
«¿La libertad de expresión, la verdadera libertad de expresión, no debería ser neutral y no hacer distinciones entre un mensaje u otro?»
¿Pitar al himno es libertad de expresión? Y respuestas a esta pregunta, hay muchas, y con un buen número de matices. Aunque primero, creo yo, habría que establecer qué es exactamente la libertad de expresión. No seré yo quien se atreva a dar una definición, sobre todo porque en estos últimos tiempos, reconozco sentirme bastante confuso al respecto. Porque, a ver; si haces determinados chistes en twitter te puede caer una condena. Si sales a la calle con un autobús en cuyo exterior aparezca impreso un mensaje escrito, puede ser que, te acusen de fascista adoctrinador y te obliguen a retirarlo, o bien que te aplaudan en nombre de la libertad y de la consabida libertad de expresión. Eso, claro está, dependerá de cual sea, en cada caso, el mensaje.
Pero, ¿La libertad de expresión, la verdadera libertad de expresión, no debería ser neutral y no hacer distinciones entre un mensaje u otro? Pregunto. Si pitar al himno nacional es libertad de expresión (que no sé si lo es, insisto) debe serlo también pitar a cualquier otro himno. Como debería serlo quemar cualquier otra bandera, o retrato de alguien. Y aunque no sé si se ha dado el caso, tengo mis dudas sobre cuál sería la reacción de algunos, dependiendo del himno o de la bandera que fuese agraviada.
El problema, en mi opinión, es que en este país somos demasiado susceptibles, o tiquismiquis, o quisquillosos. Y en cuanto que se nos sugiere que algo no debe hacerse, ya estamos apelando al fantasma del franquismo. Y llamando represor al gobierno, que, como cualquier otro gobierno de cualquier país del mundo, establece unas normas de convivencia que, en algunos casos, pueda suponer ciertas limitaciones a eso que llamamos libertad de expresión.
Se nos olvida que, al margen de la libertad individual a expresar sin tapujos lo que sientes o lo que piensas, existe una cosa llamada “respeto”. Y eso, el respeto, me parece a mí que está desapareciendo, o como mínimo se está volviendo cada día más ambiguo. Porque muchos de los que lo exigen, luego no lo muestran hacia los demás, y eso sí que no está bien. Por eso, personalmente, considero más importante, mostrar respeto y tratar de no ofender a los demás, que el hecho de hacer valer mi “libertad de expresión” por encima de otras consideraciones.
Lo dijo alguien muy sabio hace mucho tiempo, “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Es algo muy básico, pero que nos evitaría muchísimos problemas y conflictos, si en lugar de pensar tanto en nuestros derechos individuales (como es la libertad de expresión) pensáramos un poco más en los derechos de los demás.

Amigo, España, se dice España, vamos a dejar de llamarnos este país, ¿le parece a vd?
Ya sé que estoy limitando su libertad de expresión, pero me excuso en favor de la precisión y el buen nombre de la nación española.
Salud.
Los escritores tendemos a utilizar diferentes palabras o expresiones para decir una misma cosa. Lo importante es hacerse entender y veo que en este caso lo he logrado pues usted sabía perfectamente a qué país me refería sin nombrarlo.
Ósea, que de acuerdo con lo de “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, los únicos que podrían decir eso de «A los separatistas que les …» serían los «alegres dicho en inglés»
No estoy seguro de si pretende usted ser gracioso o sarcástico, porque de lo contrario su comentario me parece una grosería.
Estimado Jorge Rodriguez Rueda: Entiendo, suscribo y aplaudo todas y cada una de las palabras de tu artículo. Felicitaciones, por cierto.
Lamentablemente, la libertad individual a la expresión jurídicamente no existe, es una falacia y legalmente está tipificada en el Código Penal.
Si yo digo, publico, distribuyo panfletos o mensajes de voz o escritos mediante cualquier medio, red social o cualquier otro soporte algo como “Estoy a favor de la esclavitud de los inmigrantes ilegales y quiero que todo el mundo lo esté”, cometería como mínimo, un delito tipificado en el segundo párrafo del punto 1 del artículo 18 del Código Penal, es decir “incitación directa a cometer un delito.”
¿A qué delito estaría incitando? Pues nada menos que a todo el TÍTULO VII bis, De la trata de seres humanos, Artículo 177 bis, donde dice:
“1. Será castigado con la pena de cinco a ocho años de prisión como reo de trata de seres humanos el que, sea en territorio español, sea desde España, en tránsito o con destino a ella…[…]”, etc.
La cuestión estimado compañero, vivimos unos tiempos de voluntad. O más bien de falta de ella. Los desmanes políticos y jurídicos sólo son posibles porque no hay voluntad ni en los gobernantes ni en los jueces para” cumplir la ley y hacer cumplir la ley”, a menos que sea de una forma “convenientemente” arbitraria que no universal.
Por algún motivo, alguien dentro del poder legislativo, del ejecutivo, del judicial o de todos, ha decidido que pitar el himno español, quemar su bandera o la imagen de nuestro monarca ni es delito ni se le parece.
Y los medios de comunicación seguidistas de estas faltas de voluntades, repiten y repiten que hacerlo está bien. Con lo cual queda perfectamente alienada la opinión pública sobre este particular.
Y al respecto, estimado compañero, nada podemos hacer más que releer de tu libro “Diario de un presunto suicida”, -magnifico, por cierto-, en el último párrafo del miércoles 15 de junio, “De vez en cuando me siento en un sillón y reconozco que produce una sensación extraña y a menudo inquietante, como si tuviera miedo de que me pillaran robando.”, porque hablar de que si ciscarse en los símbolos nacionales es o debería ser o no un delito, produce esa extraña sensación de que el delincuente eres tú, yo y los que nos parece algo, como mínimo, deleznable.