El Derecho a opinar es sagrado. Por Jorge Rodríguez Rueda

Derecho a opinar
Derecho a opinar: Opinar es algo muy bonito. Y muy español.

“Opinar es algo muy bonito. Y muy español. Pero, ¿me lo parece a mí, o las personas más propensas a opinar son aquellas que menos conocimiento tienen de la materia sobre la que opinan?”

Opinar es algo muy bonito. Y muy español. Pero, ¿me lo parece a mí, o las personas más propensas a opinar son aquellas que menos conocimiento tienen de la materia sobre la que opinan? Qué más da. Opinamos para hacernos presentes. Porque somos individuos, tenemos entidad propia y queremos diferenciarnos de los demás. Porque en el fondo nos importan los demás y lo que piensen de nosotros. (Quizás eso explique la tendencia actual a que nuestras opiniones no resulten demasiado disonantes con respecto a la marea social de cada momento). Porque cuando hablo de opinar, me refiero a expresar públicamente nuestra opinión. Ya sea de manera verbal o del modo más común; por escrito a través de las redes sociales.

Es obvio que todos tenemos una opinión sobre cualquier tema, a veces bien fundamentada y otras veces no. A veces basada en experiencias personales y otras sustentada sobre nuestras emociones, sentimientos o ideas. Pero no siempre expresamos lo que pensamos en realidad, porque somos conscientes de que algunas opiniones despertarían rechazo en los demás, nos señalarían y en algunos casos hasta nos insultarían.

“Y ¿Qué pasa si somos un personaje público, si tenemos una imagen o reputación que proteger?”

Y ¿Qué pasa si somos un personaje público, si tenemos una imagen o reputación que proteger? Entonces lo que importa no es lo que opinamos, lo que pensamos, sino lo que expresamos. Porque a veces tenemos un producto que vender y podemos perjudicarnos a nosotros mismos por culpa de un ataque de honestidad que nos lleve a decir lo que pensamos realmente. Por eso no presto demasiada atención a las opiniones de los demás, ni tampoco me tomo demasiado en serio las mías. En alguna ocasión, algún conocido me ha expresado su opinión en privado sobre algo, (inmigración, sentencias, políticos, etc.) y luego he leído en las redes que defendía todo lo contrario. Opinar está bien. Opinar es sagrado, y nadie tiene derecho a privarnos de ese derecho (valga la redundancia), pero, en serio, no merece la pena tomarse de manera visceral las opiniones de los demás. Por muy provocadoras o estúpidas que algunas puedan parecernos. Aunque, claro, eso no deja de ser más que mi opinión, y ya he dejado claro lo que opino de ellas.

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Jorge R. Rueda

Jorge R. Rueda

Nací al principio de mi vida, pero no me di cuenta de ello hasta que cumplí los treinta. Entonces descubrí que el mundo es un lugar hostil y que a través de la literatura tenía la oportunidad de rediseñarlo a mi manera, aunque no sirviera realmente para nada. De lector me convertí en escritor. Soy autor de cuatro libros; El don de olvidar y otras historias, La conciencia dormida, Diario de un presunto suicida y Gente corriente y ahora me estoy replanteando volver a ser lector, lo que se me da mucho mejor. Me encanta Nueva York, aunque vivo en Murcia por razones prácticas. Antes crecí y viví en Granada. Suscribo la frase de que uno no es de donde nace, sino de donde pace. Me gusta Mahler, el vino tinto, la cerveza y las bandas sonoras. Los cómics de Batman y la gente corriente. Vivo y dejo vivir.

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