Desde aquí en alta mar: ¡Gracias Madrid! ¡Gracias España! Por Inés Del Boca

Desde aquí en alta mar: ¡Gracias Madrid! ¡Gracias España!
Desde aquí en alta mar: ¡Gracias Madrid! ¡Gracias España!

«La sonrisa de mis ojos de neblina pasaba con creces las orejas. Y la sonrisa de los muchachos también. Estaba en Madrid»

Aquí, en alta mar.

El espacio, a vista la infinitud, es ilusorio. Nos hace comprender el encierro.
Es oficio. Estamos hechos.
Dos, solo dos soles por creciente y estaremos en tierra.
Toco palmo a palmo la penumbra
del desvelo  ya instalado.
Nada puede ante mí
antes que yo.
La amada muerte vive conmigo.
Saberse juntos desmadeja la idiotez.
Sobre el día ya desmadejado.
Es miserable el aspecto del Sol.
La noche, lejos de la tibieza
muestra sin poder exaltar 
dagas de hielo.
Sólo exhibe su impotencia.
En medio del mar observo como todo se ahoga.
Me mece la paz del todo 
que desconozco.
El trapo extenso del agua
confunde la aplanética,
no requiere de figura alguna.
Y la neblina.
No. Todo habla de perfecta visibilidad.
Estoy mayor. Me parece neblina…
No me inquieto. Trabajo en máquinas, no en puente.
Ya la Comandancia me dirá que debo hacer.
Y es que…
«viene uno como dormido cuando vuelve del desierto».
Abarloamos. Y los minutos de respirar después de la última maniobra.
Respirar.
Asearnos, 
vestirnos para el desembarco.
Los barbijos tapan la boca, pero no los ojos.
El personal de tierra y el Ejército y la Policía Nacional nos dan la tan ansiada bienvenida y enhorabuena.
Controlan escrupulosamente medidas de seguridad y documentos, invitándonos a posterioridad a los transportes que nos conducirán a chequeo y cuarentena.
A mí me atienden dos hombres jóvenes y una señorita también joven.
Mientras completan formularios,
yo, que tengo el buen hábito que me quedó de mi querido amigo Pepito Gallego,
de portar caramelos en el bolsillo, les convido.
Acabado este tercio, camino hacia mi destino.
Los chicos, después de unos segundos, me levantan la voz: 
-¡Señora!
Me giro completa en posición de firme.
y entre los tres, me sueltan un piropo…
¡UN PIROPO !
Mencioné que el barbijos te tapa la boca pero no los ojos.
La sonrisa de mis ojos de neblina pasaba con creces las orejas.
Y la sonrisa de los muchachos también.
Ya.
Ya la felicidad y tranquilidad y la certeza .
Estaba en Madrid.
¡Gracias Madrid!
¡Gracias España!
Ines Del Boca

Ines Del Boca

Añoro esos campos de la otra orilla del Atlántico que la gente no sabe que tiene desde el Barrio de las Letras de Madrid, donde, esta humilde y antigua hembra humana recomienda, conciencia plena y análisis permanente para que no nos pase lo de aquel, que un día se desnucó por siempre querer mirarse el propio culo

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