
«No puedo creer que el presidente del Gobierno de mi país haya podido articular esas palabras en el año 2020, tres palabras de la más rancia estética castrista»
Han transcurrido unas horas desde que Pedro Sánchez dijera las palabras que puede leer arriba. Ha pasado ese tiempo y aún no salgo de mi estupor; todavía estoy alucinando. No puedo creer que el presidente del Gobierno de mi país haya podido articular esas palabras en el año 2020, tres palabras de la más rancia estética castrista, luego adoptadas por los cromañones bolivarianos con el resultado que horroriza a cualquier persona decente por el sufrimiento que está causando a millones de venezolanos.
A esta consigna de nuevo cuño en el discurso demencial -Sánchez le ha cogido el gusto al «compatriotas»-, de unos gobernantes que están jugando a bordear los límites constitucionales -aunque no lo parezca-, sólo le falta un clásico, que vista la deriva que lleva la inexistente gestión gubernamental de la pandemia, las sospechas de corrupción en la intermediación para la adquisición de cierto material sanitario defectuoso o cómo se está tratando a las pequeñas y medianas empresas generadoras de casi todo el empleo en nuestra nación, decía, que sólo nos queda oír en cualquiera de los terribles ‘Aló Presidente’, este terrible lema: «Patria o Muerte. ¡Venceremos!». Si tal cosa llegara a ocurrir, no tengo la menor duda de que habrán traspasado esa línea roja, que ni el más zumbado pudo imaginar.
No trato de hacer apología de mercadillo porque quienes me conocen saben que no es mi estilo, -y aquellos otros que intuyen, se equivocan-, expreso una honda preocupación sobre los efectos devastadores que se nos vienen encima. Ítem más cuando los que deberían pilotar la Administración nacional, quienes tienen el poder para dirigir toda la estructura del Estado son los mismos que están propiciando nuestra ruina. Y estimado, de este hundimiento no escaparán los acólitos para desesperación de los oponentes, este barco no hará distingos, como tampoco los hizo en 2008, situación aquella por la que algunos suspiraríamos por regresar, a pesar de los pesares.
