordaje asistencial, desde el primer momento en que los síntomas positivos clarifican el diagnostico al médico especialista en Psiquiatría, y que, si aquél fuese el adecuado se ahorraría mucho en tratamientos farmacológicos específicos que pueden dar lugar, por otro lado, a la aparición de otras patologías; bajas laborales, pensiones de Invalidez o de Dependencia, pero, sobre todo, se estaría protegiendo con la tutela judicial efectiva a un colectivo de discapacidad que es, especialmente vulnerable y que, conforme se suceden las situaciones de descompensación o de crisis, con sucesivos ingresos en las Unidades de Agudos –o nuevos psiquiátricos diseminados por las Áreas de Salud Mental del Sistema de Salud-, caminan hacia el deterioro, de la salud física también; es obvio, a estas alturas, que con sólo el tratamiento farmacológico se corre ése riesgo.

La situación de Cenicienta constriñe la libertad individual de la persona con discapacidad psíquica y la de cada miembro de la familia en cuyo seno está siendo cuidada. Ello indica, sobre todo, la incapacidad política en la respuesta que merecen, de quienes, hasta hoy, han venido teniendo, o tienen, en sus manos la responsabilidad, de dignificar la vida de todos ellos.

Las familias sufren y callan; las personas afectadas sufren su autoestigma y el estigma social; en el mejor de los casos, como mucho, se animan a acudir a las Asociaciones a las que se han unido sus familias, donde se les recibe como prolongación de su hogar y de sus familias; donde se hacen esfuerzos ingentes para poder ofrecerles cursos de formación, algún taller ocupacional, que pueden valerles, además de para recuperarse y rehabilitarse, también para poder optar a un puesto de trabajo protegido que la complete y les pueda poner en la senda de su verdadera inserción en la Comunidad a la que pertenecen, opción que está muy lejos de resultar asequible, principalmente, por la falta de sensibilización en todos los campos en los que nos desenvolvemos.

La situación merece y necesita de una actuación por parte de Salud Mental; existen tratamientos que, con carácter multidisciplinar, están demostrando resultados muy positivos en las personas con discapacidad psíquica, con una patología mental grave; concretamente en León, y del que saben los profesionales que, con auténtica vocación de ofrecerles lo mejor del momento, en lo profesional y hasta el total de sus fuerzas, necesitan de la sensibilidad política hacia éste tema, para poder materializar el poder ofrecer nuevos métodos y posibilidades de recuperación y rehabilitación. En suma, el tratamiento adecuado que necesitan y merecen, correspondiente a la respuesta a la Salud Mental que espera el siglo XXI.

Presenciamos casos, incluso a través de los medios de comunicación, de bullyng, de acoso y maltrato en los colegios, institutos; los horrores cuando se producen por razones sexistas, llegando hasta el asesinato de mujeres y sus hijos, seres inocentes, cuyo interés de protección está por encima de cualquier otro. Conocemos cómo están aumentando los casos de suicidio. La propia Fundación de

Ayuda a Niños y a Adolescentes en riesgo –ANUR-, nos llama la atención por la experiencia que viven y la realidad que constata:

Un tema candente, como ya he dicho, es el suicidio. En 2016, se dieron 3.569 casos entre suicidios y lesiones autoinfligidas, que llega a suponer 1’9 suicidios por 1 accidente de tráfico; 12’7 suicidios por 1 homicidio; en nuestro país hace 11 años que es la primera causa de muerte, y, en el mundo, cada 40 segundos se suicida una persona15; pasó por las cabezas de 627 adolescentes la idea de quitarse la vida16; llamaron a los teléfonos –permítame-: 900202010 de ANAR17, para ayuda a niños y adolescentes, y al 600505152 para ayuda al adulto y familia; que querían salir, huir, de semejantes pensamientos.

Recibieron 2.971 llamadas en relación con autolesiones, cuando en el año anterior habían sido de 1.838 -un aumento del 61 %-. Las llamadas de socorro fueron 1.158, y el año anterior 704; 441 de esas voces eran de mujeres; 186 de hombres y, asómbrese, 43 casos entre menores de 10 años, y, de autolesiones 531 casos.

Son datos que nos facilita el Director de Programas de ANAR, don Benjamín Ballesteros al considerar, con total razón, que la magnitud del problema merece que la Fundación los haga públicos, pues sigue creciendo el número de casos, y manifiesta que muchos de los casos tienen lugar por el fácil acceso que tienen los menores a las redes, lo que contribuye al “efecto llamada”, contenidos en los que se explican procedimientos para lesionarse y suicidarse que, a su vez, justifican las causas de llevar a cabo tales actuaciones.

Más aún, la Directora del teléfono de ANAR, Diana Díaz, alerta del auge del juego de la “ballena azul”, si bien las víctimas menores que caen en éste juego, suelen vivir situaciones problemáticas no identificadas. Díaz hace hincapié en la importancia de que, sin culpabilizar a los padres, se esté atento del comportamiento de los niños, así como en la prevención. Manifiesta que suelen apreciarse cambios en el menor, cambios repentinos de conducta y de carácter y comentarios negativos acerca de su vida, su futuro …

Los profesionales de ANAR señalan, respecto de las autolesiones, que suelen haber, previamente, situaciones dramáticas, de acoso escolar o de maltrato familiar, que se han visto cronificadas llegando a agudizar la situación del menor. Por otra parte, también la Organización Mundial de la Salud se ha manifestado en el sentido de afirmar que, el suicidio entre adolescentes, es la segunda causa de mortalidad. Bueno, la OMS, dice mucho acerca de la Salud Mental, pero, no soy consciente de que ya me he extendido demasiado. Es un tema que necesita de la prodigalidad, como digo, de los poderes e instituciones públicas correspondientes, asociaciones de profesionales, de usted y de mi que, felizmente, hoy, nos hemos encontrado en tal punto, con un poco de nervios por mi parte, pero con alegría en el alma.

Fíjese, en mi experiencia como madre de una afectada he tenido oportunidad de ver, repetidamente, cómo, muchos de los casos, aparecían con una depresión; la patología que podemos padecer, con más o menos intensidad la mayoría, alguna vez, y que un prestigioso Psiquiatra calificara como “la enfermedad del alma”, entre cuyos síntomas está la tristeza –algo tan natural en determinadas circunstancias, como la alegría en otras-. Pero que, su prolongación en el tiempo, durante el cual van apareciendo otros síntomas, puede llegar a dificultar a la persona el poder desarrollar su actividad cotidiana, su capacidad de pensar, su desarrollo académico y social, etc., y, finalmente, han terminado complicándose con otra patología mental.

Por todo ello, la atención a la Salud Mental, es mucho más que atender a los casos más graves que están siendo atendidos en el hogar familiar, en los dispositivos intermedios a los que llegan, como digo, demasiado tarde, para lo que significa su recuperación y rehabilitación, por la falta de plazas, pero existen, y aquellos en los que su deriva circunstancial los lleva a verse en la calle, sin tratamiento alguno, en un contexto que facilita que caigan en la comisión de algún delito y el consiguiente ingreso de terminar entrando en prisión.

Es necesario que la Salud Mental entre a formar parte de la agenda política desde una puerta sin giro, sino abierta de par en par, con muchas salidas, cada una adecuada a las necesidades de la persona con discapacidad psíquica de que se trate, pero llevándoles, todas y cada una, a su incorporación a su comunidad, alejado el estigma de que supongan una amenaza de peligro para ella, pero también, una comunidad educada para saberlos tratar.

Las autoridades, políticas y gubernamentales, deben trabajar porque las situaciones que hoy sufre el individuo en nuestra sociedad referentes al desempleo, de prolongarse la edad de acceso al mismo y no tener las posibilidades económicas necesarias para independizarse de los padres y poder formar su propia familia, dejen de suponer barreras para las “personas con capacidad”, lo que supondría la prevención de frustraciones, situaciones de estrés, depresiones, circunstancias, en suma, que podrían llegar a tener consecuencias dramáticas e irreversibles para quienes las sufren.

Por ello es necesario que ambos, Comunidad y cada individuo, estén bien informados de qué es lo que pasa al respecto; porqué no se “despiertan” sensibilidades de solidaridad y apoyo a ésta causa; feministas, mayores, mujeres maltratadas, y/o asesinadas, e incluso desde el colectivo gay, puesto que son parte indiscutible de la Comunidad; y por supuesto las familias que tienen hijos, y ven qué ocurre en algunos colegios e institutos; en todos esos sectores, por principios de solidaridad, igualdad y justicia social, tiene que ver la Salud Mental!

Sin una legislación adecuada a la peculiaridad de algunas patologías mentales –como sucede en otros casos que producen alarma en la sociedad y cuyas víctimas necesitan de especial protección-, al individuo que la padece, se le está negando la seguridad jurídica y la tutela judicial efectiva que, en determinadas circunstancias, debido a la sintomatología de su enfermedad necesitan, y merecen, contar con los apoyos, específicos al caso en concreto, que le permitan contar con la capacidad natural suficiente para opinar y decidir con verdadera libertad, como cualquier paciente afectado de otra enfermedad, acerca de la misma y de su tratamiento,

Por poner un ejemplo, y para simplificar, me remito a la opinión de Campos Páez, “la regulación penal de las personas con enfermedad mental es la historia de la ignominia humana” pues, si existía, era en su perjuicio, o no existía regulación alguna. Parece como si aquellas sociedades tuviesen necesidad de defenderse de los enfermos mentales y de perseguirlos. De tal manera que puede afirmarse que, durante mucho tiempo, las personas con padecimiento de una enfermedad mental nunca han gozado de los mismos derechos ni de las garantías legales que aquellas que no la padecen.18 En cierta medida, así siguen, con vergüenza para todos.

No en vano, incluso, desde instituciones jurídicas y profesionales del Derecho se viene insistiendo en la necesidad de que el colectivo de personas con discapacidad psíquica cuente con su propio Estatuto, Estatuto de la persona con discapacidad psíquica.19

Es hora, ahora, que nuestro nuevo Gobierno de la Junta de Andalucía “coja éste toro por los cuernos” y lo dignifique; bueno, tengo fundadas esperanzas de que algo haga, que sea significativo.

– ¿Cómo ha compaginado su vida de cuidadora, con los cinco hijos que tiene? ¿De dónde saca la fuerza?

Bueno quizá, dentro de lo posible y dadas las circunstancias, procurando mantener el máximo de racionalidad hasta para cuidar mi propia salud mental y afrontar en mejores condiciones las situaciones que iban sucediéndose. Fueron muchos años -demasiados-, compaginando vida laboral, cuidado de Isabel, y de sus hermanos, eso sí con la ayuda y el apoyo –valiosísimos e imprescindibles- de mi marido, junto al cual he compartido desvelos, dolor, esperanzas, lágrimas …, ésas circunstancias, los otros cuatro hijos, su desarrollo, sus estudios, sus proyectos e ilusiones, su felicidad, te hacen crecer en ingenio e intentar que no sufran ellos, también, más de lo imprescindible o inevitable.

Sin duda, mis fuerzas, salen de mi amor a mi familia, de mi alegría por la vida y, por supuesto por mi fe católica, con el ejemplo de Cristo con su Cruz a cuestas y Su Madre sufriendo, viéndolo caerse, incluso, siendo Dios, y camino de lo que iba. Son motivos grandes para tener fuerzas, sobre todo, en ciertos momentos. ¡Y esperanzas!

Inevitablemente para mí, cuando me encuentro con otra madre, otra hermana, un primo, etc., que está pasando por lo mismo, o parecido, no puedo evitar volcarme en consolarle, animarle, ponerme a su disposición para lo que pueda servirles de ayuda.

Al final, ésta experiencia, te hace entender las palabras de Dante: “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

 

NOTAS

1 Sánchez Bursón, José Mª. “Los pacientes mentales en prisión”. Rev. Esp. Neuropsiq., 2001, vol XXI, nº 78. Pág.: 140-141.

2 José García González; Antonio Espino Granado y Ladislao Lara Palma. “LA PSIQUIAGTRÍA EN LA ESPAÑA DE FIN DE SIGLO. Un estudio sobre la reforma psiquiátrica y las nuevas formas de atención en salud mental.”. Madrid, 1978. http://www.diazdesantos.es

3 VALENCIA ACTUA. Periódico Cultural valenciano. “Manicomio de Valencia. El cierre del Manicomio”.

4 José García González; Antonio Espino Granado y Ladislao Lara Palma. “LA PSIQUIAGTRÍA EN LA ESPAÑA DE FIN DE SIGLO. Un estudio sobre la reforma psiquiátrica y las nuevas formas de atención en salud mental.”. Madrid, 1978. http://www.diazdesantos.es

5 Martínez Pérez, Fernando. “Enfermo mental y proceso penal. Especial referencia a las medidas cautelares.” Madrid, 2006. Pág.: 119.

6 Fuertes Iglesias, Carlos y Fuertes Rocañín, José Carlos. “DERECHO Y SALUD MENTAL. (La psiquiatría ante el ordenamiento jurídico”.” Madrid, 2012. Pág.: 127-128.

7 OMS y Banco Mundial; “Salir de la penumbra: Hacer que la salud mental sea una prioridad de desarrollo a nivel mundial”. Washington DC, EE.UU; 13 y 14-4-2016.

8 OMS. 70ª Asamblea Mundial de la Salud. A70/2, 8 de mayo de 2017.

9 Germán Urdiola, Mª Jesús. “Tratamientos Involuntarios y Enfermedad Mental”. Navarra, 2012. Pág.: 32.

10 Sánchez Bursón, José Mª. “Los pacientes mentales en prisión”. Rev. Esp. Neuropsiq., 2001, vol XXI, nº 78. Pág.: 141 y ss.

– Teh Schizophrenia Association of Great Britain, 1994;

– Defensor del Pueblo de Andalucía, 1998; respecto a” la situación de los enfermos mentales y la atención dispensada por la administración socio-sanitaria”. (Presentación). Publicado en BOPA nº 193, de 3-3-1998, V Legislatura. Debate en Diario de Sesiones de la Comisión de Asuntos Sociales nº 1220 serie A, sesión celebrada el 9-12-1998, V Legislatura..

– Mª Isabel Moral. Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. “ENFERMOS MENTALES EN LAS PRISIONES ORDINARIAS: un fracaso de la sociedad del bienestar.” Sevilla, 2007. – Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. http://tokata.info/abandono-de-los-enfermos-mentales-en-prision/#more-12560. Año 2013.

– Fundación de la Abogacía Española. “LOS ENFERMOS MENTALES EN EL SISTEMA PENITENCIARIO. Un análisis jurídico.” Madrid, 2011.

– INFORME PREVALENCIA DE RASTORNOS MENTALES EN CENTROS PENITENCIARIOS ESPAÑOLES (ESTUDIO PRECA) GRUPO PRECA. BARCELONA JUNIO 2011.

– Gallizo Llamas, Mercedes, Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, en su comparecencia en el Diario de Sesiones del Senado, 23-5-2011. Y en su obra: “Penas y personas”. Barcelona, 2013. Pág.: 213 y ss.

– Entre otras.

11 Mª Isabel Mora. Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. “ENFERMOS MENTALES EN LAS PRISIONES ORDINARIAS: un fracaso de la sociedad del bienestar.” Sevilla, 2007. Pág.: 4.

12 Sánchez Bursón, José Mª. “Los pacientes mentales en prisión”. Rev. Esp. Neuropsiq., 2001, vol XXI, nº 78. Pág.: 140-141.

13 INFORME PREVALENCIA DE RASTORNOS MENTALES EN CENTROS PENITENCIARIOS ESPAÑOLES (ESTUDIO PRECA) GRUPO PRECA. BARCELONA JUNIO 2011. En el año 2006 fue constituido el Grupo PRECA. Su objetivo es el de disponer de los datos epidemiológicos relacionados con la salud mental de internos en los centros penitenciarios españoles.

14Informe de la Jornada celebrada por la Fundación de la Abogacía Española bajo el título: “La enfermedad mental y la discapacidad intelectual ante el delito”, julio-2012, elaborado por dicha Fundación. Pág.: 6. -Fundación Abogacía Española. “LOS ENFERMOS MENTALES EN EL SISTEMA PENITENCIARIO. UN ANÁLISIS JURÍDICO. Resume el contenido de la Jornada “La enfermedad mental y la discapacidad intelectual ante el delito”.

“LA SITUACIOÓN DE LOS ENFERMOS MENTALES INTERNADOS EN CENTROS PENITENCIARIOS ANDALUCES”. Informe elaborado por la Institución del Defensor del Pueblo Andaluz a través de la investigación realizada y la información obtenida en el trámite de las numerosas quejas recibidas. Fue publicado en el Boletín Oficial del Parlamento Andaluz nº 220, serie A, sesión celebrada el 9-12-1998, V Legislatura. Mª Isabel Mora. Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. “ENFERMOS MENTALES EN LAS PRISIONES ORDINARIAS: un fracaso de la sociedad del bienestar.” Sevilla, 2007.

15 Rafael J. Álvarez. Diario El Mundo, 9 de julio de 2018.

16 D. Benjamín Ballesteros, Director de Programas de ANAR –Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo-

17 Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo.

18 Campos Páez, Fabián. “MANUAL DE GESTION CLÍNICA Y SANITARIA EN SALUD MENTAL”. Vol. III. Madrid, 2013. Pág.: 649. 19 Fundación Abogacía Española. “LOS ENFERMOS MENTALES EN EL SISTEMA PENITENCIARIO”. información@fundacionabogacia.org

Paco Linares

Paco Linares

Aprendiz de periodista desde hace más de 40 años. Plumilla en letras, voz en un micrófono. Soy grande porque soy consciente de mi solemne y diminuta existencia, un agradecido por la vida y por sentirme querido, por unos pocos. Trabajé en Radio Juventud, Radio Cadena Española, en Radio Torcal y Radio Málaga (de la Cadena Rato, hoy día Onda Cero). Fui fundador de Onda 8. He escrito en el Noticiero Universal de Cataluña, creé la Revista Ocio y Negocio y colaboré en la desaparecida G2000 “SIN PRISAS”, ahora soy invitado desde la creación de esRadio, en el programa de Luís del Pino SIN COMPLEJOS…y más cosillas.

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